El campo y la ciudad retratados desde una ventana de Almagro

juli primera foto

Por Martín Fariseo y Jazmín Felioga
Fotos de Marina Di Toto y Jenny Capurso

Actualmente, no todos los días te encontrás con bandas que te vuelan el bocho. Pero cuando conocés algo nuevo que realmente te gusta, no podés dejar de escucharlo. Fue así, con una emoción tremenda, que se nos ocurrió entrevistar a Julio Cesar Lucero, quien, con su guitarra versátil, canta sus hermosas canciones acompañado de Andrés Vidal en bajo y Fer Bernstein en batería. Juntos toman el nombre de Cisne Elocuente.

Pero este ecléctico músico de 25 años entró a nuestras vidas un tiempo antes, cuando con toda la potencia de su voz, era el líder de Josefina y Yo, una banda de swing-country (así se definieron ellos) oriunda de La Plata, que un día nos sacudió en plena tarde dominguera del Parque Centenario. Desde ese momento, acaparó nuestra atención.

La cita para la entrevista fue un domingo lluvioso. Al principio iba a hacerse en el Parque Rivadavia, pero dadas las condiciones climáticas, terminamos en la Tienda de Café de Beauchef y Rosario. De esa forma, en casi dos horas, lo bombardeamos a preguntas. Él respondió a todas con una claridad y amplitud impecables. Con ustedes, Julio Cesar Lucero.


Jazmín Felioga: ¿Cuál fue tu primer contacto con la música?

Mi primer contacto con la música fue en Mar del Plata. Somos 5 hermanos y yo soy el más chico, mi viejo siempre tuvo en casa una guitarra, que era una cosa medio tabú, no es que no se podía tocar, pero era tan hermosa que costaba llegar a ella. Estaba atrás de un sillón, en un estuche espectacular, vos la abrías y tenía olor a guitarra acústica. Mi viejo no tocaba la guitarra, pero cada tanto, por ahí después de cenar, o en un momento en especial, agarraba y tocaba lo que él sabía. Le atraía mucho el tema musical. Mi vieja dice que cuando yo nací, él me llevo a el moisés, y me ponían tango al palo. Tenían un equipo de los ’80, de esos gigantes, con una consola potenciada PIONNER. Mi papá siempre tuvo la colección de Rock Nacional, esa la famosa, (creo que es de Clarín), y yo la fui destruyendo de a poco cuando fui creciendo. Agarraba los discos, los mezclaba, los iba escuchando, los ponía en cualquier caja, ¡se la terminé haciendo de goma a la discografía esa! Pero todo lo que yo aprendí de esa cantidad de discos fue lo que me llevó a tomar una cierta corriente en lo que es mi música, yo siento, (y además mucha gente me lo dice), que mi música tiene algo muy de acá, muy nacional. Es un poco lo que yo busco trasmitir por lo que significó para mí esa música, yo escuchaba Los Abuelos de La Nada, Spinetta, Charly, LittoNebbia, Pappo y sentía que era algo que no sucedía en otro lado. Y después, a los 6 ó 7 años mi hermano Fede, que es el más grande (tiene 7 años más que yo),  empezó a tocar la guitarra de mi viejo, tenía amigos con los que se juntaba a tocar, o iba a fogones. Y yo lo veía a mi hermano, que era como mi ejemplo a seguir y me volvía loco, quería ser como él,  traía guitaras a casa, y yo las agarraba. Me acuerdo de una que trajo, una guitarra eléctrica negra a la que le faltaban cuerdas, en una bolsa de consorcio, porque no tenía funda, la dejó arriba de la cama y se fue. Y yo empecé a tratar de imitar con mis manos las posiciones que él hacía, y yo ahí dije: Quiero ser músico.  Después mi viejo cuando nos fuimos a vivir a Neuquén, yo tenía 8 años, me vio muy entusiasmado con eso y me anotó en un profesor.

Martín Fariseo¿Por qué decidiste venir a vivir a la capital?

Yo siempre tuve el sueño de vivir en Capital Federal. Cuando era chiquito iba a la escuela en Miramar, y ahí te enseñan lo que es la capital del país y cuando te empiezan a introducir en cultura, en música, en tango, en mi cabeza empezaron a generarse ciertas imágenes y arquetipos.  Y ahí empecé a entender que la cosa era en Capital.

