Ciudades del deseo II – Ciudad memoria

Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son solo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos. Mi libro se abre y se cierra con las imágenes de ciudades felices que cobran forma y se desvanecen continuamente, escondidas en las ciudades infelices.

Ciudades invisibles, Italo Calvino


 

Algo falta y algo está presente. Y sin embargo la ciudad sigue su marcha feroz, como una gran maquinaria kafkiana que pese a su absurdo no puede detenerse en su andar. La madre lleva a su hijo a la escuela. El panadero se despierta al alba para hornear el pan. El diariero empieza a las 4 de la mañana a preparar los diarios para vender. Una madre ya no lleva a su hijo a la escuela. Un panadero ya no se levanta a hornear el pan. El diariero nunca más volvió a abrir su kiosco de diarios. ¿Dónde están? ¿Qué sucedió con ellos? ¿Viven? No importa, la ciudad sigue su marcha feroz.

A la par de esa marcha desenfrenada de la ciudad galopan las ciudades que fueron soñadas por los que ya no están, acontecen los deseos de un pasado que nos cuestiona. La madre, el panadero y el diariero, nuestros ausentes, han dejado sus huellas.

La madre ya no está, su hijo sí. El panadero ha desaparecido, aquellos que compraban su pan no. El diariero se ha marchado, las charlas con su clientela aún perduran en la atmósfera del kiosco. Las huellas están presentes en los cuerpos de los que han sentido a los ausentes. La ciudad sigue su marcha feroz en una tensión irresoluble.

Por Alejandro Cantisani

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