Experiencia Pulpa

pulpa

Por Manuela Teso

Pasó un mes, ya no es lo mismo. Desearía haber escrito esta reseña apenas me encontré con el punto final. O en el fervor de la lectura, como cuando alguien te gusta mucho y no te aguantás las ganas de decirlo, se te sale por la boca. La boca: me parece haber leído Pulpa con la boca. También con la lengua, con las manos, desde el estómago y la pelvis. Con los ojos entrecerrados como en un orgasmo (o sin el “como”). Es una novela multisensorial. Pasó un mes, ¿ya no es lo mismo? Si de solo volver a pensarla me produce este vértigo, todavía es pintura fresca en mí. Y, si bien nunca fui lectora de ciencia ficción, no subestimaremos de antemano mi parecer. Podría aportar la perspectiva que otorga la distancia al género o apertura de principiante.

¿Es posible que sienta que devoré el libro cuando en realidad fui leyéndolo de a poco, saboreando gajo por gajo? Lo compré justo en una semana caótica, pero decidí aprovechar el único tiempo libre y lúcido para leerlo: el viaje en tren hacia el trabajo. Fue una lectura intermitente, por ese trayecto corto y porque soy impresionable. La prosa en Pulpa es tramposa: fluye, pero descompone. Aunque eso viene después. Primero me descolocó al sumergirme en un mundo distópico que me entusiasmó intentar comprender y que, en el primer instante, dudé si la autora lograría sostener y abarcar. Lo sostiene, lo construye como sin esfuerzo.

Elegí conseguir la novela sin saber de qué iba, digamos que “por intuición”. Seguía a Flor Canosa por Facebook, no por haber leído sus libros anteriores, sino atraída por sus posteos. Es una escritora que sabe organizar las ideas conocidas, ponerlas a jugar y lanzar nuevas como flechas (con excelente puntería). Sin embargo, en Pulpa apenas me acordé de la autora, porque la historia me absorbió. Podemos decir que es una novela que trata del poder, de un Estado que gobierna sobre los cuerpos, que prohíbe sentir lo bueno y lo malo. Dicho así por nombrarlo de alguna manera, porque—como en todo relato profundo— lo bueno y lo malo se entreteje y desde ahí te interpela, te cuestiona y, lo mejor, te provoca contradicción y allí escarba. Es un ir y venir del dolor al placer, de la hiperventilación a la liberación al rechazo a la calentura al morbo a la seducción. Y, si habla de poder y de prohibición, habla de deseo. De personas que desean sentir. ¿Podemos decir que también es una historia de amor? ¡Absolutamente! Un amor entre sadomasoquistas o misántropxs. Pero lo que me parece más admirable es algo que percibí con pocos libros: sentís lo que leés. O esa fue mi experiencia Pulpa. Pues, como dije, soy impresionable, tanto que para mí la impresión es dolor. Entonces, experimenté dolor por el placer de leer mientras Irma (una de lxs tres narradores) experimentaba dolor por el placer de sentir. Por el placer que nos daba ese dolor. Con Pulpa se te revuelve la boca y se te hacen agua las tripas. Ni por un momento pensé en abandonar la lectura definitivamente (tampoco podés pensar cuando algo te atraviesa), pero resultaba un alivio frenar cada cuatro estaciones. Porque debía bajar del tren y porque, como al meterse bajo el agua, cada tanto necesitaba salir a respirar, a tomar aire. Fascinada, durante el día pensaba en volver a ese modo de lectura tan, paradójicamente, extremo y moderado. Quería seguir y parar, que terminara y que no terminara nunca, todo a la vez, como cuando —en lo mejor del sexo— le pedís al otrx que todavía no, “no acabes”.

En definitiva, con todo el respeto que me merece que sobre gustos no hay —por suerte— escritos ni sentencias, permítaseme decir que Pulpa es arrasadora. Pero no solo te traspasa, como para que leer o dejar de leer sea una decisión y nunca consecuencia de olvido o indiferencia, sino que te invita a atravesarla vos también. Porque insisto: es experiencia.Y, como con toda experiencia, cada unx hace la suya. Escribo para enterarte e invitarte. Animate, si sos guapx. Recomiendo presenciar su explosión, al menos como ante una piñata sorpresa: a ver que te toca. Y, si ya la leíste, decime: ¿vos también subrayaste la antepenúltima oración de la página 111?

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