Por qué deberíamos ver El Marginal y Cien Días Para Enamorarse

Web

Por Germán Nonell

Más que nada por tres razones: Los temas a los que aluden, la forma en que los tratan, y el mensaje que nos dejan.

Además que ambas fueron hechas por la productora de Sebastián Ortega, Cien Días para Enamorarse es una representación clara y concisa de la lucha por la igualdad y la identidad de género, la exclusión de varias personas del resto de la comunidad, en especial la población transexual, parte de eso se ve reflejada en la tira de Pequeña Victoria, y así como el tema se discute tanto en las escuelas como en el resto del país, el mensaje que deja Fidel (Michel Noher) a sus alumnos de literatura es de lo más fundamental. Y dice así: “Lo que digo es que no importan las preferencias sexuales, la religión, los kilos que llevamos en el cuerpo…todos somos diferentes, y en cuanto sepamos apreciar esa diversidad, y, en lo posible celebrarla, vamos a ser una sociedad más justa. Me extraña de ustedes. Millennials”.

Y por otro lado, El Marginal, que además fue calificada por el New York Times como una de las treinta mejores de la última década, es el reflejo de la vida dentro de las cárceles, el reflejo de la población marginal, la vida en el crimen y de los que viven en las villas, y sobre cómo hacen para vivir el día a día. Con solo pronunciar el lema “O cojés o te cojen”, lo cual ya es decir demasiado, uno podría hacerse a la idea, sin olvidar la corrupción dentro de los penales, lo cual, hoy en día, es otro de los asuntos más debatidos.

Para los que no lo saben, el penal de Caseros, San Onofre para los fanáticos de la serie, en su momento fue una cárcel en estado de operación, pero que por estar muy apegada a los edificios
adyacentes, sin mencionar el riesgo de fuga, tuvo que cerrar sus puertas. Gerardo Romano, intérprete de Sergio Antín en el unitario, en una entrevista junto a Claudio Rissi (Mario Borges) y Roly Serrano (El Sapo Quiroga), explicó que dicho penal fue construido por Sarmiento en 1850, y que hoy en día, varios de los presos políticos a los que fue a visitar a Ezeiza, según estableció previo a la emisión del último capítulo de la tercera temporada, no solo le dicen “Buen día, señor director”, sino que también se sienten identificados.