Que no se les olvide Chavela

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Por Analía Fraser

Es el año 1991, estamos en México y un grupo de jóvenes curiosas rodean a una mujer de 61 años que se muestra de buen humor y mirando a cámara nos dice: “pregúntame lo que quieras”. Así eligen presentar a su protagonista las directoras del prestigioso documental Chavela, anticipándonos que la cosa va de profundizar en las múltiples personalidades de la primera mexicana que se atrevió a desafiar el estereotipo asignado para aquellas que cantaban ranchera.

Con una atinada selección de las mil y una historias que vivió, el documental la construye como una mujer inspiradora y dueña de un carisma que no pasa desapercibido en ningún contexto.

La excelente recopilación de imágenes de archivo que comienza en los años 30, no se agota en su vida privada sino que también marca toda una época y el contexto de una clase social mexicana que nos ayuda a comprender los matices y vaivenes de la vida de Chavela Vargas.

Su desgarradora y dolorida voz nos acompaña en esta realidad compuesta por sus presentaciones musicales y entrevistas inéditas desde registros audiovisuales y fotográficos que crean un relato potente y atractivo, apoyado en testimonios que logran retratar desde la memoria emotiva, el modo tan particular que tenía Chavela de vivir.

Como momentos destacables vale la pena mencionar el repaso que ella misma hace sobre su historia de amor con Frida Kahlo y la fraternal amistad que desarrolló con Pedro Almodóvar en sus viajes a Europa.

Los testimonios de la intérprete se tiñen a veces de melancolía y otras de picardía, pero nunca de arrepentimiento. En varias ocasiones, sus palabras repasan momentos de forma contradictoria a como lo hacen sus personas más allegadas, fundamentalmente en la reconstrucción de una infancia que Chavela describirá de forma escueta y con extraña diplomacia: “vengo de una familia de aquel tiempo, con muchos prejuicios y con miedo al que dirán”. Aunque se muestre sin rencores, su entorno describirá la infancia de la cantante como una parte oscura y dolorosa que llevó con pena toda su vida.

El mayor logro del documental radica en exaltar su desfachatez como rasgo positivo de su personalidad en todas las épocas. Por ejemplo, en los 50, cuando la joven Chavela se presentaba para la elite mexicana en el DF; para las estrellas de Hollywood en las exclusivas playas de Acapulco; o la recopilación de sus andanzas junto al fraternal José Alfredo Jiménez en el mítico bar Tenampa, donde nunca faltaban tequilas.

Entendemos la pérdida de su amigo como un hecho que profundizó su relación con el alcohol y marcó el comienzo de su debacle artística y económica. Los desencuentros con las disqueras, instalan la propia muerte de la artista en el imaginario colectivo, lo que nos hace pensar que se aproxima el final del documental. Pero la imprevisible Chavela decide convivir con chamanes, superar su adicción al alcohol y prepararse para volver a los escenarios luego de 12 años sin cantar, aunque a partir de ahora sin tequilas.

¿Podrá seguir siendo una artista destacada sin recaer en el alcohol? El resto del documental es una historia de resurrección, con viajes entre Europa y México, narrados por Laura García Lorca y Pedro Almodóvar. Desde un registro audiovisual más cercano al actual, que incluye imágenes de una Chavela adulta, cumpliendo su sueño de cantar en prestigiosos lugares que le habían sido negados en su juventud.

Un documental que mantiene activo el reconocimiento de una artista que fue tildada de poco prestigiosa no por su arte, sino por negarse a seguir el esquema femenino legitimado. Muy segura de sí misma y seductora, pero a la vez endeble y resistente, con una impronta política que marcó un camino incluso a pesar de ella misma.

La primera mexicana en vestirse con pantalones sobre el escenario, es retratada en este documental como una referente innegable para seguir socavando en la idiosincrasia de los sectores patriarcales que aún hoy, tienen el poder de perpetuar la hegemonía como un único camino posible para las identidades femeninas de América Latina.

Lo sensible, emotivo y resistente del relato lo convierte en recomendable de ser visto al cumplirse el pasado 5 de agosto, ocho años de su muerte. Disponible en Netflix.