En una de las clases de guitarra, mi profesor me avisa que iba a venir Eric Clapton, que no lo conocía mucho, en ese momento tenía aproximadamente 9 años, pero me iba metiendo en el blues. Entonces me dijo que él junto con otros profesores iban a ir y que, si de alguna forma pudiera, le dijera a mi viejo que me llevara a verlo. Yo se lo pregunté y me dijo: “vamos a ver qué onda con la plata”… Y a la semana cayó con la entrada… ¡Yo no lo podía creer! ¡Mi primer recital, y en Buenos Aires aparte! Mi viejo me llevó, me acuerdo que dimos unas vueltas por el Centro, fuimos por Florida. Con eso me bastó para entender lo que era la ciudad, la locura de este lugar. Todo lo que me había proyectado era cierto. Me acuerdo que en el recital tocó Memphis La Blusera, La Mississippi, y después Eric Clapton

J.F. :¿Recibiste apoyo de tu familia cuando les dijiste que querías dedicarte a la música?

Siempre está el momento, cuando uno tiene 16 ó 17 años en que empieza a pensar qué va a estudiar. Lo único que yo sabía hacer bien, o más o menos bien, era la música, y mi viejo me bancaba en esa elección. Después me empezó a entrar la duda de si iba a poder vivir de eso. Ahí empecé a delirar y pensar en Abogacía, o Medicina. Y cuando le dije eso a mi viejo, casi me tira un plato por la cabeza. Siempre tuve el aguante de mis viejos, me bancaban a la hora de poder comprar un instrumento, o de llevarme a tal lado para ir a ensayar, siempre me tiraron la mejor. Tuve mucha suerte en ese aspecto.

 

M.F. : ¿Cómo fue tu formación musical? ¿Cuánto de académica y cuánto de autodidacta?

Yo diría que más de autodidacta. Al principio fui con un profesor de guitarra, unos dos o tres años, y con eso sentí que había adquirido muchas herramientas para seguir solo, entonces empecé a sacar las canciones que más me gustaban, y eso me duró hasta los 15 ó 16 años, donde decidí volver a tener clases. Esto me pasó siempre a lo largo de mi vida, aprender ciertas cosas, y luego retomar las clases para aprender otras nuevas. Cuando cumplí 18 me fui a vivir a La Plata y fui a la Facultad de Bellas Artes, ahí estuve tres años y me di cuenta que la carrera no era lo que yo quería, en ese momento no me interesaba mucho. Pero me vino bien, porque estuve tres años tocando a pleno con Josefina y Yo. Y después de eso, me interesaba mucho el jazz. Entonces me vine a Buenos Aires para estudiar. Estuve con varios profesores de guitarra y aprendí muchísimas cosas. Yo escuchaba jazz y quería tocarlo, (todavía estoy en esa búsqueda), pero no podía descifrar bien lo que pasaba, entonces fui a la EMPA un tiempo, y ahora quiero rendir libre para entrar a la Carrera de Jazz del Conservatorio Manuel de Falla. Me atrae la idea de ser un cerebrito y romperme la cabeza encerrado. Soy bastante ermitaño, necesito tiempo a solas, estar tranquilo en mi cuarto, ya sea tocando, o dispersando mi mente leyendo. Y asumo también que me cuesta el hecho de ponerme a estudiar, y de ser ese cerebrito que yo anhelo. Eso va de la mano con que soy una persona que va mucho en la práctica, en salir a tocar. Mi carrera se basa mucho en la experimentación, de ir a tocar al parque, ver cómo reacciona la gente. Uno tiene que tocar, no creo mucho en esos tipos que ensayan tres años seguidos para dar un recital. Uno tiene que chocarse contra la pared, eso va de la mano con el aprendizaje. Después hay tipos que quieren otra cosa, o tocar para ellos, o dar clases. A mí siempre me encantó la idea de poder mostrar lo que yo hago, tratar de generar en otros lo que a mí me pasa con mi música, ver qué pasa con la gente, cuando me ve tocar ¿Les pasa lo mismo que a mí? ¿Transmito algo o no? Si no gusta lo que hago, trabajaré el día de mañana para que pueda generar algo, emocionar, hacer pasar un momento lindo a alguien. Me gusta mucho esa idea. Ya sea en vivo, o en un disco, que después escuches en tu casa y digas: “¡Uh, que bueno que está esto!”.

