De Salón

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Humor gráfico, música, radio, stand-up... El universo Sala se ríe de todo en forma descarnada, lúcida y grotesca. 


Por Jeremías Felioga

Fotos: Rocío Eliges

¿Siempre fuiste dibujante?
Me cuesta decir que soy algo. Como una cosa determinante. Pero claramente, como muchos de los que terminamos trabajando en revistas o haciendo cosas de dibujo, empecé leyendo. Siendo fanático de un montón de historietas y revistas, tanto nacionales como extranjeras. Siempre me interesó más la cosa individual del dibujo que lo colectivo del deporte.

¿Hubo algún click en tu vida que te llevó a definir dedicarte de lleno al humor gráfico?
Sobre fines de los 90´s hice un fanzine -el cual tuvo 8 números en dos años y pico- que se llamaba Falsa modestia. Hacía la tapa, el contenido, la abrochaba, la distribuía, la pagaba, todo. Y venía desde Mar del Plata a Buenos Aires a dejar revistas en las comiquerías. Empecé a meterme en el movimiento de los fanzines y a conocer gente; y ahí me di cuenta de que lo que uno hacía podía tener alguna circulación y cierto rebote. Es decir que no era solamente dibujar para uno mismo. De a poco empecé a tener participación en la escena under de la historieta.

¿Eso cambió un poco tu perspectiva respecto del trabajo individual por sobre el social?
Justamente los eventos, o las reuniones con otros dibujantes o amigos sirven para eso: para cortar un poco con la vida del dibujante, que es un embole total. Uno puede tener una situación divertida, de ponerse a escribir una historia, pensar chistes, etc., pero en la realización estás solo en tu casa o estudio - si tenés – con el culo en la silla muchas horas, autocebándote mate, escuchando música o radio. No charlás con nadie.

¿Y esos momentos los disfrutás?
A veces los disfruto. Cuando logro entrar en onda. Me pone nervioso tener que estar pensando en que tengo una reunión o cualquier otra cosa de laburo afuera. Si logro estar tranquilo y de buen humor, ahí puedo entrar en una onda luminosa y rendir. De otra forma es duro, porque no fluye. Supongo que es algo que se aplica a un músico o a cualquier artista.

¿Tuviste alguna formación?
Fue un 95% autodidacta. Estudié un tiempo en la Escuela de Artes Visuales de Mar del Plata, y fue una experiencia que no me terminó de cerrar del todo. No considero que haya aprendido cosas resonantes. La mayoría de los recursos gráficos, o de lenguaje de historieta, los aprendí como lector. Así como un músico pudo haber aprendido a tocar la guitarra de escuchar y sacar temas por sus propios medios. O un director de cine, que de tanto ver cortos, empieza a tener una cantidad de recursos, que después, aun sin proponérselo, los termina aplicando.

Mencionás mucho a la música, y en tus historietas es algo recurrente. ¿Cómo te llevás con ese mundo?
Me parece muy complementario. La música hace que las historietas respiren. Ir a ver bandas en vivo o subirse al escenario y hacerse (hacerme) el músico es salir un poco de la zona de impunidad y relajación de tu casa y del dibujo sin poner el cuerpo. Todo lo contrario de lo que es tocar en vivo. Después participar en medios como el suplemento NO en Página 12, la Rolling Stones, Inrockuptibles u otras revistas independientes, que tienen que ver mucho con ese universo y las bandas de rock nuevas.

Además de dibujar, hacés música, radio, stand up…
Sí. Me interesa que haya una especie de cuerpo, en donde me pueda mover en esas áreas, y que todo se complemente. A veces me pasa que me pongo “cabeza de radio” o “cabeza de dibujo”. O me pongo a pensar ideas para el teatro. Con el uruguayo Ignacio Alcuri hacemos Sonido bragueta, que es un espectáculo que mezcla un poco de radio, música, stand up, improvisación…sin ser ni actor, ni músico, ni nada. Siempre jugando con eso: es un lugar al que no pertenecemos. Capitalizamos el nervio de tener mucho margen para improvisar en el momento.

Tus tiras siempre están al límite: lo escatológico, el humor negro, lo sexual… ¿Cómo manejás esos límites?
Mucho no lo manejo. La mayoría de los medios en los que participo haciendo tiras no tienen demasiados problemas. Seguramente si hiciera una tira en la contratapa del diario La Nación o Clarín, claramente tendría que hacer otra cosa.

Es decir que no te autocensurás.
No. Pero a veces pienso “esto me lo van a devolver”. Por ejemplo, ahora estaba bocetando un chiste con respecto a la misteriosa enfermedad del Indio Solari. Pero como es un tema sensible, de una figura muy icónica, ya estoy oliendo que la mirada editorial me puede decir que me fui al carajo. Lo que hago es tener un chiste B, por si este viene de vuelta. Pero la verdad es que casi nunca me pasó.

