Antonia: La autogestión al dente

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Por Alat Saile

Si pensamos en series argentinas tenemos en nuestro haber clásicos como Okupas, Tumberos o Los simuladores, pero hay una barrera o mejor dicho una frontera que se fue traspasando para finalmente desenvolverse en el fruto de la evolución, y es lo que pasa con Antonia (2019), para poder acercarnos a la idea global que maneja esta serie les propongo hacer un ejercicio: olvidarnos de lo que tenemos en nuestra cabeza como concepto de serie argentina, olvidarnos de esos planos típicos de novela argenta donde Estevanez está llorando, o de bandas sonoras que resultan incongruentes con lo rodado, una vez que olvidamos esto podemos apreciar la visión de una serie que nos propone verla como algo más que una serie de tv, porque como dije antes, Antonia traspasa esa frontera, la convierte en porosa borrando el límite del cine y la serie. Basta con tocar el botoncito que dice “Netflix” en el control de la tele para acceder a una exagerada cantidad de series que se ven como cine, dentro de toda esa jungla el cupo argentino está prácticamente vacante.

En la era de la inmediatez, una serie como Antonia es un must watch, con capítulos cortos que rondan los 10 minutos, es un plato que se disfruta cómodamente y no agobia, -no como las que tienen un contrato de por medio y van salpimentado con capítulos de relleno-.

En Antonia, el ritmo voraz de la narrativa nos adentra en el mundo de Marcos (Tomás Raele) y en su búsqueda descontracturada de respuestas y de Antonia (Ana Ceruti) nos va provocando lo que en literatura llamamos un extrañamiento. Conforme van pasando los capítulos nos damos cuenta que no hay nada librado al azar y esta pieza artística funciona como un reloj, no hacen falta personajes que verbalicen la trama para hacerla avanzar, no hay una obviedad que nos haga abandonar la serie, a veces lo predecible daña nuestra susceptibilidad cinematográfica, pero acá todo se cuenta con actuación, con movimientos de cámara, y una fotografía que pone el ojo en lo cotidiano sin dejar de ser poética, todo esto articulado con diálogos maduros sin caer en sobre-explicaciones.

Antonia tiene un lenguaje que se sustenta en varios puntos. Una dirección más que acertada por parte de Fabian Cabrera logra hacernos sentir en el refugio de la incertidumbre hilvanando todo con un onirismo que hace fluir el guion de una forma seria, poética y misteriosa. Unido al manejo de la cámara que nos entrega planos bien cinematográficos y movilizadores, se vale de travelings más que prolijos y el uso puntual de la cámara en mano, junto a planos secuencia que nos sumergen de lleno en la crisis del protagonista se termina de coronar con actuaciones honestas y un montaje elocuente -elemento que a veces no se ve ni en superproducciones-, cuando digo actuaciones honestas me refiero a que no son impostadas sino más bien orgánicas, son performances que se sienten reales y nos toca desde ese lado, lo que lleva generar intimidad con los personajes y sentir con ellos, todos estos ingredientes contribuyen a un cocktail molotov listo para que nos explote de forma placentera, así nos drena la intriga con la deriva de un protagonista que a la hora de ser narrada, abandona el melodrama y muestra que se puede tratar el tema sin caer en el sentimentalismo barato, el lugar común, o la pretensión. Muestra que no todo en la vida son las series argentinas que nos sacan el orgullo a tirones, Antonia en este caso es un valor agregado y nos enorgullece descubrir que una serie de esta envergadura sea totalmente autogestiva e independiente.

Antonia se puede ver desde su canal de YouTube y el pasado 25 de mayo fue incluida en la plataforma del INCAA.