Hasta un ciego puede ver

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Tommy, la clásica ópera rock de The Who, llegó a la cartelera porteña, dirigida
por Diego Ramos.

Por: José Francisco Caballero
Foto: Fiorella Romay

En los albores de la democracia (coincidiendo con mi salida de la adolescencia) el cine teatro
Empire se destacaba por darle cabida a ciertas películas “viejitas”. En muchos casos venían de años
de censura, pero no era una condición obligatoria. Sí lo era su impronta provocadora. Allí pude ver
por primera vez obras de arte como La Naranja Mecánica, The Wall, Calígula, Hair, Jesucristo
Superstar y... Tommy de The Who.

Regresé momentáneamente a aquellos tiempos, al presenciar esta puesta ambiciosa en otro teatro de estilo europeo: El Maipo (a estas alturas, “el” teatro de las obras rockeras, tras las recientes Rocky Horror Show y Rock Of Ages, por ejemplo). Pude reencontrarme, más de tres décadas más tarde, con la ácida historia del pequeño que se desconecta de la realidad al presenciar el asesinato de su padrastro por parte de su propio padre, y que, tras volverse la sensación mundial del pinball, recupera la vista, el oído y el habla para convertirse en el fenómeno amado por una sociedad que espera de él justamente lo contrario a lo que él puede y quiere ofrecerle. Básicamente es la misma historia que tantas veces se ha dado con los ídolos enaltecidos por los medios masivos de comunicación: personajes que proponen la autenticidad individual a una masa que sólo quiere modelos a copiar y no ejemplos a seguir.

No es novedad el buen momento que está atravesando desde hace unos años la escena de los
musicales en Buenos Aires, por eso no sorprende el nivel parejo de los intérpretes (todos con
amplios curriculums en obras del estilo), tanto en sus facetas de cantantes como de actores. Suele
pasar: los personajes freakies y villanos son los que se destacan. En esta ocasión los aplausos se los llevan Patrissia Lorca, como la Reina del Ácido (que en la clásica película de Ken Russell
interpretaba nada menos que Tina Turner), Fran Efren Eizaguirre, como el abusivo primo Kevin, y
muy especialmente Walter Canella, como el perverso, carismático y ventajista tío Ernie.

Una poderosa banda interpreta en vivo las gloriosas canciones de The Who, aceptablemente
adaptadas al castellano, con un sonido que de a momentos respeta el espítritu setentoso original,
mientras en otros suena más moderno y casi actual. En ambos casos se luce.
Párrafo aparte para la destacable dirección de Diego Ramos, que ya no debe asombrar a nadie.
Precisamente fue galardonado anoche con el premio Hugo a la revelación por su desempeño en esa
tarea, en Falsetto.

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