Last Night in Soho: cuando la noche cae roja

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Por Jonathan Ehrhorn

Edgar Wright es de esos directores que, como Quentin Tarantino, identificamos con facilidad al momento de encontrar sus películas en la televisión. Nada menor si consideramos que tanto él como su colega estadounidense exploraron un buen número de géneros, a menudo rindiendo homenajes a sus maestros. La nueva película del realizador británico, Last Night in Soho, es un testimonio del paso exitoso de Wright por los terrenos del thriller psicológico y del horror.

Ambientada casi enteramente en Londres en dos épocas distintas (los años sesenta y la actualidad), la película destaca por su despliegue técnico: espléndidamente filmada, con un nivel altísimo en cuanto a iluminación, vestuarios, y una banda sonora —una característica del director es el detalle con el que elige la música de cada aventura cinematográfica— compuesta por canciones que se entrelazan con la narración misma, remitiéndonos a los tiempos del Swinging London, tiempos de efervescencia juvenil, claves para la contracultura y semillero de esa moda tan particular.

Protagonizada por Thomasin McKenzie, con Anya Taylor-Joy en otro papel memorable y la participación de la legendaria Diana Rigg (de la serie Los vengadores) en su última actuación, Last Night in Soho es una película rebosante de color, dinamismo y entretenimiento.

Eloise Turner es una joven aspirante a diseñadora de moda que un día recibe la notificación de una vacante para estudiar en Londres. Deja su hogar en la campiña inglesa, donde vive con su abuela, y empieza una vida frenética en la gran ciudad. Sin embargo, los problemas no tardan en aparecer para Eloise: tiene dificultades para integrarse a sus compañeros de cursada y el ambiente urbano se le torna, además de ruidoso, siniestro.

Una serie de visiones nocturnas la conducen al Soho del pasado, donde conoce a una aspirante a cantante y desentraña, oculta bajo el glamour, una pesadilla.

Pese a caer en algunos lugares comunes de los géneros mencionados al principio, la película adquiere fuerza en el transcurso del relato, aun como homenaje al giallo (género italiano de los sesenta y setenta en el que conviven el policial y el terror). Es en el desarrollo de la intriga, los giros argumentales y la calidad técnica en general que Last Night in Soho levanta mayor vuelo.

El sentido del humor irreverente y perspicaz de Edgar Wright dice ausente en esta ocasión, pero el director hace gala de una faceta novedosa en su filmografía. Entre sus fanáticos, no hay duda de que Last Night in Soho se ganará un lugar de respeto. En tanto, para los cinéfilos encantados por Dario Argento y Mario Bava —figuras del giallo— es una puerta de entrada a la obra de uno de los directores más carismáticos de los últimos veinte años.