Okupas: Vacaciones en lo marginal

okupas-serie-20-anos

Por Elías Fernández Casella

Hito Steyeril, artista y ensayista nacida en Múnich, defendió en su libro Los condenados de la pantalla (2012) a la imagen pobre: ”archivos AVI borrosos de obras maestras semi-olvidadas (…) Muchas obras de cine vanguardista, ensayístico y no comercial han sido resucitadas como imágenes pobres. Les guste o no.” Tal vez el proceso de más de dos años que llevó a Okupas de sus publicaciones en youtube y los DVD pirata que circulaban a mediados de los años 2000 es una suerte de procesamiento para desligar a la obra de su marginalidad intrínseca y llevarla al olimpo de las producciones de Netflix, el nuevo mainstream híbrido. No es menor el hecho de haber tenido que adaptar las canciones con copyright difícil de conseguir (por lo caro o lo improcedente) por las más que aceptables y bien logradas producciones de Santiago Motorizado que ahora suenan en momentos donde antes aparecía The Doors.

Okupas es una serie que proviene de la marginalidad. Nacida por accidente de una deuda que Marcelo Tinelli tenía con el CONFER, fue producida con bajo presupuesto utilizando algunos actores no profesionales que han salido a “meter caño” antes de ser parte de la producción, como ilustra la anécdota en la que a Dante Mastropierro, (el Negro Pablo) le piden como consigna para el casting que amedrente a una persona como si le estuviese robando y Mastropierro hace  sencillamente lo que tantas veces había hecho en la calle.

Tal vez haya una doble ironía en Okupas. La misma que opera sobre todas las aventuras de lo marginal que tanto nos cautivan desde el folletín gauchesco hasta las tan criticadas producciones televisivas de nuestros tiempos. Okupas es la historia de un pibe de clase media “en unas vacaciones raras”, observada por una clase media a la que le encantan las historias de la marginalidad. Tal vez por descarnadas y por llevar una pretensión de veracidad. Tal vez para echar una mirada sobre ese peligro cercano que es la pobreza, que durante una crisis económica puede ignorarse pero jamás se va a ocultar puesto que aparecerá en todo momento y todo lugar para dar cuenta de su realidad descarnada. Un pibe que vende medias a los que nos tomamos una birra en un café (y no en la vereda, como mandan nuestras apropiaciones de lo callejero). La serie literalmente te introduce a través de un protagonista extrañado, que descubre “joditas” como tomar merca y salir a meter caño.

Es, sin embargo, terriblemente valiosa por el reconocimiento de dicha realidad. En una TV donde la regla es el mundo banal de los famosos, donde los villeros de Suar están todos vestidos como muchachones de Barrio Norte y se cumple el axioma de Poxiclub “quiero flashear ser pobre”, el accidente con suerte que fue Okupas irrumpe como un reclamo de realidad. El director, Bruno Stagnaro, ya había trabajado antes con actores no profesionales, provenientes del estrato social representado en “Pizza, Birra, Faso”, tremenda producción de 1998.


“Adentro hay un amigo mío con un tajo en la panza por defenderme. Hacé lo que quieras”

La de Okupas es un tipo de aventura con fuertes remanentes de lo gauchesco. Una historia de amistad que ocurre en un mundo miserable, con un Estado miserable frente a enemigos miserables donde los más inocentes son al fin los que mueren. Donde la filosofía popular y callejera es la verdadera sabiduría, la más pragmática y la única que puede hacerse valer, como la del personaje de Sofía, con quien Ricardo, el protagonista tiene un romance. La postura de que solo estudiar puede darte la oportunidad de salir del impredecible mundo en el que “se arma conga todos los días”. En Okupas todavía sobrevive la ilusión de que la universidad puede salvarte, así era o así se sentía al menos en los 2000.

Pero no son solo los valores tradicionales de trabajo y estudio los que aparecen en la serie, sino más bien la necesidad de tomar por la fuerza lo que otras clases sociales tienen por descontado y a lo que los protagonistas jamás accederán: Luego de obligar a los músicos a tocar la 4° de Mahler en el baño del Cultural San Martín, los cuatro protagonistas deciden (con una pinza robada) tomar la casa. Okupas es una historia de lo posible. Ricardo termina robando en la plaza que hay frente a la facultad de medicina, lugar donde alguna vez fue a estudiar.

Okupas es una producción que recupera lo humano en la miseria. Donde Ricardo llora frente a cada golpe brutal de los que recibe en esas “vacaciones raras” donde se ha metido para vivir fuera de la casa de su abuela. Los amigos harán todo sin ayuda de ninguna institución. Desde conseguir el suministro de luz, poner la casa a punto y en buenas condiciones hasta curar y enterrar a los amigos. Los personajes femeninos son claves pero nunca protagónicos. Son como entidades sabias que la tienen mucho más clara que los varones, mientras que la delincuencia parece ser un patrimonio masculino (dejando de lado a “La turca”, neutralizada en una prisión desde la que aún puede orquestar un golpe).

La serie se despide al igual que cada uno de sus personajes. Con un “bueno, chau”. Con un “que te vaya bien”. Con caminos que convergen perdiéndose en el bosque, para ir a conocer el país lejos de la ciudad, fuente de todas las miserias tumberas. El otro sueño del hippie de clase media, irse de mochilero para conocer otro tipo de marginalidad más controlada.