Bala con alas de mariposa: apuntando al mejor disco de los Smashing Pumpkins

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Por Diego E. Aguilar

Es una tarde lluviosa la que me encuentra escribiendo este artículo. Un día normal de invierno en el que por ejemplo Nadal acaba de quedar eliminado de Wimbledon y Federer de pasar a una nueva ronda. Todo muy lindo, pero ahora estoy pensando detenidamente en los discos de los Smashing Pumpkins, la banda liderada por el compositor, cantante, pianista y guitarrista Billy Corgan. ¿Cuál es su mejor álbum? Ese es un interrogante que no puedo responder fácilmente; resulta un desafío supremo teniendo en cuenta el brillante catalogo discográfico que poseen. Por ello realizaré la siguiente lista numerada (comenzando con el disco menos interesante al más apoteósico artísticamente) y desde mi humilde visión trataré de responder a la pregunta antes planteada. En realidad sucede que estamos acostumbrados a estas listas que siempre propone la industria y me veo obligado a hacerlo (?).

8- Zeitgeist (2007)

Más que de los Smashing Pumpkins, Zeitgeist parece ser una producción solista de Billy Corgan, un intento forzado de resucitar a su antigua banda. Para grabarlo reunió a la mitad de la alineación original 7 años después de la disolución oficial: el talentoso baterista Jimmy Chamberlin y él mismo, sumado a los ignotos Jeff Schroeder y Ginger Reyes. Sorprende la carga política en la lírica claramente en desacuerdo con la administración de Bush. Después, hablando del sonido, es un álbum que solo se concentra en las guitarras distorsionadas del aquel lejano debut Gish y las baterías potentes de Jimmy. Nada nuevo qué ofrecer. Sin dudas su single Tarantula (la mejor canción del álbum) ayudó a la difusión de un disco medio pelo.

7- Machina / The Machines of God y Machina / The Friends & Enemies of Modern Music (2000)

Para el año 2000 el rock alternativo había fallecido. Los charts eran ocupados por las boybands o por diferentes grupos de nu metal. Coincidentemente, los Smashing Pumpkins lanzaron dos de sus peores producciones discográficas: Machina / The Machines of God y Machina / The Friends & Enemies of Modern Music, que fueron lanzados en febrero y septiembre de 2000 respectivamente. Billy Corgan, siguiendo con su look gótico adoptado en Adore introdujo casi todos los sonidos ya explorados tales como la electrónica, el alternativo, el progresivo, etc. Las canciones más recordadas de Machines of God probablemente son las bellísimas I of theMourning y Stand InsideYourLove o la todopoderosa The Ever lasting Gaze, típica canción grungecorgiana. Un disco demasiado íntimo, místico, espiritual, donde un anfibológico Corgan, apunta a un discurso revisionista propio sobre el amor, las drogas y las crisis existenciales. Nadie entendió nada. De Friends & Enemies of Modern Music mejor ni hablar. Y no nos sorprende que antes de la disolución de la banda terminen regalándolo para descargarlo gratis por Internet.

6- Gish (1991)

Un álbum más del montón. Época del grunge y guitarras distorsionadas hasta el hartazgo. Gish es un más que aceptable disco debut, en el que con toda la furia, Corgan y compañía irrumpían en la escena. Canciones como Siva o I Am One prestigiaron el movimiento alternativo y grunge en el círculo universitario estadounidense. Guiños psicodélicos, baterías espectaculares (a manos del todo terreno Jimmy Chamberlin) y buenos solos de guitarras, influencia del calvo cantante de bandas de los 70s. Ya lo dijeron 32.000 veces pero de no ser porque en el mismo año se lanzó Nevermind, esta placa hubiera tenido mayor celebridad.

5- Monuments to an Elegy (2014)

Para este trabajo el líder de las Calabazas despacha a Mike Byrne, para fichar al famoso baterista de Motley Crue, el híper reventado Tommy Lee. Un extravagante gusto que se da el músico de Chicago (y una rareza por la dirección musical de la placa), donde la destreza de la estrella glamse revela en canciones como Drum + Fife. Monuments to an Elegy es el hermano electrónico del psicodélico Oceania por decirlo de cierta forma. Como en alguna producción pasada, Corganse decanta por las cajas de ritmos y elementos techno (aunque a veces demasiado a lo largo del álbum), creando un sonido bien alternativo, nostálgico y fresco. One and All  tiene pinta de haber sido escrita en 1995. Dorian es quizá la canción más bailable de los de Corgan en 30 años de carrera, temazo. No se olvida de las guitarras en la imponente Anti-Hero un muy buen cierre que te induce a escucharlo una y otra vez.

4 - Siamese Dream (1993)

Me dolió de sobremanera poner este legendario disco en el puesto 4, aunque esta posición no es mala teniendo en cuenta la calidad de la discografía pumpkin. La grabación de Siamese Dream fue caótica y conflictiva. Billy Corgan se había transformado en un déspota y autoritario líder grabando los instrumentos él solo pero dejando que Jimmy Chamberlin se ocupe de la batería porque si bien en esa época Billy estaba loco, no era ningún boludo. Significó un gran cambio de sonido, quienes lejos de repetir las fórmulas de su predecesor, el bien recibido Gish, optaron por elementos como el shoegaze o el dream pop. Para ello utilizaron gran variedad de instrumentos como el mellotrón, violines, violonchelos, campanas y timbales. La depresiva Disarm lo atestigua. Today, se transformó en uno de los varios himnos noventeros que la banda tiene en su haber. Otras canciones notables son Cherub Rock y Quiet, geniales mezclas de melodía pop y grunge.

