Kelo hace magia. Reseña de L.E.A.L

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Por Gastón E. Lema

Kelo hace magia. En un mundo absolutamente desencantado en donde todo responde a la planificación previa de un empresario que reunió rédito económico con necesidades humanas, Kelo hace magia. Hace posible lo imposible. Si hubiera una misión única para el arte y esa fuera enfrentarse a lo impredecible, sorprenderse, se las arregla en el ambiente más hostil para cumplirla.

El beat se repite espacializando el tiempo, construyendo un territorio que este rapero empieza a recorrer con palabras y lo hace con una soltura que da pavor. Las rimas pueden aparecer en cualquier parte de la palabra y del compás. Pueden no aparecer, frustrando nuestra expectativa. Pueden repetirse, pueden no hacerlo. Todo al servicio de mantener la atención puesta, una disposición de escucha que se vuelve adictiva y profunda a la vez.

¿Cómo lo hace? Puede parecer torpe pero algo hay que intentar decir y puedo empezar diciendo que antes de sentarme a leer en detenimiento cada barra sabía que algo de este tipo de trabajo sobre la sonoridad de las palabras está muy emparentado con las artes plásticas. Para Kamada pareciera que las palabras son un nudo fuerte entre puro sonido y semántica. Son escultores de los sonidos, que moldean de forma plástica. Son tejedores de sentido entre dos campos semánticos que parecen ser opuestos: la linealidad digital de la lengua y el espesor analógico del sonido. Luego de estar orgulloso de mis metáforas de arte plástico y el tejido, es justo decir que así también lo considera Kelo (Mis párrafos filigranas y mil plagas evadí a lo René Magritte). Lo nuevo no es esto, sino el nivel de maestría en esta habilidad que nos muestra, además de un obstinado rechazo a la falta: No hay por qué supeditar el valor trascendental de la letra a un juego libre en la forma del sonido. Que es lo que viene haciendo el trap mayormente, con un diagnóstico psicológico más sano, menos obsesivo.

¿Es entonces L.E.A.L una declaración de guerra al trap de moda? A veces parece que Kelo con alguien se está peleando, llamémoslo estilema del rap. Pero me parece que sería injusto ver sólo ese beef necesario. Entre beats boombaperos y otros que invitan a más melodía (y que no hay vergüenza de cantar desafinando y sin autotune), claramente se planta en una vieja escuela, ¿y esto es conservador? Sería otra tentación simplista el decir eso. Para graficarlo y leer entre líneas voy a tener la poca decorosa actitud de elegir Represa como track preferido (siendo Túnel la que me hizo llorar). Acá tenemos un beat con tempo y hi hats propios del trap, con una producción y mezcla que van en la dirección contraria, mostrando una dialéctica más fina. Kelo trescuarteando con lo que músicxs que estudiaron en conservatorios llaman figuras ternarias, va elaborando una catarsis muy personal y abierta. La tensión en el beat también está en la letra, entre la fuerza de una honestidad brutal y el desgano de la ansiedad cotidiana. ¿Eso es anti-trap? No sé.

Si L.E.A.L no es un ataque contra la moda, ¿qué es? Yo creo que es una de las cosas más nobles que se le puede pedir al arte y lo cual motiva que escriba de mucho gusto esta reseña. Podemos elegir transmitir con letras y sonidos al servicio de algo más grande. El arte mainstream responderá al funcionamiento del mercado. Las canciones religiosas serán vehículo del culto divino. La canción de marcha y el arte panfletario se pondrá al servicio de ser himno de la transformación social. Bueno, Kelo eligió, con lo difícil que es, un camino propio en donde combina un apasionado y libre ejercicio y juego de su disciplina de rimar sobre beats con ese algo más grande, que es una cosmovisión que sigue escribiéndose, la “proeza gran de salvar lo artesanal”. Lo difícil que es hacer rap, el arte de la afirmación personal, renunciando a lo individual para rendirse a algo colectivo y mejor (constantes llamados a más amor y más diálogo), es lo que me maravilla de este disco y este rapero, el más maduro de la escena. 

En un mundo frío y absolutamente desencantado en donde todo responde a la planificación previa de un empresario que reunió rédito económico con necesidades humanas, Kelo encontró un cobijo y una hermandad para hacer magia. Como dice en los créditos de su disco, se graba a sí mismo y hace beats con sus amigos y compañeros (incluyendo a “el mejor del globo”, Saje), defendiendo el estandarte del “hazlo tu mismo”. Hallar el lugar en dónde se encuentran la libertad de desarrollar un lenguaje propio con la trascendental convicción de promover valores, no es usual y cuando ocurre, es magia.

A pesar de que literalmente L.E.A.L dice que están “esperando que el ciclo cierre”, yo no creo que eso ocurra nunca, afortunadamente. Nunca sentimos que concluye, que ya no hay nada para decir, podríamos escucharlo por horas y aún así no quedar saciadxs. Kelo todavía tiene magia para sorprendernos.