Los sitios de Aixa Rava

Ph. Adolfo Rozenfeld 4

Las palabras de Aixa Rava proyectan imágenes y las imágenes forman tejidos orgánicos: cuerpos. ¿Y dónde está el límite entre el poema y el cuerpo? Justo ahí, en esos resquicios, es donde ilumina Aixa.


 

Por Jeremías Felioga
Foto por Adolfo Rozenfeld

 

Llegué a tus poemas a través de tu último libro: Los sitios de mi cuerpo (AñosLuz, 2019) y me quedaron dos cosas muy marcadas: por un lado la belleza de las imágenes que lo forman y por otro una especie de angustia que brota desde lo hondo del libro. ¿Lo ves así también?

Bueno, primero, gracias por estas apreciaciones. Que se perciba belleza en las imágenes es importante para mí porque cuando escribo presto especial atención a las palabras, las elijo cuidadosamente, tanto desde lo semántico, como desde lo sonoro y lo métrico. Hay un trabajo detenido ahí. Y que además de eso, las palabras despierten o traigan ciertas emociones, pues es otra búsqueda poética, la de conmover, que es mover a, inquietar, alterar, hasta perturbar, es decir: hacer que algo pase.

En Los sitios de mi cuerpo hay una profundización de algunos de los temas que a mí particularmente me movilizan: el ser y el estar en el cuerpo, el movimiento de ese cuerpo y la relación que establece consigo mismo y con otros cuerpos. Y eso puede generar angustia, tristeza, porque el cuerpo aloja memorias, aloja recuerdos, felices y no tan felices.

La angustia puede deberse también a que mi mirada sobre los hechos, sobre las cosas, generalmente es nostálgica, ya sean hechos autorreferenciales o no, y la nostalgia puede generar angustia.

¿Y esa búsqueda de belleza está relacionada al fondo (lo temático, lo que subyace) de cada poema o es más bien algo inherente a tu estilo?

Sí, es una búsqueda directamente conectada a mi poética. Ojo que la belleza tiene raíces subjetivas, lo que tienen de bello mis poemas tiene que ver con lo que yo considero bello en mi hacer poético, en mi escritura; a vos te parece bello también pero quizás a otrx lectorx no, y yo encuentro belleza en poéticas diametralmente opuestas a la mía. Pero volviendo a la pregunta, hay una búsqueda personal en la forma que aspira a cierta belleza, repito, en lo sonoro, en la cadencia, en el ritmo, en la selección léxica, en la métrica... una búsqueda que aparece desde el esqueleto del poema y que se agudiza o que voy puliendo a medida que reviso y reescribo el texto.

Tierra del Fuego, el poema que abre Barda (Buenos Aires Poetry, 2014), es una entrada intensa a tu obra pero también a tu biografía, ¿lo pensaste como una especie de presentación?

No, lo pensé como entrada a ese libro en particular, como punto de partida. Barda está organizado cronológicamente, de mis tres libros es el más autobiográfico, y los poemas construyen el recorrido de una vida desde lo geográfico y a través de ciertas experiencias. La isla es el lugar de nacimiento y también el lugar del que hay que salir, porque es el lugar del miedo, de la soledad, de la tristeza, de la vida encerrada. El campo santafesino y la barda neuquina son lugares donde se puede estar, crecer y ser en el afuera, donde el paisaje invita al disfrute, al recorrido, pero donde también se hace posible el encuentro con lxs otrxs, donde se da la amistad y el amor. Está lleno de paisajes ese libro, bueno, todos mis libros, pero en Barda el tono evocativo es más intenso. En otra entrevista dije que, para mí, es el libro del recogimiento: hay una voz adulta que recoge la voz de una niña, de una infancia, y su forma de atravesar lugares y experiencias.

¿Qué sentís cuando leés esos poemas? ¿Te siguen identificando?

