Neon Genesis Evangelion, la vigencia de un clásico: Apuntes para pensar la subjetividad

Por Mauricio Olivera

“El ser humano es esta noche, esta nada vacía, que lo contiene todo en su simplicidad -una riqueza inagotable de muchas representaciones, múltiples, ninguna de las cuales le pertenece- o está presente.

Esta noche, el interior de la naturaleza, que existe aquí -puro yo- en representaciones fantasmagóricas, es noche en su totalidad, donde aquí corre una cabeza ensangrentada -allá otra horrible aparición blanca, que de pronto está aquí, ante él, e inmediatamente desaparece.

Se vislumbra esta noche cuando uno mira a los seres humanos a los ojos -a una noche que se vuelve horrible.” Jenaer Realphilosophie - G.W.F. Hegel


Así es como Hegel describe, en un escrito temprano, la complejidad del ser humano, de la subjetividad moderna, por momentos desgarradora, oscura y fragmentada. Una noche insondable. Sin embargo, a pesar de esta aparente simpleza de la noche oscura, hay una riqueza inagotable en su interior. Representaciones, aunque inconexas, que enriquecen esta profundidad incalculable.

Una subjetividad que aunque artificial, no deja de ser, en tanto “segunda naturaleza”, el interior de ella misma. Esta paradoja entre lo natural y lo artificial en la constitución de la subjetividad moderna, el límite entre una y otra que no para de desdoblarse, es brillantemente descripta por Hegel. La pregunta por la subjetividad, noche vacía que a la vez lo contiene todo, está planteada así en esta cita.

Y es en esta senda de interrogación de la subjetividad que puede ubicarse una obra como Neon Génesis Evangelion. Pienso que es una serie que, desde el género propio del manga y el animé, ilumina como pocas muchas cuestiones que rozan esta pregunta por la complejidad de la subjetividad. Evangelion fue una serie que a mediadios de la década de los ’90 marcó para aquellos aficionados al animé (y a los que no lo eran tanto) un punto de inflexión. Que efectivamente constituyó un antes y un después en la historia del manga y del animé en Japón, pero cobró también gran popularidad en todo el mundo.

Plagado de acción, así como de momentos de profunda reflexión, sostenidos por diálogos profundos y una excelente banda sonora, que realza de muy buena manera los momentos de acción y de profundidad. Dirigido a un público más bien adulto, contiene una gran cantidad de referencias “cultas”, que van desde la psicología de corte freudiano-lacaniano (subtítulos en los capítulos como “La Madre es el primer Otro”, “Ansiedad de Separación” y la constante referencia al sistema tripartito del yo, ello y súper-yo, la pulsión de muerte y muchas otras alusiones más lo prueban) hasta la introducción en el esquema argumental de elementos religiosos, sobre todo de la tradición judeo-cristiana, con fuertes influencias de la tradición abrahámica.

La serie fue creada por el estudio Gainax y dirigida por Hideaki Anno. Son en total veintiséis capítulos que fueron transmitidos por primera vez entre octubre de 1995 y marzo de 1996. A pesar de que el animé constituye la obra original, el manga creado por Yoshiyuki Sadamoto se comenzó a publicar antes del estreno de la animación para aumentar el interés del público. Sadamoto afirma que el manga es su propia interpretación de Evangelion, mientras que el animé es la interpretación de Anno. Hasta aquí nada que no se haya dicho antes sobre esta excelente serie. Lo que intentaré mostrar es como casi veinte años después de su finalización, aún con la realización de nuevas películas de por medio y la publicación de los mangas recién finalizada, Evangelion mantiene su vigencia intacta. Quizá no a nivel de técnicas de animación, ni de innovaciones argumentales o estilísticas a la hora de narrar una historia. Su vigencia está dada por otras cuestiones.

Se dice que los clásicos son clásicos en tanto interrogan cuestiones casi universales, tocan nodos que continuamente están en disputa y discusión, reactualizan temas que reaparecen, de manera casi espectral, que se niegan a ser resueltos de manera definitiva. En este caso, la incesante pregunta en torno al sujeto: qué es, como se constituye, hasta donde llegan sus límites. Visto desde este punto de vista, Evangelion es entonces, un clásico. Pero primero una breve introducción a la trama argumental, para contextualizar un poco y comprender mejor qué es lo que se pone en juego en esta historia.

