Lo metafísico de lo sonoro: Sabot en el Teatro Caras y Caretas

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Por Melisa Olivera
Foto de Ariel Rodríguez

El sábado 30 de septiembre, el Teatro Caras y Caretas nos ofreció un ambiente a la David Lynch: pisos con rombos blancos y negros que a veces nos distorsionan la vista, luces encandilantes de colores, una pantalla donde ocurren imágenes que se suceden rápidamente y un escenario donde Sabot presentaba su segundo disco Desde el desconcierto metafísico a la insatisfacción inmaterial. A través de la dialéctica entre elementos de la lírica, lo visual, lo instrumental y lo vocal, la banda logró demostrar que todo aquello que pregona en su álbum recientemente lanzado puede ser interpretado en vivo con la misma intensidad, pulcritud y crudeza que en estudio.

Sabot es un cuarteto compuesto por Pablo Eguibar y Leu Frais, ambos en guitarra y voz, Alan Vivona en el bajo y Jonny Doná como baterista. Habían lanzado en el 2014 su primer disco con otra formación, Distopía latente, y estuvieron en stand by hasta que en el 2016 decidieron reformularse y volver al ruedo. La banda clasifica principalmente como rock, y pasa por estadíos que van desde el funk hasta lo progresivo, teniendo aires a grupos como Queens of the Stone Age pero contando con el suficiente componente nacional para descubrir que se trata de esas propuestas en el under actual que valen la pena seguir. Se distingue por el buen manejo de las pausas y las intensidades, las calmas y los estruendos, y por sendos guitarristas jugando con intervalos recurrentes a la hora de cantar. Pero Sabot en el vivo nos ofrece más allá de lo musical una experiencia sinestésica, lisérgica por momentos, en el que podemos encontrar como un todo la instrumentación, las letras y las imágenes, e interpretarlas en conjunto, hacer un proceso desde lo expresivo, lo intelectual, lo visual y lo sonoro. Presentó el nuevo álbum completo y en orden, que va desde las denuncias políticas hasta el simpático cantico a un insecto (aunque este último también posee una importante carga política), la incertidumbre y el amor. Luego continuaron con diversas composiciones extra-“Desconcierto…”, en el cual se notó el ensamble y la homogeneización del pasado de la banda con su actualidad.

Desde lo musical, son frecuentes los solos de guitarra y los diálogos entre instrumentos, la potencia del rock y la calma de alguna que otra “lenta”. Desde lo lírico, podemos observar una ideología bien plantada en las letras; los reclamos a todo aquello que originan los males del mundo, como los sistemas de dominación y explotación, así como también esas armas con las que los podemos combatir. El título del disco y sus contenidos en conjunto con su sonido nos invitan al pensamiento crítico, a repensar nuestra relación como especie con la naturaleza, nuestras propias identidades, nuestra consciencia y las mismísimas relaciones humanas.

 

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