J.F. : ¿Quiénes son tus máximas influencias?

Bueno, como contaba antes, arranqué con los máximos referentes del Rock Nacional, Un poco al revés, porque por ahí para muchos lo primero son los Beatles. Yo los descubrí de grande. Y cuando fui adolescente, me pegó toda la movida del rock de los ’90 o 2000, el famoso rock chabón, al Pity lo escuché todo, Intoxicados, Viejas Locas. Los Redonditos de Ricota, por ahí Soda Stereo, es lo que estaba más cerca de nosotros, lo más contemporáneo. Luego de eso uno piensa “¿Y estos tipos, qué escucharon?”, y ahí fue cuando empecé a redescubrir a Charly, a Spinetta, que los escuchaba de chiquito. Y cuando los volví a escuchar, me puse a pensar quiénes los habían influenciado. Y ahí descubrí a los Beatles, que fueron los impulsores del auge del rock nacional argentino. No sé cuál fue mi primer canción, no sé si Yesterday, ya era la época de internet, y los busqué, y me dije: “¿Por qué no escuché esto antes?”. Y para ese mismo tiempo, mi viejo me regaló Artaud y un par de discos de Serú Giran y dije: “Esto es lo que yo quiero hacer”. Dejé de escuchar la música noventera, pero me ayudó mucho en mis primeras composiciones y tengo algo de eso todavía. Uno se va reinventando, va evolucionando, en búsqueda, y va escuchando nuevas músicas. Cuando me fui a vivir a Capital y empecé a escuchar mucho Jazz, que nunca había escuchado en mi vida, me volví loco otra vez. Mientras lo estudiaba, escuchaba a sus grandes referentes, el primero fue Django Reinhardt, bien del palo del Gipsy, ¡Así entré! Después los del bebop, Miles Davis, John Coltraine, TheloniusMonk, Charlie Parker, Y después descubrí a Chet Baker, todavía no puedo dejar de escucharlo. Es una de mis principales referencias, hoy en día escucho dos o tres cosas, y una de esas es este tipo. Wes Montgomery lo descubrí junto con Django, estaba buscando algo en el mismo estilo pero más nuevo, me parece un músico excelente, traté de robarle unas cuantas frases. Cuando vi videos de él, y lo vi tocando con el pulgar, toqué varios años de mi vida de esa forma. Esa fricción del pulgar con los acordes, los acordes tensionados, es algo que genera cierta sonoridad que no se puede lograr con una púa. Y después cuando fui a la EMPA, ya queriendo estudiar Jazz, me crucé con tipos como Ariel Goldemberg, guitarrista de ese estilo, que me parece una persona admirable, un crack, me lo encontré varias veces en la ciudad. Yo era un principiante, hacía el ciclo de formación en la EMPA, y un día pasé por una clase de él, y me quedé. Después el tipo me vio que yo acotaba cosas en las clases y me preguntó quién era y qué carrera hacía. Él daba clases para los ciclos superiores, y me dejó quedarme en varias de sus clases como oyente. Y al final de cada una de esas, yo le preguntaba algo, él agarraba la guitarra y me daba consejos. Me mostró ciertas técnicas con púa. Me acuerdo que fue él que me dijo que cada violero debe elegir con qué púa prefiere tocar, sacando un montón diferentes de su bolsillo. Me mostró una sonoridad que no había escuchado nunca, y me sirvió para aprender en el camino guitarrístico que yo estaba buscando. Y que aún busco.

JF: ¿Cuál fue tu primera banda?

Mi primera banda la tuve a los 9 años. Yo iba a profesor de guitarra en un instituto, de esa forma tenía contacto con otros pibes con los que compartíamos la música. Y ahí se gestó mi primera banda, que venía del palo noventero, Los Piojos, esa movida. Éramos un trío, dos guitarras y un bajo. Yo componía mis canciones, y ellos más o menos me las producían. Eran un poco más grandes, y venían un poco más avanzados. Yo tarareaba algo y ellos le ponían la armonía. Esa banda se llamaba Hijos del Rock. Tocábamos en el garage de mi casa. Duró poco tiempo. Después de eso, entre los 11 y los 15, estuve tocando solo, componiendo. Quería tener una banda pero no se daba. Hasta que en un momento por fin sucedió, formamos una banda de rock and roll que se llamaba La Vieja Suburbana. Duró bastante, hasta que yo terminé la secundaria. Esta fue mi última banda antes de irme a vivir a La Plata.