Sin embargo te metés con figuras icónicas. Con Charly García tenés una especie de fetiche.
Sí, con varios. El Indio, Cerati, Spinetta… De muchos de ellos soy fan. Sobre todo de Spinetta. Y Charly es muy inspirador, es una especie de galaxia que le podés entrar por un montón de lugares. Por lo musical, por lo estrambótico, por lo mediático, por lo político, por lo simbólico. Es infinito. Son tipos que seguramente tengan mucho más humor que sus propios fanáticos. A veces el fundamentalista es el seguidor, no el propio músico. Cuando aparece esa cuestión militante, como “La misa ricotera”, en donde el público se convierte en soldado del artista, para mí se aleja de la idea del rock, que justamente es “hacé lo que quieras”. No me gusta cuando es algo institucional, dogmático… como el típico grito de “que se muera Cerati” o “el que no canta para qué carajo vino”. Ahí no hay ironía, ni humor, es denso al pedo.

¿Tuviste algún problema legal con alguna tira?
Hubo un escándalo importante hace 3 años con un personaje que se llamaba David Getho, una parodia a David Gueta. Hice un chiste muy boludo jugando con Gueta-Getho y tuve una denuncia penal, acusación de antisemitismo, millones de cosas recontra jodidas, pero tuve mucho apoyo de toda la escena de dibujantes y periodistas.

Si eso lo hubieras hecho en La Barcelona no pasaba nada…
Totalmente. Se dio todo junto. Era un momento de mucho enfrentamiento entre Página 12 y Clarín, era Enero y no había noticias ni contenidos. Era ideal como para llenar canales, radios, diarios… La nota del día: “El dibujante antisemita”. Después los debates de “¿se puede joder con todo? ” y cosas como “ojalá que tengas familiares desaparecidos a ver si te dan ganas de hacer chistes con eso”. También fue una torpeza de mi parte, claro. Justo era el aniversario de la Shoá (holocausto Judío), cosa que no sabía.
Hay mucha gente que no sabe quién es uno, ni sabe de historietas ni de humor, ni el contexto en el que uno se mueve. Nunca me había tocado vivir algo así.

En relación a tu trabajo ¿Cómo te manejás con la comunicación instantánea de las redes sociales?
Yo vengo de hacer fanzines en los 90´s, ir a ferias, poner la revista en un tablón… Hoy hay una vuelta a eso, al papel, a la autoedición… Y también eso convive con la cosa instantánea y súper accesible de la red social o el blog. Son cosas complementarias y está buenísimo. Me parece una gran herramienta para dar a conocer material que después tenga su versión física. Se potencian. Quizás me hace ruido cuando alguien me dice “tenemos una revista” y cuando la quiero ver resulta que es digital. Para mí la revista es en papel , me cuesta relacionarme con notas largas en pantalla.

¿Qué influencias tenés de dibujantes?
Son 2 etapas. En la juvenil me volvía loco con Jan, un dibujante español que es una leyenda multipremiada. Hacía un personaje que se llamaba Súperlopez. Acá llegaba mucho material español de la editorial Bruguera, y era realmente muy zarpado para la época. Una irreverencia que acá no se veía: Hijitus, Patoruzú, Isidoro… era todo mucho más conservador. El personaje noble, la cosa moral: Isidoro tomaba Whisky y Patoruzú se lo sacaba. Lo que llegaba de España, aún con los controles que había por el franquismo, eran cosas salvajes, lisérgicas. Acá estaba como única excepción la Humi, que era como la Humor para chicos. Carlos Trillo, Carlos Nine, Grondona White, Ema Wolf… Un montón de gente muy impresionante que hacía cosas para adultos, en este caso hacía cosas para chicos. Era una revista con un vuelo y una locura que estaba a años luz de Billiken y Anteojito. Por supuesto no pudo trascender porque era un error, una especie de parásito en el mundo de las revistas. Había por ejemplo una historieta que se llamaba Humberto y Garrapié, de Carlos Nine (que es el mismo que hizo la tapa del Ángel gris, de Dolina y muchas tapas de Humor), que era totalmente personal, grotesco y deformado, casi que daba miedo. Ese universo no tenía nada que ver con el “bonito infantil”. Ahí empezó a aparecer y a interesarme la monstruosidad y lo grotesco. Después autores como Robert Cram, que es la gran influencia de los dibujantes humorísticos. Es el que quiebra todo, un contracultural.

¿Tenés algún método para dibujar?
Pienso ideas y las anoto en cuadernitos. Siempre estoy comprando cuadernos de 3 pesos. Soy muy desprolijo, tengo decenas de cuadernos que no están identificados, y cada vez que quiero buscar algo es un quilombo. No tuve la genial idea de numerarlos o ponerles fecha. Una vez que tengo los apuntes básicos y la idea pensada, voy al original. Hago una base de lápiz y después tinta china.

Fuera de la historieta ¿qué cosas te divierten?
Me divierte de una forma medio depresiva la literatura de Mario Levrero. Desde el año pasado estoy muy relacionado con lo uruguayo. Un poco motivado por mi amigo Ignacio Alcuri, que es un groso del humor montevideano. Después me divierte mucho el humor fóbico, tímido, antisocial, monstruoso. No tanto el humor de chistes, sino más de observación pura. También me puede divertir una película de Will Ferrell o de Jim Carrey. No pienso que haya que consumir solamente una cosa: desde Monty Python a la vieja que se cae. No tiene que ser de calidad algo para hacerte reír.