Les tengo mucho cariño. En algunos ya no me encuentro, por supuesto, hay algo del tono, de la forma, que ya no identifico como míos, que quedaron anclados en el momento de escritura en el que fueron concebidos. Y es que ese libro reúne textos muy viejitos con otros más nuevos, es un popurrí que ordené, hay poemas de mi adolescencia y otros que terminé de escribirlos meses antes de que se publicara el libro, es decir, hay poemas de cuando tenía 16-17 años y poemas de mis veintipico. Me gustaría reeditar ese libro, por momentos pienso que le haría algunos cambios, pero después pienso que no, que así está bien, es la representación de quién era yo en aquel momento en que decidí publicarlo, si esos poemas están ahí es porque en ese momento creí importante que estuvieran, todavía decían algo de mí a pesar de los años.

Hace unos años dijiste en una entrevista que no te sentías identificada con la escena actual de la poesía argentina ¿Eso sigue siendo así? ¿Qué rasgos te separan de esa escena?

Sí, eso dije. Hoy contestaría de otro modo, porque haría la salvedad de que la escena actual de la poesía argentina es amplia y diversa y hay cierta poesía con la que sí me identifico. Lo que quise decir en ese momento, si no me falla la memoria (aunque puede que sí, porque cada vez me funciona peor), es que no me identificaba y sigo sin identificarme con cierta poesía que hoy podría definir como instagrameable, fácilmente digerible, poesía eslogan, poesía frase motivadora, poesía efecto shock, poesía at a glance, esa que lees con un golpe de vista y seguís con el scroll. No digo que esté mal, quién soy yo para juzgar eso, y además qué triste sería establecer un juicio de valor desde ese lugar, digo que me parece poesía de momento, transitable pero no trascendente, me pudo producir algo en el momento que la leí y seguí scrolleando y me olvidé. A otrxs les gustará, para mí es olvidable pero porque mi búsqueda es otra. Esa poesía convive con otra poesía que también es actual, es decir, que se escribe hoy, y en la que sí encuentro resonancia, aunque se trate de poéticas diferentes a las mías, como la poesía de Rita González Heysanes, Gabriela Clara Pignataro, Carla Sagulo, Cecilia Perna, Elena Aníbali, Natalia Litvinova, Eloísa Oliva, Griselda García, Carina Sedevich, Carina Rita Medina, Romina Olivero, Janice Winkler, Paz Busquet, Liliana Ancalao, Liliana Campazzo, Graciela Cros, Melisa Mauriño, Melisa Papillo, Florencia Lobo, Lola Halfon, Julieta Berriel... por nombrar sólo algunas, muy pocas para la inmensa cantidad de escritoras maravillosas de la poesía actual. La sucinta lista evidencia que estoy leyendo a muy pocos hombres.

¿Cómo surgió Tanta Ceniza?

Por un deseo y una necesidad de concretar mi laburo con los libros desde otro lugar, no ya desde la escritura, sino desde la lectura y la edición. Siempre estuve entre libros, me refugié en ellos en los momentos en los que no podía encontrar refugio en este mundo, busqué respuestas en ellos, busqué un lugar, y quise estar en ese detrás de escena, en la cocina de los libros, que tan necesarios fueron y siguen siendo para mí. El proyecto se concretó en enero del 2019 y el primer libro se publicó en abril de ese año. Cada nuevo libro es un suceso, un encuentro entre autoras e ilustradoras, un hacer en el que todas las miradas y todas las manos aportan su singularidad. De los tres trabajos que tengo es el más placentero, y también el que más dolores de cabeza me da, no puedo quejarme, tiene lo mejor de mí y lo mejor de todas las personas que participan en cada libro, eso es tanto, tantísimo.

¿Cómo es editar y corregir a otras escritoras? ¿Encontrás puntos de contacto con el proceso de corrección de tus propios textos?

