Edipo, mendigo del Once

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Todos los sábados, en el Patio de Actores, el director y autor Jorge Huertas propone una
original relectura de una tragedia griega.

Por: José Francisco Caballero

Edipo en Colono fue una de las últimas obras de Sofocles. La escribió poco antes de morir. Se trata
de la tercera obra de una suerte de trilogía que se completa con Edipo Rey y Antígona. Sin embargo,
aunque fue la última en ser escrita, la historia que narra, cronológicamente, se ubica en el intervalo
de tiempo que transcurre entre aquellas dos. O sea, que podría considerarse una secuela de Edipo
Rey. O una precuela de Antígona. O, más acertadamente, una entrecuela de aquéllas.
La historia de Edipo Rey, la primera obra, más o menos es conocida por todos. Edipo zafa de la
muerte ordenada por sus padres, los reyes Yocasta y Layo, y con el tiempo mata a su viejo y se casa
con su madre, aunque en ambos casos ignorando su vínculo de sangre. Y, cuando se da cuenta, se
arranca los ojos desesperado.
Menos conocidas son sus continuaciones, especialmente ésta que, sábado a sábado, es presentada en el Patio de Actores (Lerma 568, Buenos Aires), con un enfoque muuuuy libre, prácticamente una
reescritura en la que Edipo, ya ciego, deambula la “polis” de Buenos Aires, suplicando la
solidaridad de los porteños con la ayuda de su hija Antígona, que le hace de lazarillo. “Radicado”
en la Plaza Miserere, interactúa con transeúntes y vecinos, entre los cuáles está el mismísimo
Bernardino Rivadavia, cansado de que su mausoleo sea el blanco preferido de los orinadores del
barrio, entre otras cosas. La presencia del primer presidente argentino es aprovechada para hacer un repaso de la auténtica tragedia de esta obra: la historia argentina. Desde el nacimiento de la deuda externa, con el tristemente célebre empréstito Baring contraído por el mismísimo Rivadavia, hasta la Amia, Cromañón y los 51 pasajeros muertos en la estación de Once son analizados y debatidos por los personajes (en especial por la rebelde Antígona) en la víspera de año nuevo, la última noche de la vida de Edipo, según las profecías.
La puesta en escena, absolutamente despojada, no tiene más escenografía que unas pinturas en el
piso, pero invita y consigue que los espectadores agudicen su imaginación para entrar en la historia,
viendo lo que no se ve y aceptando, cambios de vestuarios y maquillajes en escena mediantes, la
entrada y salida de nuevos personajes, interpretados con eficacia por el mismo grupo de talentosos
actores.

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