La poesía como dimensión de lo sagrado

jmconde

Por Agustina Arrigorria

Resplandece a mi alma lo que el espacio no contiene; resuena lo que no arrebata consigo el tiempo; exhala sus perfumes lo que no se lleva el viento; saborea lo que no se consume comiendo, y donde la unión es tan firme que no la disuelve el hastío. Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios

San Agustín, Las Confesiones

 

Editado por el sello independiente Merodeo, La congregación de los justos es el primer poemario publicado por el poeta Javier Martínez Conde. A un año de su lanzamiento y de la gira por los numerosos eventos en los que ha sido presentada, esta obra adquiere cada vez más fuerza y vigencia por su constante diálogo performático con el contexto político y social que la recibe.

Humilde pero fuerte como las metáforas religiosas que evoca, esta obra combina la sencillez de un vocabulario liviano y claro, con la intensidad del acontecimiento que desborda toda experiencia lingüística. Publicada en formato de plaqueta, esta sucinta obra se compone de doce poderosos poemas (doce como los apóstoles, doce como otras referencias supremas) agrupados en tres secciones: Apócrifos, Sacramentos y Salmos.

Abriéndose paso al universo simbólico de la obra, los dos textos que componen Apócrifos versan sobre el lenguaje y la condición del poeta, quien sería casi un profeta de una dimensión laica de lo sagrado: la palabra. Esta pequeña unidad léxica que se pretende única, fija y semánticamente cerrada, no es más que una paradoja en sí misma, la polisemia, el cambio y la apertura conviven en su esencia, y no es otro sino el poeta quien sabe hacer uso de ella dejándola residir en su propia indeterminación: (…) el poema/reconoce a los poetas/el silencio necesario/la complicidad/porque a veces/poco alcanza con nombrar (fragmento del poema Génesis).

En la búsqueda de los justos nos adentramos en los siguientes siete textos que al igual que los siete signos sensibles que revelan la divinidad, componen los Sacramentos. Así como la institucionalidad de lo divino reifica, cristaliza y opaca la posibilidad de una verdadera epifanía, estos textos ilustran y denuncian la pérdida de trascendencia en la alienación de la vida burguesa. Con un tono político oblicuo y una sensibilidad directa, estos siete poemas revelan una crítica a los distintos elementos de la hegemonía neoliberal actual bajo el discurso capitalista: desde el patriarcado heterosexual y violento hasta los medios de comunicación, la vida en la ciudad, la rutina y la alienación, la sociedad de consumo, el lujo, la frivolidad y la ostentación. Así como la Reforma reclamó legitimidad para la propia exégesis de los textos sagrados socavando el poder político eclesiástico, el poema que cierra este apartado realiza una hermenéutica personal sobre deber y la justicia, donde la resistencia se hace posible gracias a la unidad, el abandono del individualismo y una toma de postura en favor de la sensibilidad: no me importa morir en estas calles/mientras estén pobladas de nosotros/la vida empieza acá/entre los cuerpos libres/lo demás/es subsistencia (fragmento del poema Comunión).

Finalizando el poemario encontramos los tres poemas que componen el capítulo de los Salmos, aquí también la poesía se revela como canto en una liturgia que rinde culto a la poesía como único modo posible de nombrar lo inefable. Como una teología negativa que reemplaza la descripción y la especulación racional en favor de la contemplación y la adoración del misterio, la poesía ofrece un acceso místico a lo sagrado reemplazando la palabra directa y racional de la narrativa, por un discurso indirecto y sentimental, que transitando un camino oblicuo logra acercarse a hablar de todo aquello que no se deja atrapar por el lenguaje coloquial: poesía son las cosas que no explico/libertades que las jaulas no dominan (fragmento del poema Corpus).

Titulado como un salmo religioso que alude a la unión y la salvación en el juicio final, la congregación de los justos está compuesta por todos aquellos a quien Dios conoce por su piedad. Para la Iglesia, que desde su institucionalidad política señala las prácticas de vida que están legitimadas y las que están prohibidas, el criterio parecería ajustarse a una cierta normatividad, pero ¿quiénes son los justos para nosotros al final de esta obra? Los justos son aquellos que desde su sensibilidad cuestionan y hacen temblar las imposiciones normalizantes, para ellos el sentido de lo sagrado radica en la resistencia de la poesía como fenómeno que satura la objetividad de lo dado, concediendo su derecho al acontecimiento de la trascendencia y haciendo con la palabra un modo privilegiado de su manifestación. Para quienes ven en la unidad que el todo es mayor que la suma de sus partes, la congregación de los justos es el verdadero salto de fe hacia una militancia poética.

 

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