Citizen Kane: La película que quebró los esquemas del cine clásico


Por Melisa Olivera

Corría el año 1941. La estandarización del cine en Estados Unidos se había instalado y parecía que nada rompería con el sólido sistema de tres pilares que se consolidó en la época dorada de Hollywood. Las estrellas, los géneros y la política de estudios son las reglas que condicionaban la producción, distribución, exhibición y consumo de los productos fílmicos en ese entonces; los actores y actrices interpretaban papeles similares, en los mismos géneros cinematográficos, producidos por estudios de filmación especializados en los mismos que se dedicaban a hacer películas para cierto público.

Sin embargo, apareció un nombre que quizás les suene puesto que su versatilidad como artista le permitió haber hecho cantidades de obras en teatro, radio y cine. Con sólo 26 años, Orson Welles estrena su opera prima, una de las películas más importantes de la corta historia del film, Citizen Kane (o El Ciudadano para Latinoamérica). Este artista fue convocado por los estudios RKO luego de que en 1938, junto con varios colegas de su compañía de teatro Mercury Theatre, interpretara por radio una adaptación de “La Guerra de los Mundos” de H. G. Wells. El evento causó conmoción debido a que el realismo de la transmisión hizo creer a muchos de los oyentes que una invasión de extraterrestres  estaba sucediendo en Nueva Jersey, el lugar de los hechos de la ficción. Gracias a este suceso, el estudio se mostró interesado en Welles y le ofreció un contrato para realizar tres películas, siendo la primera de ellas Citizen Kane.

Influenciado por sus estudios en Europa, Orson Welles procedió a realizar el film contra todas las reglas americanas del momento; para empezar, su elenco estaría también formado por miembros del Mercury Theatre, por lo que la película cuenta con una cuota de dramatismo propio del teatro para la cual los actores de cine clásico no estaban preparados para interpretar. Es decir, que los sentimientos y emociones de los personajes se ven plasmados de una manera más exagerada y por qué no, más real. Por otro lado, los estudios RKO se dedicaban principalmente a la producción de musicales, pero este film no es nada de eso, y además cuenta con una narrativa particular que la hace difícil de encasillar; si bien es un drama, los films clásicos suelen desarrollar una historia en la que los personajes tienen un objetivo y para alcanzarlo deben pasar por aventuras y peripecias, llegando a un nudo o conflicto hasta que se soluciona al final del largometraje. En el caso de Citizen Kane, la historia es la biografía (o el intento frustrado de reconstruirla) de una persona de carácter público.

No obstante, las rupturas más importantes están en los procedimientos técnicos y la estructura narrativa de la filmación, que lejos de ser invisibles y transparentes como lo son en el cine clásico, se evidencian explícitamente. Welles junto con el responsable de las innovaciones técnicas en la cámara, el excelente director de fotografía Gregg Toland, hace uso de la profundidad de campo a través de la experimentación con lentes y la iluminación (es decir, que la escena visualmente se “alarga” hacia atrás), los planos secuencia y muchas veces fijos, el continuo recurso de los planos en picado y en contrapicado,  y los movimientos de cámara evidentes tales como travellings (desplazamiento de la cámara). La profundidad de campo es utilizada en reiteradas ocasiones para producir lo que se llama un “montaje interno”; dos situaciones plasmadas en la pantalla, obligando al espectador a elegir a qué mirar. Esto lo diferencia del cine clásico, el cual nos ofrece una narrativa transparente con una sola situación a la que prestar atención para poder comprender de manera unívoca la historia. También, este recurso se utiliza de forma dramática, ya que representa en muchas escenas la idea de espacios amplios como análogos a la soledad y distanciamiento que sienten los personajes.

 

Los planos secuencia (planos en los que no hay cortes) son algo casi “sacrilegiosos” en el cine clásico, ya que no dan dinámica a la trama. Orson Welles intentaba utilizar la menor cantidad de cortes para darle más realismo a las escenas; esto se debe a sus raíces en el teatro y la manera de trabajar de los actores con respecto a las representaciones. Por lo tanto, la unidad dramática que en el cine clásico solía ser el plano (y en consiguiente el montaje, el desglosamiento de las escenas en muchos planos), en este film es la escena.

