París, Texas. Una representación moderna del Lejano Oeste

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Por Melisa Olivera

El manifiesto de Oberhausen fue un manifiesto  que firmaron varios jóvenes directores de origen alemán en los años ‘60, quienes proclamaban el fracaso del cine comercial y apuntaban a crear un Nuevo cine alemán que reflejara formas alternativas de filmar y poder experimentar más con el lenguaje cinematográfico. Uno de estos directores es Wim Wenders, cuya ópera prima es Verano en la ciudad, una obra que dedicó a la banda inglesa de los ’60 The Kinks.

En el año 1984 Wenders filma Paris, Texas, una película que si tuviéramos que describir en una sola palabra, sería “híbrida”. ¿Por qué? Por varias razones. Para empezar, el nombre; se puede interpretar como un juego entre diferentes localidades, la París de Francia y el París del sur de los Estados Unidos. Después, que como buena representante del cine moderno, no se puede encasillar en un género y es una mezcolanza de distintos tipos de películas tales como las road movies (“películas de carretera” literalmente), el western, un género norteamericano por excelencia, y el melodrama familiar. Luego, porque fue financiada con capitales europeos y filmada en Estados Unidos, siendo una obra surgida de la colaboración entre la industria norteamericana y la europea. Y por último, porque el casting también cuenta con actores nacidos en ambos continentes.

La película gira en torno a Travis, interpretado por Harry Dean Stanton, quien padece de amnesia y está perdido en el desierto hasta que un doctor lo encuentra y logra comunicarse con su hermano, Walt, quien lo recibe en la ciudad en su casa. Travis tiene un hijo, Hunter, a quien Walt ha “adoptado” junto con su esposa. A medida avanza el largometraje, nos encontramos con una historia inconclusa respecto a la madre de Hunter, que Travis intentará recomponer mientras se esfuerza por reinsertarse a la sociedad y recuperar el vínculo con su hijo. Paris, Texas estudia la dificultad de los personajes para establecer vínculos familiares y emocionales, y demuestra la constante introspección de cada uno de ellos. Esto se puede ver plasmado por una “estética del vagabundeo” que Wenders aplica en sus creaciones, donde vemos al protagonista y a otros personajes en constante viaje y en búsqueda de sí mismos.

Por otra parte, la película refleja dicotomías que se plantean por oposición. Por ejemplo, desierto/civilización (o ciudad en este caso) pues Travis se encuentra merodeando en el desierto mientras Walt trabaja en Los Ángeles, o familia tipo/familia disfuncional, Walt y su esposa cuidando a Hunter en contraposición con los problemas de relación entre Travis y la madre de su hijo, y la figura del padre ausente.

De todas maneras, lo que hace a esta una película verdaderamente moderna, es la cantidad de referencias y guiños a las películas western y de travesías, en particular a una: The Searchers de John Ford, con John Wayne como protagonista de la cinta. Podemos ver en ambos films planos que evocan esa seguridad que inspira la ciudad a diferencia del cruel desierto, y la ambigüedad del personaje que interpreta Harry Dean Stanton como el que interpreta John Wayne, que no encajan en ninguno de los dos lugares y sólo pueden vagar buscando su destino. Por otro lado, ambas películas tratan del rescate de un niño y devolverlo a su “hábitat” correspondiente. Así como Lucy es recuperada y devuelta a la civilización después de haber sido secuestrada por los indios en The Searchers, en este caso los padres de Hunter logran recuperar el vínculo que habían perdido con él. Por último, para acompañar este estado de autorreflexión continuo de la película, y la “hibridez” que la compone, el encargado de la banda sonora es Ry Cooder, famoso guitarrista oriundo de Los Ángeles, quien interpreta el tema principial con el “slide” típico de película del Oeste, otra razón para adjudicar lo western al largometraje.

París, Texas es una película poco dinámica, la trama avanza lentamente y hay muchos momentos de silencio que nos involucran y que hay que saber ser fuerte y paciente. Es una historia que trata de redención, de recomponer relaciones quebradas y de hacerse responsable de los actos de uno. Sin embargo, es un film que vale la pena ver, para valorar desde lo cinematográfico y desde lo emocional. Y nos enseña algo: que la historia es el viaje.

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