Canciones que todos los hombres deberían escuchar

Por Jeremías Felioga

En los aniversarios (de cualquier tipo y tenor) se tiende inevitablemente al recuento de lo acontecido. El camino que nos llevó hasta el estúpido momento en donde abrazamos por compromiso y agradecemos cosas que nos chupan un huevo.
Se cumplen 40 años de Durazno Sangrando, 30 de Giros, 20 de Otro le Travaladna y 10 de uno de los mejores disco-debut de la historia de la música argentina: Canciones que un hombre no debería cantar.

Rescatando al heroico (¿qué otro adjetivo le cabe?) Moris de la - no lo suficientemente - recordada Escúchame entre el ruido, Gabo Ferro agita salvajemente todas las jaulas que se cruza: sociedad, sexualidad, amor, lenguaje, tabúes, familia. No deja títere con cabeza. Envueltas por una voz que hablando en términos futboleros podríamos decir que es "de otro partido," las 12 canciones que componen el fabuloso recorrido no dejan espacio a la distracción. Exigen otra escuchada. Piden leer letras e interpretar melodías. Obligan a comprometerse.

Si los discos vinieran con prospectos, los de Gabo Ferro deberían advertir: "No apto para personas cuya sensibilidad haya sido estropeada en los últimos 30 años". Se trata de un trompazo directo a las entrañas. Una sacudida de ideas que solo la música (y el arte en general) hecha con talento y desde el alma nos puede pegar.

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