Joker: la risa como estafa respecto a la felicidad

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Por Melisa Olivera

Salí del cine pensando en cómo iba a poder volcar en palabras todo lo que sentí después de ver esta película. El título de esta nota deviene de repensar un poco la risa y hacia quién la apuntamos.

Joker trata sobre una persona a la que nunca le sucede nada bueno, que está marginada y es incomprendida por toda la gente que lo rodea. Lo único a lo que puede recurrir es a su imaginación; en ese sentido me recuerda a las novelas de Roberto Arlt, donde la única escapatoria que tienen los personajes de sus vidas miserables es el mundo de los sueños. Así, Arthur Fleck, interpretado por un admirable Joaquín Phoenix, se imagina al padre que nunca tuvo, el talento y los espectadores que siempre quiso en su carrera de comediante, la mujer que quería a su lado. Fleck va a hacer terapia a través de un programa social, en el que sólo encuentra una mujer que hace lo que puede en un trabajo probablemente precario y con deficiente paga. Esta terapia se suspende cuando el gobierno recorta este programa, y la mujer le dice claramente que a ellos no les importa nada ni ella ni personas como él. A partir de aquí se desarrolla una serie de eventos que llevan a Arthur a cometer delitos, que son celebrados por el descontento social de Gotham, ciudad en la que la desigualdad y la pobreza son extremadamente amplias. En la película también se exploran temas como la meritocracia, cuando Thomas Wayne caracteriza a las personas que no llegaron a ser como él simplemente porque no se esforzaron lo suficiente.  La gota que rebalsa el valso para Fleck es la burla de parte de su ídolo de la comedia (interpretado por Robert De Niro, un guiño al Rey de la comedia) en su programa de televisión.

A diferencia de The Killing Joke, el aclamado cómic, en el que la premisa es “un mal día puede volverte loco”, en Joker vemos cómo claramente lo que lleva a una persona a la locura es la desidia, la indiferencia, la burla. En esta película, la premisa es “todos los días han sido malos días”. Arthur Fleck podría ser una persona integrada si hubiera tenido la contención totalmente factible de una sociedad y un Estado que lo dejó a su suerte. Por otra parte es interesante la puesta en escena de la salud mental y quizás traer el tema a la industria cultural sea un disparador para que nos pongamos a pensar qué podemos hacer para dejar de estigmatizarla y poder contribuir a una no-patologización de la misma. Me interesa también la reflexión acerca de lo polisémica que puede llegar a ser la risa, significando algunas veces entretenimiento, otras una condición, y otras una burla. La idea de que la risa en la industria cultural es un instrumento de estafa respecto a la felicidad, es una proposición bastante aproximada a lo que se muestra en Joker.

De todas formas, quisiera aclarar los puntos que no me gustaron de la película. Uno es quizás, ambigüo; hay partes en las que el espectador debería reírse, pero a medida pasa la película uno se cuestiona si es correcto o no, idea que también es un poco otro de los trasfondos de la narración. Esto me hace ruido ya que el director de la película, Todd Phillips, es de esa parte de la sociedad que cree que ya no se puede ser “políticamente incorrecto” y que el mundo perdió el humor. Viendo de quién viene, la escena  en la que Joker cuestiona que el sistema es quién decide qué es gracioso o no, es una declaración de postura un tanto tosca y estúpida, habiendo perdido la oportunidad de hacer una reflexión más que interesante. Otro punto es la banda sonora, que por momentos acompaña muy bien los momentos de baile de Arthur, y por otro, tiene la necesidad de poner demasiada tensión en momentos en que podría no estar, haciéndola redundante por exceso.

Este film es el claro ejemplo de lo que sucede cuando una sociedad y un Estado son indiferentes a las necesidades de los sujetos. Totalmente nihilista y bellísimamente filmada, refleja la impotencia del protagonista, de la gente como un sujeto político, y de la misma industria cultural, que no puede más que representar, a veces muy acertada y a veces algo torpe, las problemáticas que nos acechan, siendo el síntoma de época pero sin ofrecer una salida viable y concreta, quedándose en el momento de la impotencia, la rebelión y la locura. Por mi parte, me parece una excelente película para reflexionar sobre la lucha de clases, la desigualdad y la pobreza, la generación de líderes innecesarios pero funcionales para mover a las masas que no están organizadas, la salud mental, la horrenda meritocracia y sobre todo, en estos tiempos, para pensar a quién votar y de qué lado estar, para que ningún alma termine como la del Joker.

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