“Hago cosas” una aventura hacia las entrañas de la risa, la tragedia y el amor

IMG_4265 (1)

Por Alat Saile
Fotos de Arian valiente

 

Ladies and gentlemen and others, a unos meses del estreno de forma presencial de Hago Cosas déjenme hablarles de Maxo Garrone: la promesa del under que nos viene entreteniendo hace varios años, ahora ramificó su propuesta y nos aborda con performance y frescura desde un unipersonal muy singular.

Hago Cosas de Maxo es una obra de arte con muchas aristas que fue estrenada por streaming en plena pandemia del 2020 y la cual esperaba poder disfrutar de forma presencial, se estrenó en el Panda Rojo y contó con cuatro fin de semanas consecutivos a sala llena.

Cuando empecé a husmear en los círculos del under empecé a ver artistas que me llamaban la atención y que realmente te estaqueaban, algunos te hacen reír, otros te dejaban pensando o hasta quedabas flasheando porque no sabías qué fue lo que acababas de ver, y en el medio de todo eso, Maxo, el pibe poliedro que es todo eso al mismo tiempo, un artista con caras móviles con el que podés  jugar, (porque sí, porque todo es un juego), y darte cuenta un poco que con un recorrido sinuoso empieza la aventura, armado con su performance donde usa el cuerpo para disparar, tiene a mano un arsenal de recursos: poesía, humor, música y teatro, uniendo todo eso mediante la performance y otros recursos (algunos invisibles), ¿energía? ¿amor? ¿pasión? ¿martillazos? ¿fuerza? ¿fuego? si¡í, todo eso en el mismo combo con forma de puño que está listo para chocar tu realidad y desestabilizarte, (porque nadie queda indiferente después de ver a Maxo) para partirte el universo a martillazos, a fuego, a puro amor.

Las veces que me senté a verlo, nunca pude saber lo que va a pasar, me siento y todo empieza a girar, empiezo a reírme de lo que me rodea, de los medios, de las modas, de este absurdo gigantesco que es la vida, y empiezo enamorarme de las palabras que escucho, de los poemas, de sus textos y justo cuando estoy en trance me estiro y toco el ovillo de Coghlan y veo todo entrelazado, el amor empieza a cruzar abrazos con la crítica social y se va formando una  especie de ola que te envuelve como el aire en el medio de un salto, después se desenrolla dejándote en tu asiento, desde donde vas a vivir un viaje inolvidable, y de repente no hay más risas, no hay más parodias, no hay más nada, solo música, y ahí es cuando empezás a preguntarte, ¿qué vine a ver? empecé riéndome y de repente estoy perdido entre los laberintos de un riff de viola volando al ritmo Maxo Garrone.

Desde que entrás en la sala y se abre el telón con la presentación de Darío, un poco se empieza a vislumbrar que estamos entrando en un universo diferente, la nota precisa del piano de Kevin y sus baterías volcánicas nos hacen entrar en un pastizal que pone en evidencia lo bello del arte y su habilidad como multinstrumentista nos permite habitar en el despliegue multiescénico y que también funciona como amalgama musical en esta obra que te va a llevar a hacerte preguntas después de verla.


Música: Kevin Esquinazi
Presentador: Darío Lobo
Productora: Caro Posse