La historia:

“Según cuenta la historia, en el año 2000 un meteorito cayó en la Antártida, devastando a gran parte del planeta. Ahora en 2015, el mundo apenas está comenzando a reponerse cuando atacan unos misteriosos seres, los ‘Ángeles’. Shinji Ikari es un adolescente apático que un día recibe un llamado de su padre, Gendo, a quien no ve desde chico. Este le pide que maneje un robot gigante, la Unidad Evangelion, y pelee para salvar al mundo.” Así es como la contratapa del manga describe el contexto inicial de arranque de esta serie.

Estamos entonces en el año 2015, quince años despues del evento conocido como Segundo Impacto, resultado de un desastroso experimento de contacto con un misterioso ser encontrado en la Antartida. Dicho ser se revela como un ángel, nombrado como Adán, así llamado por ser el primer ángel encontrado. Este experimento resulta en una catastrófica explosión, que termina eliminando a la mitad de la poblacion de la Tierra y sumiendo al planeta entero en guerras y hambrunas. Todo este descubrimiento y las verdaderas causas de la catástrofe desatada fueron ocultados. Se construyó una historia ficticia, que pretendía que había sido un meteorito el causante de semejante desastre. Para impedir que un episodio como este vuelva a repetirse, provocando un Tercer Impacto, la ONU crea una organización secreta llamada NERV (nervio en alemán) que construyó en secreto unos robots humanoides denominados Evangelion. Es la unidad 01 de estos robots la que el protagonista principal, Shinji Ikari, comienza a pilotear.

El núcleo de la historia girará en torno a la lucha contra los ángeles y la relación que entablan entre si Shinji y los otros pilotos de EVA, Asuka Langley Soryu y Rei Ayanami, y los superiores de estos, comenzando por la Capitan Misato Katsuragi, la Doctora Ritsuko Akagi, hasta culminar con el director de NERV, y padre de Shinji, Gendo Ikari. La dinámica de la relación entre ellos, va marcando la evolución de cada uno, ya sea acercándose o alejándose respectivamente. Por otro lado el otro punto importante sobre el que gira la serie es el misterio en torno a la aparición de los ángeles, qué es lo que buscan en Tokio-3 y, conforme avanza la trama, se van descubriendo los elementos del llamado Plan de Complementación Humana, liderado por una difusa organización, llamada SEELE (alma en alemán), que al parecer sabe de la venida de los ángeles, predicha por los Rollos del Mar Muerto. Los conflictos en torno al desarrollo de este plan, en donde NERV, con Gendo Ikari a la cabeza, disputa su dirección con SEELE, van develando cada vez más secretos y misterios.

A medida que transcurre la serie va desarrollándose la trama, enfocada principalmente en la acción de la lucha con los ángeles durante la primera mitad, para luego centrarse cada vez mas en el complicado entramado intersubjetivo de los personajes, profundizando el costado psicológico de ellos. El final de la serie, que causó polémica y descontento por su elevado nivel de abstracción y de ambigüedad, culmina este enfoque psicológico e introspectivo con un final "feliz" para Shinji, que termina comprendiendo que ser piloto de EVA no es su única razón para vivir. Este descontento "obligó" a la producción de una película, The End of Evangelion, lanzada en 1997. Ésta vendría a complementar, reemplazar o ampliar, según como se lo mire, a los dos últimos capítulos de la serie.