El otro aspecto en el que Citizen Kane rompió con el esquema tradicional de Hollywood es la narrativa. En el cine clásico el uso de flashbacks es muy preciso y poco convencional, puesto que la linealidad temporal es lo que predomina. En contraposición, la historia de este film se estructura casi exclusivamente a partir de flashbacks, recomponiendo a manera de un rompecabezas la biografía de Charles Foster Kane, en el intento de un periodista por descifrar el misterio de la última palabra que se lo escuchó decir: “Rosebud”. Entonces tendremos por un lado, al entrevistador buscando personas que hayan sido cercanas a Kane para que les cuenten algún fragmento de lo vivido con él, y por otro la sucesión de los relatos de las mismas que cuentan sus logros y sus fracasos. Es decir, que tendremos entonces un narrador implícito dirigido al espectador que es la cámara, y éste a la vez tiene subnarradores, los personajes, a los que asiste para contar la historia. El narrador implícito, o meganarrador, que engloba a los subnarradores, muchas veces hace una autorreflexión al evidenciarse en los movimientos de cámara antes nombrados, y funciona de la misma manera que, por ejemplo, Cervantes contándonos la historia del Quijote. Se hace presente a partir de hacer explícita su intervención en la obra, y de ello nos damos cuenta cuando la cámara sigue algún evento que sólo nos interesa a los espectadores, y no a los personajes que conforman la diégesis  (es decir, el mundillo interior) de la película.

Pese a lo aclamada que es esta obra de arte, no faltaron las controversias  alrededor de su creación. Primero, hay una disputa importante acerca de la verdadera autoría del guión del film. La película fue escrita por el guionista Herman Mankiewicz, quien creó la estructura principal de la historia. Luego, Orson Welles hizo algunos aportes a ese borrador, lo que luego hizo que hubiera dos borradores del guión; uno hecho por Mankiewicz y el otro por Welles. A partir de esas dos fuentes es que se realizó el proyecto final. Sin embargo, una crítica de cine llamada Pauline Kael escribió un ensayo alegando que Welles se había llevado todo el reconocimiento de la autoría del guión mientras que se había dejado en el olvido al verdadero creador del mismo, Mankiewicz. Kael se tomó el trabajo de hablar con la secretaria de Herman para corroborar que el borrador original del guión era suyo, y que eran pocas las aportaciones que había hecho Welles al mismo. Esto no cayó bien entre otros críticos cinematográficos y su ensayo fue desestimado por no tener suficientes fuentes para afirmar que el guión era enteramente de la autoría de Herman Mankiewicz. Luego se supo, del mismo Welles, que se utilizó el borrador escrito por Mankiewicz con algunos aportes de su parte. Hasta el momento,  con todas las polémicas alrededor del derecho de autor, se reconoce que el guión fue producto del trabajo en colaboración de ambos nombres.

Segundo, el personaje de Charles Foster Kane está ligeramente inspirado en el magnate de la prensa William Randolph Hearst. Esto trajo muchos problemas a la hora del estreno de la película, ya que desde los diarios que dirigía se encargó de defenestrarla para que las críticas fueran malas y el público no asistiese a mirarla. A causa de ello el film no logró un éxito en la taquilla, puesto que Hearst se encargó de mover los hilos de manera que no fuera popular. Si bien  hay muchas diferencias entre la vida de Hearst y el personaje de Kane, es evidente que en muchos aspectos son similares; ambos controlaban el monopolio de los medios de comunicación y los utilizaban para sus intereses políticos, eran conocidos por ser amarillistas, y ambos querían tener éxito siendo electos para un cargo público importante. Todas estas coincidencias hicieron que Hearst intentara prohibir el estreno de la película, cosa que no logró, pero con la influencia que tenía a partir de sus medios de comunicación pudo hacer del estreno de Citizen Kane un estreno mediocre, que si bien tuvo una taquilla aceptable, no consiguió el éxito que sus creadores esperaban.

Citizen Kane es, por un consenso bastante amplio, una de las películas más importantes de la historia del cine. Algunos críticos y revistas especializadas reconocen en esta película el mejor film jamás hecho. Ha sido nombrada, citada, hasta incluso parodiada en series y películas. Sin ir más lejos, muchos conocimos su historia antes de ver el film, debido a que en  Los Simpsons la vimos recreada prácticamente por completo, más específicamente en el episodio Rosebud (más conocido como el del oso Bobo). Por eso, se intentó aquí desentramar con la mayor claridad posible el por qué de este fenómeno tan importante para, inclusive, la historia del arte. Con el propósito de no “spoilear” la película, este artículo es más que nada, un acercamiento al maravilloso mundo de Orson Welles, y su peculiar manera de hacer las cosas. Y también es una invitación a que, pese a que sea una película de 1941, se pueda disfrutar de un film que pareciera ser atemporal, que nunca pasa de moda, que trata tópicos universales a la manera de Shakespeare y que siempre va a ser un hito en la corta vida de la industria cinematográfica.

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