M.A.M. (Mucho amor por Mollo)

Por Jeremías Felioga
Fotos: Rocío Eliges

La conversación Tango-Rock ya cuenta con un amplio abanico de colores. Desde Astor Piazzolla reinventando (reventando) todo lo tangueramente posible, hasta Bajofondo con su refinadísimo y aplastante electrotango; pasando por obras como la de Charly García (basta escuchar No soy un extraño o Tango en Segunda), Spinetta (A estos hombres tristes, la hermosa versión de Gricel), Fito Páez (infinidad de covers y canciones con influencias de este género), Andrés Calamaro (el disco Tinta Roja), entre otras miles.

De más está decir entonces, que interpretar tangos clásicos y de los otros, no es cosa novedosa ni mucho menos. La imagen que tenemos de un cantor de tango no coincide con ese señor de pelo largo. Claro, se trata de un rockero que va a cantar unos tanguitos. O de un milonguero otrora hippie-metalero-chabón. Piano (Diego Ramos), Bandoneón (Ernesto “Chino” Molina) y Contrabajo (Federico Maiochi) acompañan de forma clásica a un showman que pareciera haber salido de Comedy Central.

Como si hubiesen puesto play en un enorme equipo de música, suena desde la poderosa voz del hermano del guitarrista y cantante de Divididos, Garúa. La convergencia lista de temas-interpretación convierte al show en una experiencia dinámica. Algo que parece imposible, ya que se trata (al menos en su mayoría) de piezas sumamente pesadas y cargadas de una nostalgia insoportable para quien no es un habitué de estos conciertos. Martillazos como María, Sombras nada más o Uno se mezclan con constantes referencias humorísticas de un cantor, que, a pesar de su currículum cargado de rock pesado, no le escapa a la cursilería de dedicarle una canción a su jermu.

En medio de esta historia, aparece -en Boris Bar- un invitado de lujo. No precisamente para tocar o cantar, sino para recitar una poesía dedicada al Tango. Estamos hablando obviamente, del enorme Tom Lupo - Eminencia periodística ineludible, cuando de música se trata- quien aportó un poco más de mística rockera (sí, Tom Lupo es tan grande que puede aportar mística rockera recitando un poema sobre tango, metido en una chomba elegante-sport) a una noche de por sí llena de matices extra tangueros. El cantante de 64 años (al parecer los Mollo son Super Saiyajin o algo así) deja solo una incógnita (¿crítica cobarde, quizás?) con respecto a su presentación: ¡¿por qué solo tangos?!

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