La media hora mas lúcida del rock


Por Jeremías Felioga

A fines de la década del 60 y comienzos de la del 70, el rock argentino estaba atravesando una de sus primeras enormes maduraciones. Ya se habían hecho canciones y discos de rock en castellano. Ya habían emergido algunas de las bandas cuyos integrantes luego serían las principales figuras del movimiento: Los Gatos (Litto Nebbia), Los Abuelos de la Nada (Miguel Abuelo y Pappo), Almendra (Spinetta), Manal, Tanguito y Moris.

En ese contexto, éste último, irrumpió ( discográficamente hablando) con una obra maestra: Treinta minutos de vida. Por momentos el disco parece la grabación de un ensayo, con las improvisaciones y todo. En otros, se torna melancólico y directo. Cancionero. La filosofía callejera, el existencialismo, la sensibilidad más visceral, la crítica feroz a la sociedad, la historia-canción y la improvisación, son solo algunos de los condimentos que tiene el disco. A veces extremadamente simple. Otras veces complejo, denso.

Definir a Moris como poeta resulta un tanto extraño. Es sin lugar a dudas, uno de los mejores compositores de la música argentina. Sin embargo, sus canciones no tienen nada que ver con las de Miguel Abuelo, Spinetta o Charly García. Quizás su registro como letrista es más parecido al de Javier Martínez (Manal). Los paisajes porteños, la crítica social (sin llegar al panfleto), el concienzudo análisis de ciertas relaciones humanas y la sensibilidad para encarnar los sufrimientos made in siglo XX (pienso por ejemplo, en Escúchame entre el ruido de Moris y Porque hoy nací de Martínez) los hermanan eternamente.

En la contratapa del disco reeditado (en el original se encontraba en el libro interno) se pueden leer cosas como esta: "Son las once y media de la noche y escucho en el aire una canción del conjunto Creedence Clearwater Revival y suena con la naturalidad de un tango antiguo flotando sobre la ciudad. Mañana tengo un recital y estoy un poco afónico y con gripe. Sin embargo el LP está listo y la voz está fijada para siempre en la cinta de grabación y han sido unos cuantos años ya de cantar, vagar, componer y dar la cara o lo que me ha tocado vivir".

Finalmente, cierra todo diciendo:

"Esto, que un amigo tituló TREINTA MINUTOS DE VIDA, empezará a rodar por los tocadiscos de esta ciudad o de cualquier lado. Y lo que pase con esta media hora de vida, es una historia que todavía no se ha empezado a escribir".

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