Gracias por darnos algo en lo que creer: L-Gante vs Zaramay

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Por Gastón Lema

La última vez que escribí hablé de algo que me preocupa y es la falta de épica que tenemos en la representación de los problemas que tenemos. Las guerras ahora son con enemigos invisibles, las batallas son con uno mismo y quizás para romper la rutina. ¿Qué mejor que este contexto para una buena lucha de titanes? Después de años de esforzarnos para mediar nuestros problemas de maneras maduras, de focalizar las energías para no enroscarnos en la rispidez, ¿qué mejor que una buena tiradera entre ídolos de la cultura popular para canalizar de forma hermosa toda nuestra violencia?


Tenemos un héroe claro. L-Gante se está convirtiendo, y lo digo con tanto miedo al ridículo como de quemarlo, en el próximo gran ídolo popular, pero esta vez, a diferencia de otros como Maradona, NUESTRO, porque hace música. No hay nada en él que no sea popular: la manera en que habla es exactamente todo lo que se puede esperar de un pibe de General Rodríguez. Pero a la vez un sello distintivo dentro de toda la escena musical, luchando por que su particularidad no se pierda en una universalidad homogénea de lo popular. Éste es el motivo de ser el representante de “los pibes de los barrios”, y el motivo de ser nuestro héroe. Su cascotazo
Malianteo 420 (Vol. 2) tiene un instrumental, producido por DT Bilardo, que es increíble, imponente, que se planta mezclando reggaetón turro (tirado patrás) con cumbia villera y rap bombo caja. El video nos arma un escenario en el barrio con sus pasillos, sus ferias, con su gente (todos sus amigos y compañeros se ven ahí, bancando). El tema es completamente un beef amasado con tiempo y ejecutado con toda su destreza. Además de punchlines diseñados para doler, nuestro adalid despliega su habilidad en el arte de rapear con mucho estilo: decide si correr el punch del cuarto tiempo, si hacer multisilábicas, romper la rima en la última barra o directamente no rimar. Hace lo que quiere porque, como todo héroe, tiene que tener una cuota de rebeldía a hacer lo que no nos animamos: romper con las reglas. Se nota que se mueve por impulso, no tiene todo calculado: una energía que desborda presente, es efervescencia de puro instante. Su única elegancia es no nombrar directamente a su contrincante. Su mejor golpe, en mi opinión, es desconocer el ataque de su rival por desconocer el código concheto, marcando la línea entre lo popular y lo que no lo es, entre ambos. Pero todo héroe tiene su villano.

No podemos tener dudas en que Zaramay es un villano. Más que cualquier cosa que haya hecho L-Gante, lo que más me motivó a escribir sobre ambos es el video de respuesta de Zaramay. Hecho en un día y publicado solo 48 horas después, Los intocables es un plano secuencia maravilloso, totalmente a la altura de las circunstancias, de la disputa y de lo que está en juego. ¿Cómo defenderse de un ídolo popular? Pues, victimizandose y con la altura propia de un villano: todo Argentina está en mi contra porque soy un incomprendido. El primer plano es de nuestro científico malévolo, Nahuel The Coach, cocinando el instrumental desde las sombras. No es del todo curioso que el malianteo de este estilo de los ritmos que usó Zaramay elija no explotar a la cumbia villera (tampoco suele hacerlo), el género más representativo de las clases populares urbanas de este país. El lenguaje que utiliza va en función de su mensaje: prefiero que no me entiendan porque yo voy detrás de algo más grande. Como todo villano, habla desde la experiencia, desde un lugar de mayor madurez y pensando en un largo plazo. Entre líricas de mucho mayor vuelo poético, metáforas crípticas y ni hablar de la duración exagerada de 10 minutos y medio, este artista va rebatiendo cada uno de los argumentos de nuestro héroe. Se muestra como siempre se mostró: solo. Como un Zaratustra que se fue a la montaña para trascender, está solo en un cultivo cerca de una capilla, sabiendo que la sabiduría sólo puede encontrarse en quien se retira voluntariamente del rebaño. Su defensa está en la búsqueda de una naturaleza más retorcida y oscura, que no puede entender, según sus palabras, ni el psicólogo de L-Gante. Es esa naturaleza la que lo engrandece, al punto de compararse con narcos o con Cancerbero, en contraposición a “la humildad que hace gigante” a nuestro héroe, a quien acusa de ir preso simplemente por la nimiedad de no llevar barbijo. Mientras tanto, él habla de la muerte y de Dios. Hay algo que transmiten sus ojos y que durante los 10 minutos de track me vi obligado a buscar, y es la melancolía que acompaña la inteligencia. Sin dudas hay algo triste en su mirada.

Pero es en esa tristeza que se disparó el amor que me permite escribir estas líneas. Si hay algo que tienen esos ojos es una verdad que nunca va a quedar plasmada en la letra, aunque quizás sí en la música. Por suerte podemos hablar tanto y con tanto disfrute de este arte de la violencia dejando en un segundo plano su grado de veracidad. En tanto lo podemos captar en el plano artístico, no tenemos dudas en que si hay algo que es evidente, es su carácter de real. Y qué bello encontrar el disfrute en el juego y en esta demostración de destreza, de sana competitividad que saca lo mejor de cada uno. Qué lindo poder encontrar algo trascendente y real, en el más fundamental sentido. Gracias, L-Gante y Zaramay, por regalarnos algo en lo que creer.