Hay un boom de películas de Súper Héroes. ¿te gustan?
Nunca me interesaron particularmente los Super Héroes. Leí cosas muy puntuales como Watchmen o Dark Knight de Frank Miller. Cosas más de autor y adultas de Súper Héroes icónicos. Pero todo lo relacionado a Marvel y esas cosas grandilocuentes nunca me interesaron un carajo. Y las películas tampoco. Solo importa que cada vez haya más, la acumulación. Si eran 4 Guardianes de la Galaxia, en la próxima serán 7. Y si había 2 malos, en la siguiente habrá 4. Y mientras más personajes tenés, menos podés desarrollar a cada uno. Se reduce a esa acumulación y a más efectos. Pasa también con otro tipo de películas: Un loco suelto en el Zoo, el afiche son 70 actores, modelos, personajes de la tele…Mientras más actores o caras tiene es más chota. Porque si te tienen que vender “están los 3 de acá, el noticiero, 4 modelos, 5 monos, 6 travestis, 7 rolingas…

¿Y Sin City?
La 1 es simpática (la 2 no la vi, dicen que es muy mala) al menos intenta respetar el espíritu de la historieta.

Ahí hay otra discusión: ¿la versión en cine de una historieta debe ser fiel al original?
yo creo que son lenguajes diferentes. Por ejemplo, en la película Watchmen, el director trató de ser tan fiel y tan meticuloso en calcar escenas del comic, que termina siendo forzado. Son dos artes distintos, no tienen porqué ser iguales. En ese sentido, me gusta el caso de Hellboy. El autor -Mike Mignola- está involucrado en el proyecto, y es fiel al personaje, pero hace otra cosa: cambia el tono. Es mucho menos sombrío y caótico, lo convierte en un antihéroe. Las mejores adaptaciones de historietas a películas no son de superhéroes. Mortadelo y Filemón, American Splendor y Ghost World son las que más me gustan. Hay una frase muy pelotuda que se repite hace mucho: “la historieta es cine pobre”; o “la historieta es literatura dibujada”. Y no es así: son 3 cosas diferentes. Tampoco creo que la historieta sirva como “vehículo de entrada a la literatura”. Como si fuese un anzuelo para que un pibe lea. La historieta puede ser buena o mala como cualquier cosa, pero es algo en sí misma. Con sus propias reglas y dinámica.

¿Y el concepto de Novela Gráfica?
Gran chamullo. Es como hablar de “Rock Indie” o “nuevo cine argentino”. Son slogans que necesita poner la crítica para caracterizar algo. El tema es que el concepto “Novela Gráfica” no incluye la palabra “historieta”. Que es la palabra culposa, peyorativa. En cambio la palabra “novela” tiene mucho más estatus.

¿En qué cambió tu trabajo desde que vivís en Capital Federal?
Ya hace cuatro años que vine de Mar del Plata. Los tiempos son otros. Es todo muy consumidor. Duermo peor, tengo estímulos diferentes. Todo eso influye de manera inconsciente en mi laburo.

¿Y qué recomendarías de Mar del Plata?
Mar del Plata es una ciudad muy injusta y extraña con lo cultural. Todo lo que no sea “la cultura oficial de Mar del Plata” (Midachi, Carmen Barbieri, Casino, Pimpinella, la playa) queda relegado a un microcircuito, que tiene muy pocas chances de sobresalir. Te diría que hay dos cosas que rompen esta regla: uno es el Trimarchi, que es un evento enorme de Diseño Gráfico. Y el otro, es el Festival Desde el Mar, que está gestionado por la banda Luz París, una banda de rock atmosférico, sónico, experimental. Empezaron a armar una escena con bandas con una curaduría, una intención y un montón de cosas que no es solamente ir a ver tres bandas en un pub. Es una preocupación por crear una escena en Mar del Plata. Con recorrido, publicaciones y movida.

Preguntas PORQUE SÍ

5 discos de Rock Argentino
1- Espiritango (Los Visitantes)
2- La La La (Spinetta-Páez)
3- Fuga  (Peligrosos Gorriones)
4- Mar  (Leo García)
5- Viva Elástico  (Viva Elástico)

5 discos internaciones
1-Rain Dogs (Tom Waits)
2-Like Swimming (Morphine)
3-Doolittle (Pixies)
4-Daisies Of The Galaxy (Eels)
5-Ortopedias bonitas (Manos de topo)
Bonus Track: Hermano te estoy hablando (Jaime Roos)

Banda ideal
Voz: Palo Pandolfo
Guitarra: “el guitarrista del El Mató un policía motorizado” (no especifica cuál)
Bajo: Federico Ghazarossian (Acorazado Potemkin)
Teclados: Juan Condorí (Viva Elástico)
Batería: Willy Iturri (cuando tocaba en GIT)

Banda o solista que te haya marcado en la adolescencia
Miguel Mateos

banda o solista que te moviliza actualmente
Sr. Chinarro

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