Cómo ir a la luna (manual de bolsillo)

Por José Saralegui
Arte por Nair Farina

Vea querido lector, la dificultad que podré encontrar a la hora de expresar tamaña empresa. Comentar un anhelo propio es un desafío complejo para el escritor. Lo es más aún si tal deseo es compartido por un gran porcentaje de la población mundial. Hecha la aclaración, he aquí el intrincado resultado de estas elucubraciones.

Ármese de paciencia y siga con cuidado estos pasos:

Tome un vehículo moderno, que sea capaz de volar y llévelo a su hogar (en caso de no tener hogar propio asegúrese de construirlo, como puede ver en nuestro manual para construir uno, o contar con una persona de confianza que sí lo tenga, el hogar, no el manual). Intente eso sí, no comentar el objetivo a viva voz, puesto que no todos lo tomarán muy en serio al principio.

Un consejo, de alguien que conoce del tema, de ninguna manera considere el ingresar a una agencia espacial de las oficiales, ya que por lo general sólo hacen perder el tiempo al ciudadano común, y además no entra casi nadie. Ni hablar de que es obligatorio saber inglés, idioma básico para alguien que intenta ser tan cosmopolita, tal es el pensamiento de todos los que lo hablan.

Una vez apoderado de dicho vehículo, comience a acopiar provisiones. Tenga presente que no es necesario elegir minuciosamente los alimentos para adecuarlos a alguna dieta, así como tampoco considerar su contenido en grasas, ya que en la luna, debido a la falta de gravedad, cualquier comestible es, por definición, liviano.

Consígase un par de lentes solares, de más de $50, ya que para llegar al mencionado satélite suele ser menor el recorrido que debe realizar la luz solar, y por ello podría resultar herido con mayor facilidad, sobre todo si lo mira de frente y no tiene una radiografía a mano.

Asegúrese de tener un terreno libre, baldío, sin construcciones y con el pasto corto. No debe superar las 2 hectáreas ni ser menor de diez metros por cuarenta, para no molestar a los vecinos, que a esta altura ya tendrán una inocultable admiración por su persona. En caso de no tener un terreno, cómprelo.

Teniendo ya todo lo mencionado, el vehículo, las provisiones y el terreno, sólo queda conseguir la tripulación y trazar el recorrido tanto de ida como de vuelta.

Para sumar integrantes a su equipo, no olvide que es condición sine qua non el hablar el mismo idioma (no el inglés en este caso). Tampoco recomendamos convocar mayor número de personas de las que el vehículo pueda albergar (regla básica de la astrofísica).

Finalmente, debemos preparar un sólido recorrido para volver sanos y salvos a casa (nuevamente, si no posee casa, remítase a la persona de confianza mencionada más arriba).

Para delinear el trayecto, tome un papel en blanco y una birome (de cualquier color). Coloque la hoja de manera apaisada y dibuje en el extremo inferior izquierdo un esferoide achatado en los polos (éste representará a la tierra). En el extremo superior derecho deberá caracterizar a la luna, para lo cual puede utilizar la conocida técnica de "imaginarse una medialuna sin el café" y dibujarla tal cual se representa en su mente.

Ahora lo más complejo, posicionando la punta de la birome sobre el límite derecho del esferoide achatado, trace una línea lo más recta posible (para ahorrar combustible) hacia la medialuna. Al llegar a esta última, dibuje una punta de flecha que apunte hacia ella, de modo de no confundir el sentido del vector.

Para diagramar el retorno, y guardar un poco de tinta para otros dibujos, puede utilizar el mismo vector arriba nombrado, pero agregarle una punta en el extremo opuesto y que apunte a la tierra. Atención, recuerde que por más que en el dibujo los recorridos de ida y vuelta parezcan superpuestos, usted no correrá riesgo de colisión alguna contra sí mismo, ya que al estar en un punto cualquiera del vector de retorno, coincidente con el mismo punto en el vector de ida, usted ya estará volviendo y no tendrá contra quién chocar.

Pues entonces, querido amigo, conoce usted los pasos básicos para viajar a la luna. Tenga en cuenta estos consejos, y será capaz de crear por su cuenta una anécdota que hará las delicias de sus amistades en cualquier tertulia en la que se genere un silencio incómodo.

No queda sino comenzar a concretar estos puntos y despegar antes de que oscurezca.

Buen alunizaje.

 

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