Los Grandes Sonidos, de Marente de Moor

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Por Elías Fernández Casella

Los Grandes Sonidos, cuarta novela de la escritora holandesa Marente de Moor, es una madeja de enigmas construida sobre recuerdos fragmentados. Se trata de la primera novela de la autora traducida al castellano, con el impecable trabajo de Micaela van Muylem y Marcela Cazau.

Nadia, una zoóloga rusa casada con un hombre bastante mayor que ella, cuya relación hace tiempo que perdió la pasión , vive en una casa solitaria que alguna vez funcionó de granja y laboratorio para las investigaciones con animales de la pareja. Los vecinos que alguna vez los visitaban ya no vienen y la Rusia post-soviética los olvidó.  Los tiempos en los que el proyecto estuvo vivo, recibiendo turistas y apoyo económico pasaron ya hace varios años.

En el interín, tremendos sonidos, como planchas de metal que se arrastran sobre otras planchas de metal, se escuchan en el cielo sobre el techo de la pareja. Sonidos inquietantes que se vuelven parte del paisaje, que se suman al día a día de la pareja, como un mito campestre que no se define entre amenaza latente o buen presagio.

Hay un año de su vida que Nadia prefiere olvidar, y ese año será lo que la narradora nos irá revelando (o no) a partir de un relato fragmentado desde los recuerdos. Nadia recuerda desde la sordidez y la soledad, dosificando la información por una cuestión de auto-preservación. No todo recuerdo es pasible de ser recordado y toda revelación puede tener un fuerte coste emocional.

La templanza científica se choca con el peso de lo traumático. No es seguro que Nadia quiera recordar. Tal vez lo hace porque no le queda otra, para lo que construye ensueños e historias que con casi una leyenda. Además de Nadia, la soledad es la gran protagonista, junto con el desgaste de la vejez y la sordidez de una vida cada vez más apartada. De visitas que se vuelven indeseadas. Con el resabio de la URSS pegado a la piel, con los ecos de una sociedad construida sobre ese recuerdo. Enredada en frustraciones cotidianas, Nadia se pregunta "cómo fue que no entendí lo poco práctico que era asentarse en los márgenes del país más grande del mundo".

El trauma es un mecanismo protector que la mente pone en funcionamiento para no enfrentarnos con aquello a lo que le tememos. Nadia habla directamente con sus recuerdos. Con el esbozo de un maquinista de tren que fijó en su memoria. Hay mucho que no tiene fuerzas para recordar. ¿Será Nadia una narradora en quien debamos confiar? El libro no cierra sin darnos las respuestas que necesitamos. Y, como siempre que se destapa un trauma, es un alivio.