M.F. : ¿Cómo comenzó Josefina y Yo?

Josefina empieza en La Plata. En el año 2010, habíamos formado una pequeña banda que se llamada Títere Cartoon. Yo vivía en una pensión, en la que tenía una habitación muy pequeña, con forma de triángulo, entrábamos todos apretados y el tipo de la pensión vivía arriba. Yo metía una banda de 6 pibes ahí adentro, no me importaba nada, el tipo pasaba y tocaba la puerta, decía: “Che, ¿Qué onda?”, y yo le decía que tenía que rendir un parcial en un par de días. Estábamos todos ahí, fumando porro, ¡Era una locura! Queríamos tocar y nada más, y ahí se fue gestando Josefina y Yo. Títere se terminó, y al otro año alquilamos una casa con Bruno (el trompetista) y planeamos el proyecto ideal, el que era el tecladista (Vladimir) pasó a tocar la batería, el bajista seguía siendo Andres Vidal (Bajista de Cisne), Facundo Roda el guitarrista, Bruno Scaroni en Trompeta y yo en Guitarra, voz y composición. En verdad Vladimir era baterista, pero el papá no lo dejaba tocar o no quería que se dedicara a la música. Lo llamamos al viejo para pedirle que nos enviara partes de la batería desde su pueblo. Y con eso empezamos a tocar. Me acuerdo que estaba compuesta por el tacho, osea el tambor, el hi-hat y el pedal del bombo, set charleston. ¡Pero el bombo jamás nos lo mando! Yo tenía en mi pieza una mesita de luz que parecía un cajón peruano, con una puertita, y vos lo tocabas y sonaba parecido a un bombo. Y habíamos encontrado una silla tirada en la calle, esas de escuela. ¡Ya teníamos bata!

Después pudimos comprar una, nos endeudamos con el papá del trompetista, jamás pudimos devolverle la guita. Para esa época era mucha plata, la tarjeteamos. La casa en la que vivíamos la llamábamos “La Casa de Pandora”, arriba tenía un piso, un loft gigante, con 6 habitaciones, compartíamos con una chicas de Puerto Madryn y algunos integrantes de Josefina, ensayábamos todos los días. Los vecinos nos querían matar. Éramos la pesadilla de todo inquilino.

El estilo en el que prefiero ubicar a Josefina era Swing-Country, medio enajenado porque mi voz iba muy al frente, casi gritada. Era una cosa medio beatle, con swing de los años ’20. Y bueno, eso es porque los Beatles tienen algo de jazz, sobre todo McCartney, en obras como Rocky Racoon, Martha my Dear, o When i’m Sixty Four. Yo quería hacer esas canciones pegadizas, con un estilo bien de acá, con unas letras que contaran lo que yo podía vivir. Gran parte de las historias de Josefina son adolescentes y ficticias, porque jamás ocurrieron.

J.F. : ¿Cómo surge Cisne Elocuente?

Con Josefina habíamos hecho varias giras, la última en El Bolsón. Ahí, en un camping, empezamos a preguntarnos cómo iba a seguir la banda, sentíamos que veníamos muy bien pero teníamos que dar un paso más. Si nos seguíamos quedando a vivir en La Plata, no íbamos a progresar. Teníamos un amigo con casa en la capital, nos podía bancar un par de meses. Y nos lanzamos a probar, sabíamos que la banda le gustaba a la gente. Nos vinimos con Bruno (trompetista) y con Facu (guitarrista). El batero y el saxofonista (Luciano Vilches, recién llegado a la banda) se habían quedado en La Plata. Nos empezó a generar conflictos el tema de los ensayos. Si viajaban ellos, o nosotros. Eso empezó a generar una ruptura. Para ese entonces llevábamos más de 3 años tocando, a mí me angustió mucho esto. No estaba funcionando, las fechas salían mal. No generábamos lo que queríamos. Esto fue en el 2013. Ahí fue cuando empecé a querer armar una banda nueva. Yo ya tenía temas nuevos. Y ahí conocí a Fer (Bernstein) en El Emergente, lo vi tocar y me pareció un muy buen baterista. Un conocido nos presentó. El me había escuchado unos días antes ahí mismo. Y yo ahí nomás, sin tener nada en mente, le dije que estaba buscando un baterista, yo sabía que Andrés, el bajista de Josefina era una fija, siempre andábamos juntos y me hacía la gamba en todo. Fer me dijo que sí de una. Al otro día lo llamé a Andrés y se sumó enseguida. A la semana nos juntamos a ensayar, tocamos y fue un momento mágico. Nos dimos cuenta que estaba bueno y que la pasábamos muy bien. A la semana siguiente ya estábamos tocando en El Emergente

M.F. : ¿Cómo fue el proceso compositivo de lo que después fue Letárgico?

