Dark: un inmenso rompecabezas de piezas que encajan

dark portada

Por Jonathan Ehrhorn

Honestamente, tuve miedo de que Dark no terminara a la altura de las circunstancias por el siguiente motivo: las preguntas que podían quedar sin responder (o con respuestas poco convincentes) luego de tres temporadas de una historia extraña, compleja y deslumbrante. No son pocas las series que después de enamorar a su público decepcionaron hacia el final, y los ejemplos son rimbombantes. Este no fue el caso de la serie alemana, que llena esos vacíos que nos tenían sin dormir con un cierre inteligente y emotivo. Porque incluso con los numerosos viajes en el tiempo y los fenómenos terribles que provocaban, no dejó de ser una historia acerca de personajes imperfectos que, en la búsqueda de sus seres queridos, caen prisioneros de una pesadilla cuya puerta de escape anhelamos alcanzar. Es para destacar la manera en que ciertos personajes nos generan sentimientos tan encontrados. Algunos, que pueden parecernos despreciables, terminan sometidos a destinos atroces, por los que a último momento sentimos una cierta compasión.

Decir que en Dark se presenta una lucha entre el bien y el mal sería una afirmación limitada y hasta quizá errónea, aunque ésta y otra dualidad emparentada (luz y oscuridad) tiñan el discurso de varios personajes involucrados en la batalla silenciosa que se libra en ese pueblo chico, infierno grande llamado Winden. Por otro lado, en la serie es cuestionada la noción tradicional del tiempo. Las paradojas espacio-temporales, que pueden resultar abrumadoras, necesitan ser entendidas a través de la concepción del tiempo empleada: en Dark, la relación entre pasado, presente y futuro es circular, no lineal. Cualquier acontecimiento, por pequeño que sea, se encuentra (pre)determinado en una cadena en apariencia infinita de acontecimientos, con un origen difuso.

Entrando de lleno en SPOILERS, descubrimos por parte de Claudia que el origen no es lo que Adán en un principio creía (me refiero al personaje del labio leporino en sus tres versiones, infantil, madura y anciana, que prende fuego la sala de Sic Mundus) sino que está en otro mundo, desconocido hasta el final: el mundo de origen, donde Tannhaus crea la máquina del tiempo motivado por una tragedia personal que intenta revertir. La existencia de un tercer mundo, considerando la importancia del número tres en la serie, era algo que en cierta forma veía asomar, aunque intrigado por las últimas escenas de la temporada anterior. La pregunta no es cuándo, sino en qué mundo dice una Martha de un universo paralelo, que además es la versión joven de Eva. A los viajes temporales se les suman las dimensiones alternas. Las posibilidades, así, se tornaban innumerables; al parecer, tan difíciles de resolver como la dura realidad que enfrenta Jonas a lo largo de su epopeya.

Por suerte, hubo dos creadores que supieron hacia dónde ir: hablo de Baran bo Odar y Jantje Friese.

Si bien hubiera resultado interesante un mayor énfasis en el mundo de Martha y en la vida del siniestro hijo suyo y de Jonas (aspectos que hubieran alargado varios capítulos sin perjudicar su calidad), lo que esperábamos con ansias se cumplió. Dark termina de forma satisfactoria, y con todo lo necesario para ser recordada durante años: una historia atrapante, un casting espectacular y una banda sonora memorable (a cargo de Ben Frost) entre muchas otras razones. La más grande virtud de Dark es, creo yo, que si la comparamos con un rompecabezas sería uno de piezas múltiples, dispersas y escondidas, que magistralmente van encajando. Sin dudas, una vez que conocimos el pueblo de Winden será difícil olvidar su atmósfera de misterio, sus rostros, rincones e historias.