No lo dejen solo

el violinista 6

En el teatro El Nacional, Raúl Lavié encabeza la reposición del clásico musical El Violinista en el Tejado.

Por: José Francisco Caballero
Fotos: ATOMo bit

“Si no tenés nada bueno que decir, mejor no hables”. Era una de las máximas de mi viejo. Y aunque
teníamos nuestras diferencias de opiniones, esa sentencia me quedó grabada y me guía. ¿A qué
viene que cite esta frase ahora? A mi necesidad de explicar por qué todas las críticas que publico
acá son positivas. No es que todo lo que vea me parezca destacable, sino que cuando veo una obra
de la que siento que no puedo hablar elogiosamente, prefiero decir “paso”. O sea, lo mío no es
crítica en el sentido estricto de la palabra, más bien prefiero dedicarme a recomendar lo que creo
que vale la pena, justificándolo con un análisis más o menos explicativo.

Hecha esta aclaración, puedo dedicarme a lo que más me gusta: contarles lo bien que la pasé el
último sábado, viendo la nueva puesta de uno de los musicales más emblemáticos. El Violinista en
el Tejado es uno de esos clásicos que nunca cansarán y que pueden reponerse una y otra vez para
delicia del público que vuelve a disfrutarlo y alegría de nuevas generaciones que pueden
descubrirlo. O sea, pertenece a un club en el que podemos incluir a Los Miserables, Hair, Jesucristo
Superstar, El Diluvio que Viene, Chicago, Cabaret, The Rocky Horror Show, Rent, El Fantasma de
la Ópera, Cats... y pocos más.

Se trata de una obra con una veintena de personajes, orquesta en vivo y una ambiciosa (aunque
sencilla) escenografía, que se presenta en ¡cinco! funciones semanales (jueves a domingo, con
doblete los sábados) de dos horas y media de duración (más diez minutos de intervalo) que se
disfrutan de punta a punta.

El elenco se destaca, actuando y cantando (las coreografías son sencillas, por lo que el lucimiento
como bailarines es menor, aunque más que correcto). Imposible no reasaltar a la siempre impecable
Andrea Lovera, quien para mi beneplácito el sábado realizó un doble papel, ya que reemplazó a la
también seguramente genial Adriana Aizenberg en la función a la que asistí. También merecieron
un aplauso más estruendoso en el saludo final Julia Calvo, Miguel Habud y Dan Breitman.

Pero sin lugar a dudas la gran ovación, más que merecida, se la lleva Raúl Lavié en el papel de
Tevye, el anciano lechero que ve (y sufre) cómo las tradiciones se van perdiendo y “aprende” a
regañadientes a respetar los cambios de una sociedad que evoluciona, aunque eso signifique que sus amadas hijas se vayan alejando una a una. Y, lógicamente, se siente tan inestable como un violinista en un tejado...

Tal vez las cinco presentaciones semanales resulten demasiado ambiciosas, pero sinceramente me
dio pena ver la sala cubierta en un 50% en la función “central” de la semana. Es una pena que
tamaña joya no tenga, como se merece, representaciones a sala llena. No hagamos que el Violinista
en el Tejado se sienta como su protagonista Tevye: no lo dejemos solo...

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