Antiego: un festival distinto

antiego

Por Gastón E. Lema

El último disco de La Tumba del Alca se llama La muerte de la Empatía. Es una denuncia que funciona a la vez como una declaración de principios. Y así es que esta banda de rock psicodélico instrumental está llevando a cabo desde 2013 uno de los festivales más importantes del under: el festival Antiego, cuya edición 2017 aconteció el pasado sábado 11 de noviembre en Belén de Escobar, Buenos Aires. El festival comienza con la idea de que puedan tocar en un mismo día todas las bandas que por simpatía o coincidencia estética se acercaron a la banda. Intentan buscar no sólo determinadas propuestas innovadoras (que sabemos que abundan en el under) sino además músicos en la misma sintonía en lo que respecta a formas de trabajar (trabajo independiente y autogestivo). Antiego es una manera de entender el momento del festival en donde todos tienen que renunciar a lo individual para ganar en lo colectivo. ¡Brindo por esa idea!

El lugar donde se llevó a cabo es como el jardín delantero de una casa pero en el que entran unas mil personas. Al costado varios puestos de feria sobre todo con discos (y sobre todo del under, cosas que no vi en otro lado), pero también con ilustraciones, remeras e incluso serigrafía in situ. Por mi parte me pude llevar Manual de Fallas de PerúValle de Ensamble Peripecia y el EP II de Halo Trio. Parrilla de un lado y barra de bebidas del otro. Había 4 variedades de cerveza artesanal Viva Raul; probé la negra y estaba muy bien. En un clima totalmente ameno y amigable, en confianza, se pudo disfrutar de una jornada única, en donde paseaban perros y a la noche incluso se armó una fogata para los que no llevamos tanto abrigo (en Escobar de noche refresca y el festival terminó a las 4 de la mañana). Hasta entonces pudimos disfrutar de un gran día de sol desde las 3 y media de la tarde.

 

Dos escenarios, en apariencia ninguno más importante que el otro, donde tocaron las 20 bandas alternándose. El festival duró en total 12 horas y media. Para quienes escuchamos todas las bandas cabe destacar que en ningún momento se volvió un hastío, lo que evidencia la pericia en la elección de lxs artistas. Noté cierto criterio en la búsqueda de bandas que no sólo podrían considerarse “propuestas” (y eso ya es mucho decir), sino que todas tenían para proponer algo muy por fuera de los estándares de consumo, incluso dentro del under. Es muy difícil clasificar a las bandas en un género y la mayoría de ellas no hacía canciones, incluso preponderando lo instrumental. Toda la música que sonó invitaba a ser descubierta, eran problemas por resolver, enigmas o al menos un intento de romper con la experiencia cotidiana monótona y mecánica del tiempo mediante diferentes recursos. Esto se materializa principalmente en tiempos irregulares, constante uso de agrupaciones rítmicas no tan usuales, síncopas, estructuras raras, temas largos, melodía y armonía no tan predecible, uso de letras irónicas o enigmáticas, desbordes de gritos y distorsión, etc.

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Trataré de describir el espectro de bandas y estilos que fueron cubiertos por el festival, lamento no poder hacer justicia con mis palabras a la complejidad y originalidad que representa cada banda. Pido disculpas por eso.

Contamos con dos artistas en formato “solista acústico canta-autor con guitarra” (?). A Santino Beltramino con sus 12 cuerdas y la brutalmente honesta desnudez en su voz y a la interesante, diferente y cruda propuesta del excéntrico Facundo Siesta.

Al otro extremo pero manteniendo ciertas características de géneros “canción” o al menos cantados, las bandas Villarcore y VHS aportaron su cuota de death metal y hardcore, a puros cojones. Hubo también bandas con gran contenido irónico-absurdo en su propuesta estética. Destaco la gran banda de punk rock de Lomas de Zamora Duhalde, que arrancó su presentación con un: "Hola, nosotros somos Duhalde y este tema se llama Clase media pelotuda”. También a Cuco con su psicodelia oscura, retorcida y humor irónico. Se presentaron también los excéntricos numerosos Tarde pero Seguro y el interesante dúo de bajo-batería Esquizofrénicos.

Una serie de bandas cubrieron el extenso mapa de géneros alternativos nacidos en los 90’s y popularizados en los 2000’s, de los cuales yo soy adepto. IAH aportó su contundente stoner rock intercalado con ciertos pasajes espaciales, quizás space rock o directamente post rock. Perú y La Tumba del Alca, dos grandes bandas, hicieron lo propio en un terreno quizás un poco más ambiguo para ser clasificado, pero definitivamente con influencias de progresivo, post rock y math rock. Paso Viejo nos deleitó a todos con su ¿math rock? con sonido aguerrido y el dúo EH (Eh Ache), más cerca de lo experimental, trajo su aporte de compases irregulares con muchísima tensión.

Pero si hablamos de tensión tensión tenemos que hablar, de la que en mi opinión, es en este momento la mejor banda del under argentino: Hungría, la banda que cerró el festival. La destreza de este dúo math rock en armar estructuras complejísimas a base de loops y compases irregulares y diferentes formas de agruparlos y resignificarlos hace de sus presentaciones una experiencia única. No dan respiro.

Otras bandas construyeron sus climas en lugar de mediante la tensión con ritmos poco usuales, mediante la repetición de motivos a manera casi de mantras. FOBO (The Fear of Beeing Online) con su propuesta más cerca de lo electrónico que de lo acústico nos trajeron algo así como música R&B o Hip Hop (quizás estoy bardeando pero así me sonó) con alto grado de procesamiento y efectos, creando un clima más que interesante y envolvente. El mismo tipo de clima pero con otro tipo de recursos fue lo puesto en escena por la gran banda Fusibles, más cerca del math rock, post rock y el indie. Recomiendo plenamente a Fusibles en vivo.

Finalmente (no estoy siguiendo la cronología de la “grilla”) las bandas más experimentales de todas fueron el dúo que se presentó bajo el nombre de Ambas/Bruno en guitarra y trombón, Ectoplasma con su rock ambiental y experimental. Además tocaron las bandas con gran influencia free jazz y muy difíciles de predecir Los Tenistas y Halo Trio; gente que realmente algo de música ha estudiado y han hecho los deberes. Altamente recomendables.

Antiego es necesario. Como “movimiento” (heterogéneo, desencontrado, disperso) necesitamos de estos lugares para encontrarnos. Somos muchos más de lo que creemos, me sigo sorprendiendo de la cantidad de bandas que hacen música que no podría salir cómodamente por la radio. Necesitamos de un lugar de encuentro así: lindo, humilde, de construcción colectiva y desinteresada, con un público entusiasta. Con ganas de compartir un momento que sólo la música nos puede regalar. Si con escasa difusión una gran cantidad de personas se acercaron a Escobar, llenando el gran lugar, a disfrutar de este hermoso festival, quiere decir que hay un sector de la juventud que no satisface sus necesidades estéticas en lo que ni el mainstream ni el circuito under/alternativo “tradicional” le propone. Y ahí está el Antiego con promesas de unión y amor, a la altura organizativa, para satisfacer esa demanda. Necesitamos de este lugar para encontrarnos y sentir el poder que tenemos de generar cosas genuinas, nuevas, auténticas. Sin necesidad de empresarios ni intermediarios. ¡Por mil Antiego más!

 

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