Su desarrollo ilustra todo el proceso del Tercer Impacto y el momento culminante del Proyecto de Complementación Humana que en los mencionados capítulos se dan por sobreentendidos. El final de la película reemplaza la visión alternativa y "feliz" del final de la serie, por uno mucho más crudo, contradictorio y ambiguo y, en mi opinión, mucho más acorde a la tensión y profundidad que se manejaban previamente a los últimos dos capítulos. Por lo tanto, también por ello resulta mucho más interesante como disparador para analizar y pensar problemáticas de carácter profundo en torno a varias cuestiones: la (im)posibilidad de crear vínculos interpersonales “normales”, la relación del ser humano con su propia soledad, las barreras a veces infranqueables entre el mundo masculino y el mundo femenino, las relaciones entre padres e hijos, y el poder que la ciencia le otorga al hombre, lo cual lo llena de orgullo y, en la mayoría de las ocasiones, de arrogancia, entre muchas otras.

Shinji Ikari y el sujeto como “noche del mundo”: Avatares de la constitución subjetiva

Shinji Ikari se enfrenta, a lo largo de toda la serie, a la visión hegeliana del hombre como una “noche del mundo”, como pura potencia, como puro desgarramiento. Se enfrenta a esta noche que habita su personalidad, retazos de existencia apenas sujetados por un débil lazo de personalidad subjetiva. Y también se enfrenta a esta noche, a esta oscuridad insondable, en los otros, específicamente en la relación con su padre, al cual no comprende la mayoría de las veces.

Este doble enfrentamiento es una de las características más interesantes de este personaje, puesto que permite observar la crudeza y ambigüedad de la construcción de la subjetividad humana. Ya en un temprano diálogo la Dra. Akagi afirma que Shinji es el perfecto exponente de lo que denomina el “dilema del erizo”. Este dilema, concepto tomado prestado del filósofo Arthur Schopenauer, refiere a la imposibilidad del erizo de acercarse a los demás individuos de su especie, puesto que en ese acercamiento se lastimaría. Y Shinji, como la mayoría de los seres humanos, trata de evitar ese dolor. Para ello elige recluirse, alejarse, huir del contacto social. El desarrollo del personaje de Shinji, afectado ya por el temprano abandono de su padre a la edad de cuatro años, va entonces a estar marcado por el conflicto que le impone la necesaria interacción con otros, en donde en ocasiones elige el camino de la alienación y en ocasiones intenta recorrer el camino “normal” de sociabilidad. A medida que transcurre la serie y al interactuar con el resto de los personajes, Shinji va a verse inmerso en esta permanente dualidad, entre el enfrentamiento, a veces tímido, a veces enfático, y la huida, la alienación, frente a diversas situaciones y sobre todo frente a los otros personajes.

Así, en primer lugar Shinji se topa con su padre y la serie va a estar marcada por el conflicto, subterráneo y callado, que mantiene con éste. Por momentos reacciona hacia él con odio e indiferencia y por momentos desea su reconocimiento, buscando generar algún tipo de lazo, cosa que se vuelve, en la mayoría de las ocasiones, imposible. No concibe como es que lo busca después de un largo abandono y por respuesta solo encuentra, ya desde el comienzo, que Gendo Ikari lo busca porque “le puede ser útil”. Esta situación va a estar presente en todo el desarrollo de la serie, oscilando entre la indiferencia y el intento inútil por parte de Shinji de establecer algún tipo de contacto.

Al principio se ve sorprendido por la candidez y excesiva extroversión de Misato Katsuragi, con la que a través de la convivencia va relacionándose y construyendo un cierto lazo, aún sin darse cuenta. Para Shinji, un muchacho acostumbrado a vivir solo, la idea de un hogar y de la convivencia es algo novedoso y aunque le cuesta en un principio, acaba por acostumbrarse a la desordenada vida que lleva Misato, que contrasta con su pulcritud y orden. Sin embargo ese lazo está permanentemente contaminado por la relación de subordinación que el trabajo de ambos en NERV les impone. Por esta razón Shinji mismo se pregunta acerca de la verdadera existencia de un lazo entre ellos, cuando luego de huir por segunda vez y negarse a pilotar el EVA, Misato solo se limita a preguntarle si ha decidido qué hacer, en lugar de retarlo o castigarlo.

