“Eso no es música”. El fascismo generacional

Premios Gardel 2018.
Fotos Emmanuel Fernández

Por Gastón E. Lema

"I guess that you guys aren't ready for that yet. But your kids are gonna love it".

Así trató de explicar la reacción atónita de su público del pasado Marty McFly para su salvaje solo al cierre de Johnny B. Goode de Chuck Berry en Volver al Futuro. Es que claro, para las generaciones posteriores a la explosión del rock n' roll, el blues, jazz y cualquier género previo suena inocente o falto de visceralidad y, en contracara, revolcarse por el piso para tocar ruido se presentaba como pudoroso para el público del pasado.

En Argentina tuvieron lugar tuvieron lugar el pasado 29 de mayo los premios más importantes a la música, que son los Premios Gardel, en honor al cantor de tango que supo encarnar la identidad que eligieron para el macho sufrido argentino (identidad que puede leerse hoy en letras de trap).

En el afán de este tipo de eventos mainstream de mostrar diversidad, decidieron que era buena idea que uno de los raperos de trap argentino más controversiales y exitosos del momento, Duki, cante junto con una orquesta sinfónica dirigida por Popi Spatocco, en una mixtura de sonido nuevo y sonido clásico. Al final de la ceremonia se le entregó a Charly García un reconocimiento a su último disco Random con el premio Gardel de Oro. Su discurso de agradecimiento al recibirlo finalizó con "Y hay que prohibir el autotune, muchas gracias". Esto que fue interpretado por mucha gente como una mera "chicana", un chiste, por la presentación de Duki, nos permite tomarlo para analizarlo un poco.

Lo primero en que nos vamos a detener es definir qué representa el autotune. Este tipo de efectos fue utilizado en el audio profesional en primera instancia por el pop para lograr un sonido con afinación "perfecta" por parte de cantantes e instrumentos grabados, lo cual asemejaba los sonidos creados digitalmente a los sonidos grabados con micrófono. La posibilidad de utilizar el efecto en tiempo real, alterando el timbre, el color o directamente, con las utilizaciones menos sutiles, las propiedades más básicas de la voz, llevaron al punto en donde el efecto es más característico que la voz de muchas de las personas que eligieron usarlo. Fue ampliamente utilizado entre artistas de pop, reggaeton, hip hop y, actualmente, trap.

Como la gran mayoría de los inventos, la finalidad de su invención no determina su uso. Lo que originalmente se usaba para representar un sonido perfecto pero con pretensión de ser recibido como orgánico, de ser la voz sin procesamiento, luego se utilizó de muchas formas diferentes. Es interesante recordar que cuando se empezó a utilizar la guitarra distorsionada, el sonido de "acople" que se da con la retroalimentación de la amplificación y saturación de la señal de la guitarra retroalimentada por el parlante, era considerado un ruido. Luego se reapropió con fines estéticos, y hoy a nadie se le ocurriría decir que Jimi Hendrix hacía ruido. Sin embargo en ese momento se consideró algo controversial.

Una crítica que ha recibido el autotune es la de "deformar" la voz de manera tal en que no es posible distinguir sus cualidades naturales que la hacen única; de forma que todas las voces suenan iguales. En primera instancia me gustaría responder a esta crítica diciendo que no se escuchan críticas con el mismo ímpetu contra las bajadas de línea claras disfrazadas de "educación musical" enseñadas en las academias, que restringen las capacidades individuales de expresión de cada artista tanto en lo imaginario como físicamente.

De estas características se puede deducir un potencial efecto democratizador del autotune. Si para Walter Benjamin, la reproductibilidad técnica permite la entrada de las masas en el arte, creo que podemos entender lo que significa que cualquier persona con un micrófono y una computadora, sin tener estudios de canto, pueda usar autotune y sonar como quiera sonar. Con mayor técnica vocal tradicional podrá sonar como si siempre afinara perfecto, y con cualquier "técnica vocal tradicional" pero mayor dominio del efecto podrá crear sonoridades que sin el efecto no serían posibles. Una segunda característica es entonces la de tener la posibilidad de generar nuevos sonidos. Elijo entonces centrarme en estas dos características (su fácil acceso y su carácter de novedad en el ámbito sonoro) para entender cuál es el rol que juega la declaración que motivó este post.

Charly García, en sus diversos proyectos musicales como La Máquina de Hacer Pájaros, Sui Generis y su carrera solista, ha sabido interpretar un sonido de época, ligado al rock progresivo, de a momentos sinfónico, luego con un sonido más rock-pop ochentoso. Esto es, entender la manera de comunicar que tiene la música, utilizando los sonidos como canal, para poder comunicarse con grandes audiencias contemporáneas. Esta habilidad de poder manejar los sonidos para hablarle a "las mayorías" es fundamental para el potencial artístico que tiene la música. No contento con esto, puso este lenguaje al servicio de una fuerte crítica social, desde la música y desde la letra en relación con ella. De esta manera "Los dinosaurios" supo ser y es, para varias generaciones, un himno en contra de la última dictadura cívico-militar-clerical argentina. El problema es creer que esto es igual de válido para generaciones posteriores. Y peor aún, que no entenderlo es responsabilidad de esas nuevas generaciones.

