La poco ortodoxa historia de una chica que dejó de encomendar su vida a Dios para comenzar a creer en sí misma

poco ortodoxa 2

Por Analía Fraser

Una de las series más vistas en el pasado mes, es protagonizada por un personaje feminino que le da la espalda a sus tradiciones. Lo que más sorprende de esta propuesta de cuatro capítulos, es que ese personaje no responda a los cánones de relatos masivos en donde la protagonista arrastra con una actitud victimista o autocompasiva.

“Poco Ortodoxa” es la nueva serie de Netflix que se inspira en la autobiografía de Deborah Feldman, y nos presenta una ventana abierta a la cotidianidad de una de las comunidades judías más ortodoxas de Nueva York, que surge luego del holocausto en Europa con aquellos que lograron sobrevivir.

Desde las contradicciones de su protagonista, la serie actualiza el inagotable debate sobre los desgarradores actos que se cometieron contra la colectividad judía en la Segunda Guerra Mundial. La joven llamada Esty decide abandonar su colectividad a los 19 años para irse a vivir a Alemania, dejando atrás la única forma de vivir que conoce: un contexto donde cuestionar, no está dentro del horizonte de las mujeres (ni de los hombres) jóvenes del clan, ya que la costumbre indica que las decisiones de la vida privada se toman en comunidad, siempre con el asesoramiento del Rabino.

Con una madre que huyó de las tradiciones ortodoxas al poco tiempo de su nacimiento, Esty fue criada por un padre alcohólico, una abuela que logró escapar de los campos de concentración Nazis y una tía que le consigue un matrimonio por conveniencia. Serán todos los rituales y convenciones que descubra en ese matrimonio (con el ingenuo y manipulable Yanky), los que le otorguen la fortaleza que necesita para emprender su huida. La obligación de ser madre, las exigencias de la familia de su marido frente a ello, y la falta de apoyo de las mujeres de su propia familia, serán las fuentes de crecimiento  de sus incomodidades y sentimientos de no pertenencia a todo lo “establecido”.

Como público empatizamos con Esty tan pronto comienza la serie y con su incansable deseo de buscar una forma personal y única de ser mujer en el Berlín del 2019, aunque rescatarse a sí misma no le será fácil. Las chicas de su colectividad son preparadas para formar familias y recuperar las millones de vidas perdidas en las generaciones anteriores, por lo tanto las herramientas con las que cuenta para sobrevivir en sociedades no judías son mínimas.

Mientras todo eso transcurre, vamos descubriendo la vida pasada de Esty en el neoyorquino barrio de Williamsburg de forma intercalada con su actual vida en Berlín. Un acierto narrativo que nos permite conocer con mucho detalle el contexto de donde viene y por qué es tan fuerte el choque cultural que la protagonista nos transmite en todo momento.

Las múltiples dimensiones de la cultura judía ortodoxa, están sintetizadas en magníficas escenas que nos enseñan sobre las tradiciones: que las mujeres no cantan en presencia de hombres, que deben cubrirse la cabeza una vez que se casan, camas separadas para el matrimonio, cocina empapelada con aluminio en ciertas fechas, rituales antes de casarse y durante la boda. Al terminar la serie, se puede ver un documental que narra e informa fascinantes detalles complementarios a la historia.

¿Y por qué Esty eligió Berlín? Allí vive su madre, pero...¿Por qué confiar en la persona que la abandonó cuando era pequeña? Una trama madre-hija que potencia aún más la crisis de Esty en relación a su comunidad donde no está permitida la toma de decisiones individuales. Los modelos femeninos empáticos se multiplicarán a medida que más se aleja de su comunidad y surgirán para Esty, nuevos vínculos que hacen tambalear los modelos femeninos que admiró toda su vida: su abuela y su tía.

Como toda historia de superación personal, esta serie también tiene un malo y se manifiesta en el personaje de Moishe, el primo rebelde de su marido Yanky que rompe constantemente con las reglas de la colectividad, (pero de forma discreta). Él será enviado por el Rabino para guiar a Yanky en la búsqueda de su esposa por una ciudad plagada de sitios que hacen referencia al holocausto judío y que nada tiene que ver con la Europa que habitaron sus abuelos antes de morir en los campos de concentración nazis.

Tanto ellos como Esty, verán con sus propios ojos una sociedad que sigue habitando y resignificando ese espacio donde murieron tantos judíos y que, en la actualidad se muestra como un sitio tan alegre, inclusivo y diverso. 

Con más inocencia que ilusiones, la protagonista nos interpela a reflexionar sobre aquello que elegimos y heredamos como lo “normal” o lo que “se debe hacer”. Una serie más que recomendable, de esas que se ven del tirón y que al no descuidar los sinsabores que pueden aparecer en el ejercicio de la libertad propia, mantiene vivo un sentimiento de incertidumbre en la atmósfera de toda la serie.

Comentarios