En realidad, todo empezó medio “josefinero”, tenía esa cosa swing. Plano verde paisaje, Manantial, Vuélvete a mí fueron los  tres primeros temas que ensayamos. El primero de esos tiene ese ritmo swingero, el segundo ya corresponde a algo que con Josefina y Yo no habíamos llegado a tocar, con un ritmo de jazz más suave, más tranquilo, y Vuélvete a mí también. Estos últimos dos tienen mucha influencia de Chet Baker. Empecé a componer armonías amplias, con muchos acordes. Se va viendo en el disco esa fusión entre lo jazzero y lo más pesado, como se nota en Frutal, o en Hardware. Después empezamos a ponernos más rockeros, al tomar como influencia bandas progresivas, como es el caso de Yes. Esto se ve bien reflejado en Letárgico en el último tema: Habla disléxica. Este fue el más largo, el más difícil de ensamblar. El final de Letárgico marca un cambio en nuestro sonido, más peludo, que es lo que la gente que nos va a ver estuvo escuchando hasta el año pasado. Ahora estamos mutando nuevamente, tenemos un integrante más en las teclas, eso del rock progresivo ahora mismo está pasando a ser otra cosa.

J.F. : ¿Cómo fue la producción, grabación y edición de Letárgico?

La grabación fue en Mar del Plata, me compré una pequeña placa de dos canales y en dos semanas teníamos todas las baterías. Era una idea que yo ya tenía desde Josefina y Yo pero no pudimos concretarla. Yo tenía un micrófono condenser y creía que con eso podía grabar un disco completo. Todos pensaban que era un delirante, ¡Y lo era! Como poder, se podía, pero también sabía que se necesitaban otros artefactos y herramientas. Mucho no me importaba eso. Yo sabía que la música era buena y había mucho compromiso con las letras y las melodías. Me importaba tener material para poder difundir. Luego de Mar del Plata, en Almagro, grabé las violas, los bajos y las voces. Lo fundamental del disco era hacerlo con tiempo, sin importar cuánto demorara. Sin gastar plata en estudios, que nos resultara lo más económico posible. Me volví bastante loco, llegué hasta soñar que mezclaba el disco, me pasé horas y horas realizando las primeras mezclas. Sé que soy muy obsesivo con el tema de grabar y los pibes me re contra bancaron. Todas las partes fueron muy pensadas, los solos los practiqué mil veces cada uno y luego los volví a sacar para que en vivo sonáramos fieles al disco. Obviamente, no íbamos a sonar iguales porque en Letárgico hay muchísimos arreglos de guitarra. También grabé los coros, y eso requiere una escucha muy atenta, para saber en qué parte van y en cuál no. La mezcla final la hicimos en un estudio (Kenobi).  En total nos llevó cerca de un año y medio, y fue así porque cedí, lo dejamos ir, si no nos podría haber llevado toda la vida.

M.F. : Tenés varios invitados en el cd, y todos hacen una participación excelente, pero quizás por la historia y por el peso que ejerce su presencia, destaca Fernando Samalea. ¿Cómo fue el contacto con él?

