El VHS al palo

Por Melisa Olivera

Si hablamos de películas un tanto extravagantes, con giros inesperados de trama y hasta incluso tiernas, no podemos dejar de referirnos a las dirigidas por Michel Gondry, un director francés conocido por realizar Eternal Sunshine of the Spotless Mind y La Science des rêves. Es que Be kind, rewind,  no se queda atrás de sus otras obras y es igual de extraña, rebuscada e imaginativa que el resto. Sin miedo a que la trama pueda parecer un poco tonta, nos encontramos con una película divertida y peculiar.

Jack Black es reconocido por hacer papeles cómicos, en el que se confunden su actuación con su verdadera personalidad. Sin embargo, en la película representa a un hombre bastante raro llamado Jerry, que vive en una casa rodante cerca de una central eléctrica la cual según él, intenta derretirle el cerebro. Su pasatiempo favorito es ir a una anticuada tienda de videocassettes que es atendida por un paciente personaje interpretado por el rapero Mos Def; quien parece ser el único que le tiene compasión a este demente en el barrio. La tienda se cae a pedazos y se queda atrás en el tiempo con la aparición de los DVDs. Lo único que mantiene viva esa ciudad casi fantasma es la leyenda de un músico famosísimo, al que todos respetan y admiran.  El dilema de la película empieza cuando Jerry intenta sabotear la planta eléctrica y queda magnetizado; al día siguiente visita la tienda de videos y accidentalmente magnetiza las cintas de las películas. Lo que ocurre luego del incidente es que una clienta recurrente pide el videocassette de un film: Ghostbusters. Debido a que las películas están borradas, la mejor idea que se les ocurre a esta dupla disparatada es regrabar las películas o “suecarlas” en términos del personaje de Black; reconstruir las tramas protagonizadas por ellos, con disfraces y utilería de muy bajo presupuesto. El video “suecado” de Ghostbusters gusta y de ahí en más la tienda revive a partir de esta jugada arriesgada, haciéndose populares sus versiones de diferentes clásicos entre los clientes de la tienda.



Quizás, pese a su alegre trama de comedia, el final de la película es agridulce. Suele ser marca registrada en las historias de este director, quien a través de personajes simpáticos y un tanto marginados, logra crear un relato creíble, con algún que otro elemento de “realismo mágico” por decirlo de alguna manera. Sus desenlaces nunca dan respuesta, o solución al conflicto que se presenta, sólo nos recuerda de buscar las cosas buenas en lo malo. Nos da a pensar en la vida como algo que (casi) nunca sale bien, pero que sin embargo vale la pena por aquellos que nos rodean, por encontrar la solidaridad en el otro. En este caso, por hacer que a través de algo ficticio se pueda construir algo tan real, de un barrio fantasma un pueblo unido aunque sea por la esperanza de que en algún momento los problemas se solucionen.  Porque es eso lo último que se pierde.  

Comentarios

comentarios