Frente a la curiosidad y empatía que le genera la misteriosa Rei Ayanami, Shinji reacciona intentando generar contacto con ella, al principio de manera torpe y superficial logrando por momentos hacer que ella reaccione y generando de a poco una tenue relación. Al comienzo se muestra intrigado por la facilidad que Rei tiene para interactuar con su padre, cosa que a él le cuesta sobremanera. Luego va a ir construyendo, como se mencionó anteriormente, un tenue lazo, sustentado en base a un cierto paralelismo que Shinji encuentra entre su propio retraimiento y el carácter también retraído y dócil de Rei. Sin embargo, esta situación va a cambiar cuando finalmente se descubre lo que Rei “es” realmente, lo que deja una vez más a Shinji en el medio de una encrucijada de cómo actuar.

En cuanto a la relación que establece con Asuka, podría definirse rápidamente como de amor/odio. La personalidad competitiva y agresiva de Asuka pronto entra en conflicto con la más calmada de Shinji, generando situaciones que la mayoría de las veces se resuelven con peleas y discusiones, aunque también en momentos cruciales se ve que ambos se aprecian y que, más allá de las diferencias y de lo exasperantes que pueden resultarles el uno al otro, de alguna manera siempre están sacando algo de la personalidad del otro con lo que no contaban. La situación de parálisis casi absoluta por la que atraviesa Asuka hacia el final de la serie, y sobre todo en The End of Evangelion, afecta de gran modo a Shinji, y es una de las causas directas de su proceder en esta última parte. El ejemplo de hasta qué punto es importante esta relación para Shinji es perfectamente mostrado cuando Asuka es destruida por los Evangelion de producción en masa y Shinji ve partes del EVA 02 despedazado. Esto cataliza el inicio de todo el proceso del Tercer Impacto, al desequilibrarse definitivamente la psiquis de Shinji.

Para volver las cosas aún más complejas, cuando Shinji piensa que finalmente encuentra en Kaworu Nagisa, el quinto piloto elegido, una persona capaz de comprenderlo y que dice amarlo, éste resulta ser el último ángel y por lo tanto un enemigo, al que hay que derrotar. Esto es algo que Shinji no puede manejar y que también lo afectará por el resto de la historia. Enojado y abatido al mismo tiempo, Shinji termina matando a Kaworu, al que considera un traidor, puesto que traicionó su confianza.

Finalmente aunque no resulte específicamente un personaje, la relación que establece Shinji con el EVA 01 es también importante para el desarrollo de su personalidad. Es un lugar en el que no quiere estar por voluntad propia, en donde está por obligación, aunque más que obligación sea la misma inercia de los acontecimientos los que lo lleven a pilotearlo. Por momentos expresa el miedo que siente al hacerlo, puesto que se expone a muchos peligros al combatir. En otros momentos lo odia porque no le obedece, ya sea cuando se queda sin energía o cuando el dummy system, el sistema de piloto automático, se activa. Es el lugar donde expresa sus más vivas emociones y en donde se dan los mayores episodios de introspección.

Llega a ser tan importante que incluso llega a considerar, al final de la serie, que pilotear el EVA es lo que único por lo cual existe o tiene importancia, por lo que todos lo reconocen. Lo más interesante de la relación entre ambos se da cuando se encuentra en situaciones extremas de peligro, que activan el alma maternal del EVA, el llamado “Modo Berserk”. Aquí es donde Shinji, en contacto con el alma atrapada de Yui Ikari en el EVA, llega a sobrevivir a situaciones extremas, luego de largos e interesantes períodos de análisis e introspección. Resulta a la postre el catalizador de todos los últimos eventos, al finalmente reconocer la presencia materna en él. Es el lugar donde, según Misato, debe “encontrar la verdad” e intentar dar la respuesta a la pregunta del porqué de su existencia.

