Quasimodo

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Nunca tuve una mascota. Yo no sé

amar a un perro, amar a un gato, amar a un pez.

Sólo sé de plantas que se cuidan en la noche

con la fragilidad de aguas contenidas.

Desde siempre he tocado mi campana:

                                           la armonía estallaba en mi pared.

Me han enseñado a ser como las gárgolas:

monstruo mitológico, vertedero de fe,

amigo de las aves que se posan sobre mis hombros tiesos

y me enseñan a volar con la conciencia

                                           hacia templos que me ven.

Por eso temo a lenguas que no entiendo

como un chico teme al reto por ser él.

Todo lo deforme y yo nos parecemos,

por tragedia                por belleza                por incendio.

 

Poema por Javier Martínez Conde
Ilustración por Ale Giusto