En verdad, el contacto lo tenía Fer Bernstein (baterista del Cisne), ellos son amigos. Cada tanto se juntaban a tomar un café. Y como yo sabía de su contacto, empecé a pensar en una participación de él en el disco. Samalea es un tipo muy humilde, muy respetuoso, muy cálido. Se sumó de una a grabar con su bandoneón, no tuvo ningún problema. Eligió grabarlo de noche, estuvimos cerca de una hora y media. Yo le había hecho un pequeño arreglo, bastante simple, el lo tocó tal como estaba escrito, y después sugirió agregar algunas cositas más. Me acuerdo que en la toma del bandoneón, se le rompió el instrumento, esa correa que tiene para sujetar con la mano, nosotros estábamos en silencio, con las luces bajas, y en ese clima se escucha un ruido de madera rota tremendo. Nosotros nos sentíamos re culpables, nos queríamos matar. Él se cagó de risa, ninguna historia. Lo encintó y seguimos grabando. En dos o tres tomas hicimos todo, quedó espectacular. Seguimos en contacto con él, en la gira pasada por la costa, él se vino en moto con nosotros. Nos juntamos en Chapadmalal, en el barrio donde crecí. Nos consiguió lugares para tocar, zapó con nosotros. Quedó una muy linda relación de amistad.

J.F. :En Flor del Mar y en Vuélvete a mí se nota una cierta influencia de la música del cine de los años ’50. ¿Esto es así?

Sí, sí, me inspiré mucho, ya sea con Ella Fitzgerald o con Louis Armstrong. Me emociona mucho esa música, encontré una cobija ahí. Yo creía que acá no se había aprovechado lo suficiente y quería dejar demostrado que esa música está presente en mí. Me sirvió para expresar cierta dulzura en esas canciones. Me alegra esta pregunta porque era exactamente lo que buscaba generar. Vuélvete a mí tiene esa cosa bien de baile de salón, de las miradas profundas, y coqueteos. Le dimos mucha fuerza a la mezcla de esa canción, me costó bastante encontrar la sonoridad justa y necesaria. Es una música bien tranquila, se toca con escobillas la batería, y genera ese susurro en el redoblante que es muy importante. Tenía que ser así y no de otra manera. Fer le agregó a sus platos unas cadenas que producían un seseo y de esa forma llegamos a lo que queríamos.

M.F. : ¿Qué sentís cuándo comparan tu música de forma peyorativa con la de Spinetta?

Me pasa seguido. Al principio no me molestaba tanto, y después empezó a generarme cierta incomodidad. Pero bueno, quizás es algo que me toque vivir mucho tiempo porque parece que es una influencia bastante marcada. De todos modos, cuando yo me escucho, no escucho a Luis Alberto Spinetta. También sale de gente que se la pasa tirando mala onda, desde un lugar súper cómodo. Me afecta. Hay personas que me lo dicen bien, como ustedes. Pero hay otros que te basurean, que buscan provocar. No le veo mucho sentido pasar el conflicto a mayores. Por otro lado, creo que la gente tiene que ser más abierta. Uno no nació en un cuarto encerrado sin haber escuchado nada, hasta los ruidos de la naturaleza influyen. Es como decirle a Julio Sosa que está copiando a Gardel. ¡Y no es así! Probablemente haya pasado mucho tiempo escuchándolo, pero eso no dice nada ni tampoco le quita prestigio al tipo. El Flaco es uno de los músicos más importantes de la Argentina, es un género musical aparte, ¿Cómo no escucharlo y no sentirse influenciado, no aprender de él? Sería una picardía. Si me quieren encasillar ahí, bueno, qué se yo. Estará bien. Pero eso sería restarle crédito a otras influencias que tengo, que también son importantes. Uno tiene que entender que la sociedad está podrida, corrompida, y que hay que aceptar los malos comentarios, pero no darles mucha bolilla.  Seguramente en el tercer disco, o si nos van a ver ahora, van a escuchar mucha influencia de Los Abuelos de la Nada. Pero yo no agarro una canción y la copio tal cual es. Aunque quisiera no podría hacerla igual. 

M.F. : En varias de las canciones está la idea de “escapar”, como así también convive la dicotomía campo - ciudad. ¿Cuánto influyeron estos conceptos a lo largo del disco?

La dicotomía existe porque está de una manera inconsciente en mí y a medida que fuimos terminando el disco con los chicos nos dimos cuenta de su presencia. Yo crecí en un pueblito con algo de campo como es Chapadmalal, eso lo llevo muy arraigado, después estuve en Neuquén y de ahí viví en las grandes ciudades como La Plata y Buenos Aires. La naturaleza es algo fundamental en la vida de una persona. De hecho, la tapa del disco es un paisaje medio surrealista y en la contratapa está la capital, se puede ver el río. Está en mí esa fantasía, de buscar la mística en la naturaleza. Me gusta mucho la montaña, y también tuve mucho contacto con el mar. Encuentro algo muy cálido en eso. Siempre estoy diagramando una escapada durante el año. El campo abierto, sin río, sin nada, es algo que también me encanta. Me gusta mucho jugar a la pelota, todas las semanas lo hago. Eso, viviendo en Buenos Aires, es un escape. Es un lugar hermoso para vivir, a mí me encanta estar acá, pero cuando siento que no puedo más, planeo un escape. Eso está reflejado en el disco.