Hoy la posibilidad de que el "rock clásico" de Charly  pueda usarse de canal de comunicación con la generación post-2000 está muy empobrecida. Principalmente ya no por las letras sino por lo sonoro: es un lenguaje de otra época. La manera de incorporar como propio ese lenguaje por lxs jóvenes de hoy es siempre como algo externo y no-cotidiano, que tiene otras reglas, similar a como nuestra generación pudo apropiarse del jazz, del blues, de la música clásica.

A su vez, hoy la capacidad de Charly de representar los ideales el rock son casi nulos. ¿Posta en 2018 puede encarnar una figura rebelde un hombre grande blanco hetero clase media que recibe premios en la TV? Es en ese contexto de mimos de todas las instituciones con reconocimiento público, estatal, empresarial, con un premio Gardel de Oro en la mano que Charly usa el tiempo en el micrófono para decirle a una audiencia nacional e incluso internacional que deberían prohibir esta herramienta que he definido como democratizadora y novedosa.

La idea detrás de este fascismo que pide prohibir es que no debería ser así. Cantar con autotune es percibido como estafa para quienes piensan que cantar no es para todxs. Este elitismo disfrazado de convicción artística pretende disciplinar a lxs jóvenes en UNA forma de hacer música. La realidad es que no se puede y no se deben prohibir efectos y nuevas herramientas para hacer música, mal que le pese a los viejos. En la historia no hay vuelta atrás. En lugar de alentar a que esas herramientas estén al servicio de la crítica, el cambio social y la contestación irreverente que supimos leer en el rock, contra la posibilidad de que como en el trap, se haga una lectura conformista de la realidad y en sus letras se festeje la posesión de mujeres, drogas y dinero, elegimos responder con fascismo y elitismo. Cantar es para quienes saben hacerlo. Al resto, que ni se les ocurra aparecer en nuestros espacios. Leo hasta un problema territorial en esa actitud: un "acá mando yo".

Me pregunto qué tiene de bueno que lxs jóvenes fanáticos de cantantes de trap como Duki reciban de parte de los músicos más consagrados e institucionalizados este maltrato y desprestigio. Y aventuro que probablemente sea responder reproduciendo lo mismo: elitismo y fascismo pero ya en una nueva forma. Al desconocer en una mayor medida (nunca totalmente) el valor de las instituciones tradicionales, reproducirán estos valores en el mercado y el arte será para los verdaderos artistas: quienes tengan más cantidad de reproducciones y vendan más.

Espero que no, espero que sea la oportunidad de entender que reproducir valores de mérito en el arte sólo puede tener consecuencias negativas para quienes creemos en él. El arte es una herramienta de comunicación fabulosa y única. Pretender que ciertas formas de comunicación, tomadas por ciertas instituciones, son las únicas posibles es hacer política del fascismo en el arte. Dejemos el mérito para ámbitos como el deporte, en donde sí hay unx ganadorx.

¿Cuántas veces hemos dicho cosas como las de Charly? Yo mismo me he tenido que arrepentir de varias opiniones que tuve sobre música que no conocía. Recuerdo de púber haber conocido el punk y decir que "no sabían tocar". Recuerdo haber visto a Slipknot de adolescente y decir "tienen máscaras porque no saben tocar". Recuerdo haber escuchado este año a Duki y decir "no sabe rapear". Luego de un gran esfuerzo durante mi vida por sacarme prejuicios de encima hoy creo que todas esas opiniones son absurdas y que mantienen una relación muy estrecha con lo que dijo Charly García. Lo nuevo y distinto como amenaza.

En su lugar podemos entender que espacios como los Premios Gardel no necesariamente tienen que funcionar como un lugar de prohibición y elitismo, como lo considera Dante Spinetta.

Quiero dejar mi posición clara: no creo que el reggeaton o incluso el trap sean mejoras que ningún tipo o democratización real de la música. Que el género nuevo popular o de moda esté protagonizado en su mayoría por machitos clase media que se regodean de lo mal que tratan a mujeres, en un contexto de avanzada gigante del feminismo a nivel mundial, me parece otro elemento retrógrado que frena la potencialidad de la música como herramienta de comunicación que posibilita no el cambio social, pero sí el alimentar el imaginario de un mundo posible para el pueblo. En lugar de pedir que dejemos de defenestrar a las mujeres en sus letras, Charly pidió que prohiban el autotune.

Primero, como personas que aman el arte, tenemos que entender al arte de las nuevas generaciones. No todo es el plan de una industria cultural para estupidizar a la población; no todo es una degradación de lo anterior. Lxs pibes jóvenes son capaces de apropiar y resignificar y de querer un mundo mejor también. Si podemos entender la situación de Marty McFly y reírnos, no elijamos estar con cara atónita frente a los "solos de guitarra" del 2018.

Tenemos que responder mejor. Al trap se le responde con consciencia social, no con fascismo. No quedemos del otro lado de la línea. Hay que aprovechar la potencialidad de los nuevos sonidos para ponerlos al servicio de una sociedad más justa, lo que hizo Charly en los 70s y 80s. Empecemos por prohibir no herramientas y efectos, sino instituciones que nos anclan en lo más rancio de los valores de nuestra historia occidental y burguesa. Empecemos por prohibir los Premios Gardel mucho antes que prohibir el autotune.

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