Actuar, cantar, bailar (tal vez no) me hace feliz

Chorus Line III

Chorus Line, en el teatro Maipo, es un homenaje a los miles de jóvenes que
desean un lugar en el mundo de los musicales.

Por: José Francisco Caballero

Aunque menos conocido para el público general que Los Miserables, Cats y El Fantasma de la Ópera, por nombrar algunos clásicos, A Chorus Line ocupa un lugar destacado en la historia de las grandes comedias musicales. Estrenada por primera vez en el año 1975 batió récords de premios, años en cartel y venta de entradas durante décadas. Y ahora llega a la Argentina, por segunda vez en forma “oficial”, esta vez bajo la dirección de Ricky Pashkus. Toda una garantía.

La obra nos invita a ser testigos de una larga audición en la que 15 jóvenes aspiran a ser elegidos para participar del ensamble de un musical en pre-producción. Allí los acompañaremos en el subibaja de emociones que todos los que alguna vez participamos de un casting hemos vivenciado: la confianza en las propias capacidades, las dudas al ver el desempeño de otros aspirantes, los miedos ante los desafíos en que nos sentimos menos confiados, la adrenalina previa a cada descarte, la ilusión renovada ante cada etapa superada... Todo está ahí, ante nuestros ojos y oídos, muy bien representado y actuado por un elenco con el que es muy fácil sentir empatía desde el primer cuadro.

En la parte más interesante del musical, los jóvenes van presentándose ante el director, quien se muestra tan interesado en sus capacidades artísticas como en la historia que cada uno trae consigo: qué los motiva, cuánto están dispuestos a esforzarse y cuáles son sus máximas aspiraciones. Y allí surgen tantas historias como personajes. Así conocemos a una mujer sobrecalificada que supo aspirar a triunfar en roles protagónicos pero debe volver a empezar audicionando para coro, un par de muchachos que desde su infancia sufrieron todos los prejuicios por querer ser bailarines y las condenas lisas y llanas por sus apetencias sexuales, la bailarina curtida que a pesar de mayor que los demás sigue cargando con la presión de cumplir los deseos insatisfechos de su madre, las chicas acomplejadas ya sea por su estatura, o su falta de tetas o su apariencia poco agraciada... Y otros más que no da el caso sumarlos en esta crítica. A primera vista parece un menú de clichés, y lo son, pero están bien presentados, y, además, debe resaltarse que muchas de estas historias no eran tan obvias en el momento en que fue escrita la pieza. Es decir que seguramente fueron obras posteriores las que convirtieron a estos personajes en estereotipos más o menos esperables.

La adaptación que se presenta en seis funciones semanales en el hermoso Teatro Maipo se permite ciertas licencias. Aunque no está 100% “argentinizada”, sí es más realista en cuanto a las aspiraciones de los personajes y a sus posibilidades por estas tierras. Si bien la versión original no es muy distinta, no escapaba a un mensaje inspirador al mejor estilo american dream: “viví tus sueños y triunfarás”. Aquí, los personajes no podrían unirse con total sinceridad al coro de High School Musical que cantaba “Actuar, cantar, bailar me hace feliz”, saben y muestran claramente que el camino elegido es difícil y que más sincero sería decir “actuar, cantar, bailar me puede hacer sufrir, pero no dejaré de perseguir ese sueño que sólo alcanzan muy pocos” (no sé si entraría en la métrica del estribillo, claro... Lo veo difícil).

La música tocada por una poderosa banda en vivo, las canciones interpretadas con sentimiento y las ajustadas coreografías, especialmente la del gran finale, redondean una propuesta que realmente disfruté. La única duda que me queda es... ¿Por qué habrán eliminado el artículo del título original convirtiendo a A Chorus Line en simplemente Chorus Line?

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