J.F. : Ya desde que comienza el disco se nota que es conceptual ¿Cómo surge la introducción?

Fue algo medio espontáneo, obviamente el disco no es comercial, yo quería que quedara claro que la obra era conceptual, que se borrara cualquier duda o cabo suelto. Por eso está esta introducción tan larga: quise crear un filtro. Generar un clima anti-ansiosos, y que la persona que estuviera dispuesta a escucharlo se aguantara algo que podía resultar un poco insoportable, de otra forma, quizás no fuera para él, o ella. Por eso la introducción está pegada con el primer tema. También está estrechamente ligada al nombre de la obra, Letárgico, genera una atmósfera de ensueño, un estado de ebriedad. La intención era la de llevar la mente a otro plano, y que ahí comience el disco. Una preparación.

J.F. : ¿A quién está dedicada la canción titulada “Simón”?

Simón es el hijo de una ex novia mía, con la que tuve una relación en La Plata. Estuvimos casi tres años saliendo juntos, fue un amor que me pegó mucho, uno de mis primeros enamoramientos. Cuando nos separamos, ella se fue a vivir a otro lado y quedó embarazada. Simón es una canción de despedida y de bienvenida, es un guiño, por todo el tiempo que pasamos juntos, para dar un abrazo y cerrar una etapa también. Varios me dijeron que yo la había escrito para que cuando vuelva, nosotros retomemos la relación, y no es así, nada que ver. Yo seguí mi vida, ella también, podría decir que es un tema que habla de amistad, es como: “Bueno, pasamos un tiempo hermoso juntos, ahora llega una nueva etapa, la de ser madre”. Es una forma de decir que la quiero mucho. Lo que pasa es que la canción termina con la frase “seguiré dudando”. Por eso algunos lo interpretan como un cierto rencor, o lo relacionan con la duda de haber terminado la relación, pero lo escribí de otra manera, admito que se presta a la confusión. La duda de esa canción es otra cosa, se refiere a la de seguir viviendo, una duda existencial.

M.F. : Te quiero preguntar sobre Enjundia, además de tu voz, hay una voz femenina, es una canción que está instrumentada solo con una guitarra, que hace un rasgueo muy llamativo, que aparentaría ser acústica, pero es bastante arriba, es diferente a las otras canciones, ¿Cómo surge?

Es media funkera, por así decirlo, hoy en día no la toco mucho, me pasa con muchas canciones, las interpreto mucho tiempo y las siento tanto, y después me deja de pasar, es bastante un garrón, porque me encantaría volver a sentirlas del mismo modo. Pero es bueno saber que grabé esto. Fue uno de los temas más nuevos en el disco, lo había compuesto pocos meses antes de grabarlo, no iba a entrar, y a último momento me decidí. La grabé con Pablo, nuestro sonidista, que nos está ayudando a grabar nuestro nuevo disco. En Neuquén lo hicimos, él tiene muchas más herramientas, experimenta mucho con la producción. La habíamos pensado para subir a una red, una cosa así. 

La voz femenina es de la hermana de Pablo, ella escuchó la primera mezcla en el auto, y le encantó. A mí siempre me había gustado su forma de cantar, así que ella se puso a grabar de una. Cuando me llega la pista, ella había cantado la canción entera. Me pareció mejor que entrara en la segunda parte, para tener un efecto sorpresa. Después resolvimos los detalles, en qué lado iba cada voz, y en una parte invertimos esos lados, eso genera un efecto de sonido muy interesante. Fue un muy lindo trabajo. Elaborado, pero sin caer en lo obsesivo, con bastante espontaneidad.  Después, en vivo, hemos hecho alguna que otra vez una versión eléctrica de este tema. 

J.F. : Escuchamos varias canciones inéditas tuyas, como por ejemplo Cabeza de calabaza, ¿Tenés algún plan en el futuro para esas canciones?

