El silencio que es música y el sonido que no lo es

Por Rodolfo Lema

Cuando una idea, resultado de la creación y estímulo cultural, es propuesta al mundo por una persona de manera impulsiva, expresada por condiciones estéticas, placenteras, necesarias o políticas naturales, la misma automáticamente se ve expuesta a ser discutida, debatida, refutada y reformulada las veces que sea necesario por las diferentes ópticas, posturas e ideas del entorno social de dicho sujeto, con el afán de llegar a nuevas condiciones que enriquezcan la esencia que la impulsó.

La música es conocida universal y simplemente como «el arte de combinar silencios y sonidos en el tiempo».
Silencios y sonidos.
Sonidos cómodos y silencios que hacen sentir.
Silencios y ruidos.
Ruidos y voces.
Voces que se hacen oír y ruido blanco.
Ruidos que no se soportan y voces que se callan por su veracidad.
O ruidos que pueden decir y voces que no dicen nada.
Esta, varias veces se ha visto y se ve atravesada por esta pequeña e importante cuestión. Pequeña para algunos e importante para los que la consideran sublime y transformadora.

La música ha de ser una sola, es decir que en la notación occidental son siete notas y cinco alteraciones, que combinadas en todas las formas posibles, acordes, escalas, el sin fin de sonidos sin alturas definidas, armónicos, duraciones, intensidades, timbres y texturas da como resultado la vasta cantidad de música que se conoce, que hay por conocer y por crear. Al ser una sola siempre se puede comprender este tipo de lenguaje por sus distintas formas de inventarlo y reinventarlo, por su manera de decir, de intentar comunicarse expresando una realidad concreta o transformándola con su vuelo sonoro y poético.

A lo largo y ancho de la historia del globo se la ha manifestado como presagio o plegaria, como mantra o agradecimiento a los dioses, como expresión de la identidad de las culturas, en forma de protesta, arraigada siempre con el crecimiento espiritual y social más sensible y profundo. Se han configurado y fusionado estilos, tumbados y patrones resultando nuevos, aspirando a nuevos conocimientos, el entendimiento de las emociones y concepciones históricas. Desde pianistas y orquestas encarnando y poniendo en notas el dramatismo de la vida entreteniendo a la aristocracia europea, hasta tribus africanas percutiendo y las cadenas de los esclavos norteamericanos volcándose en blues y jazz negro.

Desde creación del bandoneón como órgano de iglesia portátil en Alemania a su traslado en barcos acompañando marinos mercantes e inmigrantes para llegar a convertirse en "el" instrumento del fenómeno callejero y popular de la cultura porteña.
De aquí, la importancia de mantener, honrar y adoptar la esencia de la investigación y la creación colocándola en un lugar donde resulte un símbolo de entendimiento de las culturas con sus enigmas. Oírla, sentirla, pensarla, debatirla y llevarla al plano cotidiano para, día a día, forjarla un símbolo sanador del alma, generador de nuevas ideas y de relaciones más fructíferas.

El proceso intenso e interesante se da justamente cuando se abre ese panorama de expresiones y se la piensa más allá de las fronteras autoimpuestas. El encasillamiento de los estilos produce lo contrario (el encierro, las limitaciones, el estancamiento). Y ante la profundización de este encierro se avoca la atención y el eje a cosas que van dejando de tener que ver con el conocimiento y el enriquecimiento apasionante del proceso de liberación.
¿Qué pasa cuando un interés que no hace a la riqueza espiritual y psicológica interviene y tergiversa  el proceso dialéctico? ¿Es común suponer que donde el billete mande, todo acto de creatividad genuino tarde o temprano se vuelve en consecuencia del valor que lo demanda?

Así como la música siempre estuvo ligada a entretener y a ser decoradora, lo que sucede es que puntualmente se crean estereotipos sobre estilos como monstruos virtuales y ficticios que siempre limitan el conocimiento y las posibilidades con el fin de estupidizar o correr el eje de lo esencial, lógicamente empobreciendo con fines netamente monetarios. He aquí los aparatos formados en función de lo dicho. El ingenio a disposición de la comercialización y perpetuación de los estándares.

Si la definición de Marketing nos habla de la "disciplina dedicada al análisis del comportamiento de los mercados y de los consumidores" se entiende que éste analiza la gestión comercial de empresas con el objetivo de captar, retener y mantener fieles a los clientes a través de la satisfacción de sus "necesidades".
Seguramente permitido por las masas colectivas retroalimentadas por una demanda dibujada, y encarnado como una problemática social se crean entidades, instituciones, actores, figuras públicas y personajes impuestos por el aparato con una imagen completamente exitista, con estilos de vida "exóticos", "delirantes" que tienen más que ver con un festín modelo (de selecta exclusividad), que con un verdadero proceso creativo musical. Y hablando de verdadero, lo verdaderamente peligroso se da cuando estos personajes utilizan inteligentemente como herramientas ciertos conceptos verdaderos para llevarlos a un plano comercial, consumista, efímero, que los despoja de sus valores genuinos y transformadores.

Habrá que respirar y tomar sin miedo ni prejuicio el ejemplo de aquellos que valoran y valoraron la expresión ante todo, resisten de la mejor manera siendo fieles a sus principios, llevándolos adelante digna y exitosamente. Aunque haya gente que nos quiera hacer creer que son pocos, o se los niegue sistemáticamente. A fin de cuentas -aunque no lo parezca-  el "todo acto de creatividad genuino" (antedicho) es más peligroso que cualquier estereotipo, y los ruidos que puedan decir resultan más naturales y tangibles que las voces que no dicen nada.

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