Arctic Monkeys en el Quilmes Rock 2012: la tormenta que vino por doble

Por Melisa Olivera

Cuando hablamos de un temporal, hablamos de un estado en el que el clima está un poco anormal, en el que la lluvia y el viento arrasan con lo que se encuentran. También hay baterías, guitarras, bajos y voces que funcionan de la misma manera; llegan, en forma de notas y ritmos que te atraviesan y te hacen escalofriar cual viento del Sur. Hubo un día, el 4 de abril de 2012, para ser más específicos, en el que ambas cosas se combinaron para dar a luz a uno de los recitales más inolvidables de mi corta vida.

Se trata del paso de los Arctic Monkeys por el Quilmes rock, una de las bandas inglesas más importantes de la última década presentando su disco Suck It And See, en el momento cúlmine de, hasta el momento, su carrera. Con 4 discos en su haber, vinieron a presentar lo que sería su álbum más melódico, más algunas joyitas que se agradecen, como el lado B de su single homónimo del disco, Evil Twin.

Lo que sigue es el relato de un día lleno de rock, que pasó gradualmente de ser plenamente soleado a la tormenta más grande de los últimos tiempos.

Yendo a lo que sería mi primer recital, no sabía realmente que esperar. Me había comprado la entrada para generales, porque atacaba la pobreza extrema, y el campo era caro para mi poder adquisitivo. Una vez en la cancha de River (A la cual detesto para los recitales porque si no estás en el campo solo podés esperar a ver al elenco de Antz), me senté pacientemente a esperar a la banda que significaba (y significa) todo para mí. Pasó Massacre por el escenario, mientras el sol me quemaba un brazo. No me importó, era lo que había que aguantar. Después llegó Cage The Elephant, banda que hubiera disfrutado un poco más si estuviera en el campo y no encallada en el piso de la platea, mientras esperaba no descomponerme por el calor, porque era una verdadera fiesta. Joan Jett y su banda, era algo legendario que no podía dejar pasar, así que presté atención y me olvidé de todo lo demás, cuando la paciencia ya se me estaba acabando poco a poco.

Mientras caía la tarde y ya se podía respirar, vino una banda que tuvo la desgracia de ser la anterior a la que yo esperaba: TV on the Radio. No podía esperar un minuto más para los “monos”, pero esta agrupación me dejó boquiabierta con la variedad de música que interpretaban y los loquísimos juegos de luces que dejaron fascinados a más de a uno. Aunque quizás no era una propuesta adecuada para convivir entre las otras bandas de rock, se lograron ganar el aplauso del público y aplacar la impaciencia que nacía de todos los que esperábamos al plato fuerte; Arctic Monkeys y Foo Fighters. A lo largo que pasaba esta banda, veía el atardecer y de pronto, las nubes que venían a invadir la atmósfera de ansiedad que se vivía en Nuñez.

En ese momento en el que escuché That’s the way (I like it) de KC & the Sunshine Band, (sí, esa que dice that’s the way, ajá, ajá, I like it, ajá, ajá), supe que estaba por entrar ese conjunto por el que había esperado tanto tiempo, y de repente todas esas preguntas existenciales de la vida están respondidas en una hora y media de show. Imagínense, ver a ese Alex Turner con su guitarra, su voz con acento particularmente inglés, sus letras hermosas, su jopo perfecto, medio zonzo, pero Turner al fin. A Nick O’Malley con su bajo y sus coros perfectamente graves, a Jamie Cook, el amigo ese que hay que mandar a la banda porque es amigo, pero que nos regala unos riffs lindos de vez en cuando, y qué decir de Matt Helders, de los mejores bateristas actuales, rompiéndola como de costumbre. A la par de la banda tocando para un público eufórico, pasaba una tormenta por arriba mío y de todos; rayos, relámpagos, vientos violentos, lluvias torrenciales. Pero era tanta la emoción, tanta la espera, tanta la manija, que no me dí cuenta en lo más mínimo que la ciudad de Buenos Aires estaba bajo un temporal que fue de los peores de su historia.

Empezaron con varios de sus hits, Don´t sit down ‘Cause I’ve moved your chair, seguido de Teddy Picker, y una canción bastante adecuada para describir el clima del momento, Crying Lightning. Con un movidito de Suck it and see, Library Pictures siguieron desplegando talento en el escenario, seguidos de Brianstorm, y The View From The Afternoon, completando un triplete de rock al palo. Con un himno a la timidez, I bet you look good on the dancefloor, hicieron saltar al compás de su ritmo frenético a un público que pese al temporal que los amenazaba y al calor anteriormente sufrido se mantenía fiel al escenario. Pasando por Brick by Brick retomaron unos hits de los primeros discos, This house is a circus y Still take you home, de los mejores temas del setlist. Ahí es cuando llega Evil Twin, una de las joyitas de este recital, ya que es un tema que no está incluido en algún disco, un tema que no deja ninguna duda de que el rock de guitarras no va a morir. Cuando llegan a R U Mine?, que en ese entonces era nuevo y hoy en día es un tema infaltable en un concierto de ellos, yo me lamento no haber esperado un poco más y haber comprado una entrada para campo, para el tremendo recital que estaba ocurriendo frente a mis ojos. Para cuando tocan Pretty Visitors se desata la tormenta junto con la atmósfera oscura de la canción, en el momento en que todos nos dimos cuenta por qué seguíamos ahí. Repasando su segundo disco, siguieron If you were there, beware y Do me a favour, le siguió Suck it and see, el tema que le da nombre al disco que estaban presentando.

Para terminar con toda la vorágine de electricidad, de emociones y de música que se sentía en el aire, tocaron su clásico Fluorescent Adolescent y para terminar su himno mayor, When the sun goes down, donde tapada con un cartel de lona de publicidad para por lo menos poder ver bajo la lluvia, se me inundaban los pies de agua y los ojos de lágrimas. Era mi primer recital. Con 15 años, y bajo las peores condiciones del mundo; lejos del escenario, de un maravilloso sol a la tormenta más vil, empapada de pies a cabeza de agua y de rock.

El sonido llegaba desfasado a las alturas del Monumental, debido a las fuertes ráfagas de viento. Y para los que son fans de Foo Fighters la noche siguió, pero yo decidí retirarme porque ya me había llevado lo que necesitaba, que era una hora y media de esa banda que pese al riesgo de electrocutarse, logró domar el clima y hacer pasar al público un recital de esos que no se olvidan nunca. Cuando volvía a mi casa, en una odisea de caminatas, encontrar colectivos de casualidad, y atravesar mi barrio a oscuras, me enteré de que un semitornado se había llevado árboles, puestos de diarios, carteles, de todo.

¿Había sido la fuerza de la tormenta, o la fuerza del rock?

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