Me pasa un poco lo mismo que con Enjundia, capaz las toqué mucho y después dejé de sentirlas. No lo veo muy productivo grabarlas ahora, no sería fiel a mí búsqueda. Cabeza de calabaza la volví a grabar, retiré la versión que circulaba por youtube porque no estaba muy conforme con la toma que se había realizado. La volví a grabar con Pablo el año pasado en mi casa, hicimos un video con tres temas, que en algún momento saldrá. Podría decir que ya no me gusta tanto. Capaz lo siento muy adolescente, me da cierto pudor tocarlo. A los 18 ó 19 años lo hice. Como a muchos les gusta, y recibí comentarios por ese tema, seguramente vuelva a subirlo. La introducción tiene algo que ver, no así la mística claro, con Solo se trata de vivir, de Litto Nebbia.

M.F. : Y con el Cisne Elocuente, ¿Qué proyectos tienen a futuro?

Bueno, ahora estamos terminando de grabar el segundo disco, nos quedan dos canciones, son 9 ó 10 temas. Hablando de Litto Nebbia, justamente estamos mezclando el disco en Melopea, su estudio. Lo grabamos en nuestra casa en Boedo, y lo estamos terminando de producir ahí. A Litto le estuvimos hinchando un poco las pelotas, le mandamos el disco, lo recibió.  Nos juntamos a tomar un café con él, y nos dijo que nos podía proporcionar el estudio. Redujimos muchísimo los gastos gracias a eso. Confío muchísimo en el criterio de Nebbia y de Mario Sobrino, que es el técnico de Melopea. Sería nuestro primer disco profesional, porque Letárgico, a pesar de estar registrado, no tiene sello, es independiente. Creo que va a ser un gran paso.

J.F. : ¿Cómo ves el panorama actual a nivel político con respecto a la cultura?

Es un tema bastante delicado, muy complicado. Te puedo decir que nos afectó directamente. La cultura está muy bombardeada, y el gobierno actual te pone muchas trabas,por ejemplo si sos artista callejero. Yo ahora estoy en una etapa en la que me toca no enfrentarme con eso, lo he hecho bastante con el gobierno anterior, y si bien tenía problemas con la policía, fueron mucho menores a los que enfrentan los artistas callejeros de ahora. Antes, de última, los policías te corrían de lugar y nada más, yo pude sacar un permiso para tocar en la calle. Este año lo quise hacer y no me dieron ni bola. Antes vos mandabas un correo y te respondían enseguida, te daban una fecha y listo. Hoy es todo muy extraño, a mí me da cierto temor, ¿qué está pasando?, ¿Es peligroso, o es pasajero, y en algún momento se va a acomodar? Verdaderamente hay que tomar conciencia, hay que estar atento. El año pasado nos han clausurado lugares donde tocábamos, o directamente han clausurado el lugar mientras estábamos tocando. Nos han dejado de garpe varias veces. Tanto en La Plata, como acá en Capital. Por ahora lo venimos llevando. No hay tantas oportunidades como antes. La cultura está contaminada, es todo muy comercial. Por ahí le dan bola a proyectos que te quedás diciendo: “¿Loco, de verdad a esto sí le das lugar?”. Y hay gente que hace mucho tiempo viene remando, con un mensaje muy serio y muy lindo para dar. Los tipos que están en el poder no tienen un gramo de conciencia y de cultura. No se puede esperar mucho. No les importa un futuro, y tampoco les conviene. Lo que sí les conviene es crear estúpidos e ignorantes. Para que no cuestionen, no piensen, no se quejen. Y los artistas podemos hacer algo, pero no sé si es mucho. Podemos desde una manera emocional, y crear cierta conciencia, pero uno no se puede cagar a palos, porque no es la manera, porque ellos tienen más poder que vos y si te quieren hundir, lo van a hacer. No necesitan matar gente como antes, tienen los medios de comunicación. El sistema está hecho para que labures todo el día, llegues cansado a tu casa, no te preguntes un carajo, y te mantengas mal alimentado. Una persona mal alimentada es más fácil de dominar, es más vulnerable. Y nuestra comida es manipulada, a la carne y a las verduras le meten cientos de bichos, es todo muy artificial. Por eso hay que ser consciente hasta en la forma de comer. Quieras o no, estás con un pie adentro, hay que mantenerse todo el tiempo despierto y haciendo cosas para no ser una presa y caer dominado.

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