3 - Oceania (2012)

La mitad de los fanáticos de los Pumpkin entenderá por qué este disco está en el podio y la otra mitad va a querer aniquilarme por relegar al excelente Siamese Dream al cuarto lugar. Pero tengo mis argumentos. Una vez más, Corgan modernizaba su sonido como no lo habían hecho desde Adore. Suenan como una bandita indie que participa en el festival de Coachella en el tercer escenario de importancia a las 6 de la tarde. No cualquier grupo de los noventas se amolda al difícil sonido de esta década. Espectaculares efectos de guitarras, pedales de todos los colores, neo-psicodelia y rock progresivo. Quasar y Panopticon hacen una introducción de calidad suprema. Billy es un verdadero genio. Uno de los pocos que siguen en vigencia en la actualidad. Imposible no maravillarse con los sintetizadores de Violet Rays, que probablemente está dentro de las mejores 10 canciones de la banda. Se merece esta posición porque después de un disco malo como Zeitgeist, unos reinventados Smashing Pumpkins renacían desde lo que parecía un estrepitoso nuevo final. Y con su mejor disco en 14 años.

2- Mellon Collie and the Infinite Sadness (1995)

Al megalómano Billy Corgan poco le importó componer 50 canciones para luego elegir 28 y dar a luz a uno de los mejores discos de los 90 y de todos los tiempos. Para el registro se convocó a los productores Flood y Alan Moulder, este último solicitado exclusivamente por Billy debido al brillante trabajo realizado en Loveless, el clásico de My Bloody Valentine y referencia shoegaze por antonomasia. Con el uso de sintetizadores, arpas, pianos de cola, guitarras acústicas, instrumentos de cuerda, etc, Mellon Collie es un mosaico de sonidos. La locura de Corgan por trascender musicalmente lo llevó a ser el artífice principal de un disco soberbio y de altísimo nivel artístico y técnico que elevó al guitarrista y cantante a la categoría de icono rock. Algunas canciones que prueban la riqueza sonora de Corgan llevadas a un nivel superlativo, son justamente de este disco doble, en ejemplos como 1979 Love o Porcelina of theVast Oceans, donde ya se observan pequeños atisbos electrónicos; TonightTonight magistral composición pop con intervención de la prestigiosa Orquesta Sinfónica de Chicago, Bullet With Butterfly Wings, quizás la mejor canción de todo el álbum, la guitarrera Jellybelly, la hermosísima Thirty-Three, la demencial X.Y.U., o la melódicamente pop rock Muzzle.  La introducción de este LP es uno de los mejores de la historia de la música; Mellon Collie and the Infinite Sadness es una magistral pieza de piano y cuerdas que testifican la grandilocuencia compositiva de Corgan. Imprescindible para cualquier fanático del rock en general.

1 - Adore (1998)

El puesto número 1 es para el incomprendido y oscuro Adore. Muchos quizás hubieran puesto al superventas Mellon Collie & the Infinite Sadness, pero este LP de 1998 se merece el primer lugar por algunas cuestiones que paso a explicar. Fue un álbum rupturista, polémico y controvertido. Los sintetizadores, la programación, las cajas de ritmos y samplers toman total protagonismo, casi en un intento de olvidar el pasado noventero de la banda. Para que se entienda: pasaron del modo Black Sabbath al modo Depeche Mode. Prácticamente Corgan y los suyos, tomaron sus pedales distorsionadores y los tiraron a la basura. Además habían expulsado al batero Jimmy Chamberlin que le gustaba la heroína más que el dulce de leche. Esta salida repercutió considerablemente en el sonido. Sin baterías poderosas ni guitarras distorsionadas, Billy apostó por un sonido moderno propio de fin de siglo, pregonando las palabras que había dicho alguna vez el guitarrista James Iha a la revista Guitar World: “el futuro de la música está en la electrónica”. Adore decepcionó desde las ventas y fue mirado de reojo por la crítica, fue rechazado por los fans más conservadores y aclamado por quienes creían que la banda se tenía que reinventar. El fenomenal arreglo orquestal en Tear, la nostalgia de Perfect, la intensidad de Crestfallen, las accesiblemente pop Ava Adore y Pug y la angustiante For Martha ,(maravillosa composición de piano que Corgan le escribió a su madre) hacen de este trabajo un disco concreto, con una dirección bien definida. De llevar la bandera de la frívola Generación X con sus himnos de guitarra, devinieron en una banda oscura y fríamente electrónica, en un mundo que se volvía inevitablemente digital, enfrentándose a toda la industria musical, medios y lo peor de todo, los fans. Quizá este sea uno de los giros artísticos más dramáticos en la historia de la música que a la postre costaría la disolución del grupo. Por todo ello, Adore es el mejor álbum de los Smashing Pumpkins.

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