Dos días, una noche: La clase obrera en tiempos actuales

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Por Melisa Olivera

Los hermanos Dardenne se destacan por dirigir películas atravesadas por el eje de la clase obrera y el mundo del trabajo. En Dos días, una noche, narran la historia de Sandra,  una mujer con problemas de depresión que depende de sus compañeros para mantener su puesto en el trabajo. Lo interesante de esta producción es que muestra, con el relato individual  de esta obrera, la configuración inhumana y salvaje del trabajo posfordista en el capitalismo tardío. Y además de ofrecernos esa crítica, nos muestra una historia en  donde el trabajo es aquel lugar donde las personas en sociedad conviven, crean lazos, y se puede llegar a pensar en la solidaridad y en la unión como una forma de combatir las injusticias del mercado laboral.  

Sandra es una mujer que ha conformado una familia y trabaja en una empresa de paneles solares. Debido a  la competencia a nivel mundial, la empresa debe hacer recortes en el personal para poder seguir sosteniendo la rentabilidad de sus productos. Ella es la más vulnerable a ser despedida por sus antecedentes médicos. Sin embargo, lo que la medicina dice de su ser, de su estado débil, es todo lo contrario a lo que demuestra a lo largo de la película; la fortaleza que toma para ir decididamente a recuperar su trabajo y convencer a sus compañeros en un fin de semana. La historia deviene en un recorrido de superación de la protagonista, quien además descubre las distintas realidades de sus colegas a medida que los visita.

Dos días, una noche es una película que desde lo técnico abarca la subjetividad de primera mano, con muchos primeros planos y planos secuencia que siguen a la protagonista. Y sobre todo, es un film que trata la espacio-temporalidad de una manera particular, siendo entonces una experiencia de recorridos constantes y a contrarreloj, reflejo de nuestros tiempos que corren. El tiempo y el espacio son dos categorías que se construyen a partir de la protagonista y sus acciones.

Traigo a conocer esta película por simples motivos; nuestra realidad de hoy en día, en nuestro país. A raíz de la globalización económica, el capitalismo que busca la mayor rentabilidad, los trabajos poco estables, la relegación de las responsabilidades a los empleados por el destino de sus compañeros, la desintegración de la idea de la simple relación obrero-patrón para pasar al sistema de “equipo”, en donde las jerarquías se vuelven difusas pero se sostienen con más firmeza que nunca, la clase obrera sigue siendo explotada de la manera más brutal posible y ahora también carga con la responsabilidad de sus empleadores.  Dos días, una noche es un film perfecto para reflexionar acerca del mundo y de la situación que vivimos con respecto a la precarización laboral y sus consecuencias. Y lo importante que es aliarse con las personas que viven la misma situación que nosotros; ejercitar la comprensión y la empatía; poder enfrentarnos a aquello que nos inquieta para poder sostener nuestras vidas. Nos muestra la necesidad de la unión de los trabajadores y la sororidad, para poder construir lazos genuinos y rescatar algo de humanidad dentro de esta economía sistemática y robótica.

Los Dardenne logran un gran trabajo en esta película, que en el 2014 se ha valido de varios premios por su capacidad de sensibilizar a través de la cámara y de sus planos, sus momentos justos para el soundtrack, la sencillez y naturalidad con la que relatan una historia cotidiana. A su actriz principal, Marion Cotillard, le significó una nominación al Oscar por su impecable trabajo.

Por todas estas razones, Dos días, una noche, es una película digna de ver en estos tiempos violentos que corren.

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