Almendra II: El disco maldito

Almendra 2

Por Martín Fariseo

Cuando uno escucha Almendra empieza a pensar cuánto tiempo perdió sin haberlos conocido. Y cuando ve en qué años salieron sus dos primeras obras no puede hacer otra cosa que ponerse a llorar. Más aún si, después de una búsqueda no muy exhaustiva uno descubre que Spinetta tenía 19 años cuando salió el primer disco. Pero esta banda no sólo es gloriosa por tener al Flaco, sino que todos sus integrantes aportaban tanto en lo musical como en lo lírico.

Que su primer álbum es algo increíble es una obviedad. Tan bueno es que su canción hiper famosa, que significó un ícono para una generación completa (Muchacha ojos de papel) es, desde mi punto de vista, la peor del disco. Y con eso digo casi todo. Sus letras son espectaculares, con una mezcla perfecta  de dulzura, existencialismo (del mejor de todos), amor y adolescencia. Sus cuatro integrantes cantan y hacen coros, además de ejecutar muy bien sus instrumentos. Figuración tiene una letra increíble, que te deja totalmente desarmado. Ana no duerme, A estos hombres tristes, Fermín  y Color humano podrían formar parte de un manual que explique cómo empezar una canción (y cómo terminarla, por supuesto). La última de las canciones que nombré me da el pie para ir al tema principal de este texto, que es Almendra II. ¿Por qué digo esto? Porque algunos componentes de este largo tema van a volver a aparecer en el segundo álbum de esta gigante banda.

Toma el tren hacia el sur es la canción que da inicio a este disco doble. Podría estar en su obra anterior tranquilamente, hasta el minuto en que aparece la increíble guitarra de, y ahora me voy a poner de pie, el señor Edelmiro Molinari. Hago un punto aparte en este texto.

Algo me pasa con su forma de tocar la guitarra. Es como si un tipo virtuoso que posee toda la técnica clásica hubiese estado durante 15 años escuchando blues, tomando lo mejor de cada uno de estos estilos y llevándolos a su máxima expresión. Si elijo hablar de este disco, es un poco por él, más que por cualquier otra cosa.  Sus solos son  vertiginosos, y pueden durar muchos minutos, pero jamás van a decaer, y toca millones de notas, algunas no tan características del clásico blues, pero las ejecuta con tanta capacidad y tanto corazón que toman un color único. Definitivamente, no hay violeros como él en el rock nacional, y eso que en Argentina sobra talento musical.

En la parte uno de esta obra, va a notarse esta convivencia entre el nuevo y el viejo Almendra. Las críticas de este álbum fueron muy negativas, argumentando que habían optado por un sonido menos elaborado. Claramente, quienes hayan realizado este tipo de reseñas no escucharon ni 20 segundos de cada canción. Hay que destacar además el boom que produjo en Argentina el sonido de The Jimi Hendrix Experience y su formato power trío. Sin embargo, este sonido más pesado, más “cuadrado”, en Almendra produce una nueva sonoridad que lo deja en un lugar único. Agnus Dei es una clara prueba de esto, contiene una letra bien íntima, familiera, bien de domingo en casa de mamá, combinándose con un sonido delirante y psicodélico de 15 minutos. Por momentos, pareciera que esos ensayos míticos en el garage de la casa de Arribeños de los Spinetta volvieran a vivir en cada segundo de esta obra. Hay un clima en todo el disco, que hace pensar en una zapada, sin caer en una improvisación desordenada. Esta primera parte cierra con Para ir, una de las mejores canciones de amor que escuché en mi vida, con una lírica envidiable, una voz que casi susurrando, canta una melodía preciosa.

Parvas abre la segunda parte, con un riff potente y explosivo, y algo que empieza a notarse es un cambio en todo el sonido de Almendra, con una forma de cantar de Spinetta y Del Güercio muy particular. Las melodías vocales son fascinantes, destacando en esto Cometa Azul, que tiene una fuerza impresionante, con un solo de Molinari que te deja anonadado. La canción que sigue, Florecen los nardos, comienza con un rato largo de zapada, y da lugar a una letra muy corta, que demuestra que a veces menos, es más: “Esta es la pregunta, y yo pregunto, cuál fue la pregunta. Oye legionario, debes pasarme las manos, por esta herida que no aguanto”.  Amor de aire es un blues acústico con slide que Edelmiro le dedicó a Gabriela, conocida por ser la “primer mujer del rock nacional”, que era entonces su pareja. En las cúpulas y su frase “nunca los héroes se levantan” que queda resonando en tu cabeza un buen rato. Y Los elefantes, con su música hermosa.

En resumen, en lugar de leer esas vacías críticas realizadas por tipos frustrados sin talento alguno, creo que lo mejor es escuchar este disco que comparar o suponer que debe ser igual al primero, o que debe guardar una cierta linealidad. Si algo nos ha demostrado Spinetta a lo largo de sus más de 40 años de carrera es que la inquietud y la búsqueda incansable son su sello personal.

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