Sí, hay algunos puntos de contacto que tienen que ver con la forma en la que realizamos la corrección de los textos, y digo "realizamos", porque si bien yo leo los libros y marco lo que voy viendo y luego lo charlo con la autora, el proceso de corrección lo hacemos juntas, incluso en este tiempo de cuarentena, a la distancia. El año que viene saldrá el primer poemario de Lucía Vargas Caparroz, escritora argentina que en este momento reside en Bogotá, y con ella estuvimos encontrándonos vía Meet todos los domingos de abril y mayo para leer juntas los poemas y editarlos: leímos en voz alta, escuchamos cómo sonaban los versos, cómo cadenciaban, ordenamos, cambiamos de lugar algunos textos, etc. Con la mayoría de las autoras fue así, salvo con Carina Sedevich y Janice Winkler, cuyos textos estaban ya muy trabajados por ellas. Cuando el texto no lo necesita, no me meto.

¿Qué es la Colectiva de Escritoras Patagónicas?

Es una colectiva artística intercultural y feminista integrada por escritoras, narradoras orales, libreras, editoras, dibujantes, periodistas, lectoras, diseñadoras, fotógrafas, investigadoras, docentes, bibliotecarias y gestoras culturales que desde el paradigma del cuidado y el refugio teje lazo poético en y desde Patagonia. Sintetizamos nuestra experiencia estética y política en el canal de YouTube "Algún poema tiene que haber", verso que tomamos de la Carta II de Liliana Lukin.

¿Cómo impactó en tu escritura este año de pandemia y encierro?

Pésimo, pero la escritura y yo tuvimos siempre esta relación acuariana, de encuentros y desencuentros, cíclica. No soy de esas personas que escriben a diario, ni con horarios ni con método. En mis libretas siempre escribo algo, propio o ajeno, voy recolectando palabras que capturan momentos, emociones, pensamientos, reflexiones, retazos de ideas, y en ocasiones eso se convierte en materia de poesía, o no. En este momento estoy muy dispersa con la escritura y la lectura, escribo y leo de manera fragmentaria, desordenada, con poca concentración, me pasa con otras cosas también, supongo que me gana cierta angustia e incertidumbre propia de lo que estamos viviendo, por eso no me exijo, lo que para la personalidad que tengo es un montón.

¿Hay en proceso algún material de futuro libro? ¿O esto que me contás pone en pausa cualquier intento?

Hay material porque tengo varias cosas empezadas de los últimos años y algunas pocas escritas en los últimos meses, pero como te decía, está todo muy desordenado. Me está pasando que son varias y muy diversas las temáticas que me convocan, así como las formas que están tomando mis escritos, y no estoy pudiendo aplicar un orden a ese caos. Nunca escribí un libro por vez, del mismo modo que no leo de a un libro o no tengo un trabajo, lo cual es contraproducente y estresante, porque no me permite concentrarme con la mayor atención en nada, siempre estoy partida en mil pedazos. Acepto que soy así y que los libros que logré armar y publicar surgieron de esas galaxias dionisíacas, tendré que dejar que las cosas maceren a su tiempo, como versa esa frase de Steidl: "El libro está listo cuando esté listo". Habrá que esperar.

Por último, y si bien ya nombraste a muchas colegas: ¿Qué poetas contemporánexs influyen en tu escritura?

Todas las autoras que forman parte de Tanta Ceniza me han llevado a repensar mi palabra, creo que esa es una forma maravillosa y enriquecedora de influencia. Son poetas a las que admiro y a las que además quiero como personas, algunas son amigas, con otras construí una amistad durante el proceso de edición, amo que se generen esos vínculos. Mis compañeras de la Colectiva son fuente de escritura y de reflexión poética, y algunxs autorxs que estuve leyendo últimamente también: las colombianas María Gómez Lara y Amalia Moreno Restrepo, el dominicano Frank Báez, descubrí hace unos meses a Soledad Castresana, Mariana Spada y Lisandro Gallo, y estoy leyendo a Leila Guerriero. Todas esas escrituras están constelando en este momento, ¿lograrán germinar algo digno de ser escrito y leído? Espero que sí.