El amor brujo: una novela sobre el matrimonio

Por Martín Fariseo

Quien haya leído al increíble escritor Roberto Arlt va a coincidir conmigo cuando me atrevo a decir que, dentro de la sociedad argentina de los años ’30, y dentro del estrato social al que pertenecía este hombre, nadie llegó a ser tan profundo, incisivo y desafiante al cuestionar todas las ideas y costumbres de ese momento. También van a coincidir los lectores en que, en general todos los personajes de Arlt son en algún aspecto unos fracasados.

Los monólogos que logra enunciar a través de sus personajes principales (por ejemplo, Remo Erdosain en Los 7 locos, Silvio Astier en El juguete Rabioso y Estanislao Balder en El amor Brujo) son únicos en el género literario. Cargados de una profunda angustia, son reflejos fieles de la realidad de mucha gente de la época. Quizás será eso lo que nos acerque tanto a Roberto Arlt, esa familiaridad con los personajes que éste crea, esa coincidencia e identificación que sentimos al leerlo.

El amor Brujo es la última novela que escribe este genial literato. En esta historia, Arlt va a introducirse a fondo en la vida de un hombre llamado Estanislao Balder; un tipo casado, que trabaja de arquitecto y tiene una situación económica medianamente cómoda.

El personaje va a conocer a Irene, una muchacha de dieciséis años de la que se va a enamorar profundamente y a la cual va a intentar conquistar. El arquitecto va a comenzar a encontrarse furtivamente con ella, en distintos lugares de la ciudad de Buenos Aires. En el desarrollo de la historia se van a empezar a vislumbrar los típicos prejuicios de esa época, las costumbres y los “actos de educación y respeto” entre hombres y mujeres. El protagonista va a llevar una relación con la muchacha de pura transgresión.

En esos tiempos, las muchachas solteras, celosamente vigiladas por sus madres, jamás podían relacionarse de ninguna forma con un hombre casado. Si algún hombre quería empezar una relación con una muchacha debía presentarse ante la familia de ella y acatar sumisamente las imposiciones del padre y de la madre, y luego casarse antes de tener cualquier tipo de relaciones sexuales. Sin embargo, Irene parece una chica transgresora que de a poco va a ir cediendo algunos permisos a Estanislao. La muchacha cuenta con la complicidad de Zulema, una amiga de su familia que va a ayudarla a hacer posibles los encuentros con el protagonista.

Zulema es también una mujer casada que parece hacer lo que quiere en su vida, y el marido de ella aparece retratado como un pobre perejil cornudo. El conflicto va a llegar cuando la madre de Irene se entere que su hija está teniendo encuentros con un hombre casado.

La señora de Loayza (así se hacían llamar las mujeres en esos tiempos, interesante pensar que para ser, tenían que tener el “de” en el apellido, como símbolo de objeto perteneciente a un hombre de buen linaje) se opone totalmente y confina a la hija en el hogar familiar para proteger el buen nombre su difunto marido.

Es entonces cuando Estanislao Balder va a decidir ir a presentarse personalmente para pedir permiso para iniciar relaciones con la muchacha. La novela está cargada de monólogos profundos y cuestionadores que realiza el protagonista. El tópico más notable en estos soliloquios va a ser el del matrimonio y sus consecuencias.

Estanislao está casado pero parece no sentir nada por su esposa, y tampoco parece interesarle mucho el destino de su hijo. Sin embargo, jamás la abandona y continúa viviendo con ella, y ante cualquier pregunta, el “está por separarse”. Todo el tiempo vamos a ver como Balder critica con sorna las típicas familias bien, y cómo cuestiona el famoso “camino de la buena vida” que deben tener los hombres de familia. El sexo en el matrimonio, las visitas a los prostíbulos y a las mujeres de la “mala vida”, los abortos ocultados con hipocresía por todas las personas de esa época, la importancia, (o no), de la virginidad antes del matrimonio.

Lo que causa risa es que Estanislao dentro de esas críticas no se incluye a sí mismo y sin embargo, gran parte de los actos que repudia los comete el mismo. Esta omisión, según mi opinión es fundamental para separar un poco al lector de esa empatía que llegamos a sentir por los protagonistas. Por todo esto, recomiendo esta novela. Algo diferente a sus novelas anteriores, un libro profundo que hasta el día de hoy tiene mucha vigencia. Vamos a encontrar una historia entretenida y completa.

Recuerdo haber tardado en conseguir este libro, y cuando comencé a leerlo, no podía parar ni un segundo, me pasaba de largo en el colectivo para terminar un capítulo, y cuando fui llegando a su final empecé a sentir nostalgia, porque sí, porque había revelado el último tesoro de Roberto Arlt, y claro, me hubiera encantado que la magia continuara.

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