Llegados a este punto, aquí es donde se desarrolla quizá lo más interesante de esta incesante lucha que sostiene Shinji contra la “noche del mundo”, la suya propia y la que se encuentra en todos los que lo rodean. Y es en The End of Evangelion donde, en mi opinión, más claramente se observa la dificultad de esta lucha, las contradicciones que conlleva y en donde no existe una salida “fácil”, una huida a un mundo finalmente reconciliado consigo mismo. Esto último parece suceder en el final de la serie propiamente dicha, en donde se ve un universo paralelo, en donde todos los personajes tienen una vida “normal”, donde Shinji finalmente descubre que puede ser querido, que su único propósito en la vida no es pilotear al EVA, que puede ser querido y respetado por lo que él mismo es. Creo que ese final elude algo fundamental para la constitución de la subjetividad y para el establecimiento de las relaciones intersubjetivas: La continua insatisfacción, constitutiva del sujeto, del deseo de reconocimiento. Esto es algo que tanto el Hegel más maduro, en su Dialéctica del amo y el esclavo, como Lacan, en la reformulación que hace de esta dialéctica al afirmar que “el deseo es el deseo del Otro” han observado de brillante manera. Y algo de eso puede rastrearse en The End of Evangelion.

Paradójicamente, a pesar de que toda esta cuestión del deseo de reconocimiento parezca como algo exterior, que lo somete al sujeto, en este caso a Shinji, todo esto está fundamentado en una decisión. Decisión que es sin embargo ambigua, puesto que en un principio Shinji da inicio al Proyecto de Complementación Humana, sosteniendo que no quiere seguir sufriendo más, al ser rechazado por todos los que verdaderamente les interesa. Sin embargo, luego da marcha atrás, al darse cuenta que su deseo es el de volver a ver a esas personas y a tomar el riesgo de volver a ser lastimado.

En este breve resumen, puede que sea lícito interpretar que es un final con una gran carga de moralidad e incluso de simpleza, de que Shinji está haciendo “lo correcto” o “lo verdadero” o incluso que lo guía su corazón. Todas estas cosas pueden estar presentes, pero me da la sensación que es algo mucho más complejo que eso. Esta decisión de Shinji, encargado de dirigir el destino del Tercer Impacto, permite dar cuenta, en el punto culminante de la historia, de varias de las cuestiones que se han analizado hasta aquí. Entre ellas se destaca la posibilidad de pensar los límites de la subjetividad: Si es posible un camino emancipatorio a través del borramiento de ésta, tal cual lo pensaba SEELE, un camino que llevaría a la humanidad a un estado superior, o en realidad esta búsqueda de una nueva totalidad que reemplace a la totalidad perdida y rellene el vacío que habita los corazones de los sujetos devendrá solamente esto mismo, un vacío total, un todo que se convierte en la nada misma.

Tras un largo tiempo de reflexión e introspección Shinji vuelve a decidir, suspendiendo el Tercer Impacto y eligiendo volver a generar un campo AT para así reconstruir su yo. A pesar de las advertencias de Rei, Shinji elige, como se dijo anteriormente, tomar el riesgo de ser lastimado.

Dos consecuencias pueden extraerse de todo este proceso: En primer lugar, la importancia de la decisión en la constitución de lo subjetivo. Sin la decisión de la existencia, siempre situada, sobredeterminada, siempre-ya-afectada por los otros, no habría subjetividad posible. Esto es patente en la ambigua e inconclusa secuencia final, en donde Shinji y Asuka son los dos únicos seres humanos en el mundo. Shinji decide que quiere reconstituir su yo y quiere que Asuka también lo haga. Rei explica entonces que los demás humanos pueden recobrar su forma original, siempre y cuando tengan la fuerza de voluntad para que sus almas vuelvan a darles forma. Y eso es en definitiva una decisión.

En segundo lugar pareciera que es inevitable convivir con el dolor de relacionarse con el otro, ejemplificado de manera patente en el dilema del erizo, para poder constituirnos como sujetos. No bastaría solamente el reconocimiento del otro para la constitución subjetiva, sino que también es necesario, para que por lo menos sea una identidad humana, el sufrimiento que conlleva este deseo de reconocimiento, casi siempre insatisfecho. El deseo de reconocimiento y su permanente insatisfacción, junto con los conflictos, con otros y consigo mismo, que esto conlleva serían también entonces las condiciones de posibilidad de la construcción de una subjetividad que sería, al decir de Nietzsche, humana, demasiado humana.

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