Quince millones de méritos

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Por Melisa Olivera

Black Mirror y el entretenimiento como (prolongación del) trabajo

“(...) los proyectos urbanísticos, que se supone deben perpetuar en pequeñas viviendas higiénicas al individuo como ser más o menos independiente, lo someten tanto más radicalmente a su adversario, al poder total del capital. Como a sus habitantes se les hace ir para el trabajo y el entretenimiento, es decir, como productores y consumidores, a los centros, las células-vivienda cristalizan en complejos bien organizados.”

Así se podría describir la situación en la que viven los personajes del episodio “Quince millones de méritos”, el segundo capítulo de la primera temporada de la aclamada serie Black Mirror. En una sociedad distópica, cada individuo vive en un cubículo particular compuesta de cuatro paredes (y pantallas), personal, pero a la vez genérico y estandarizado para todos, del cual no salen sino es para cumplir con su jornada laboral que consiste en andar en una bicicleta fija que produce energía a cambio de “méritos”, los cuáles sirven como moneda de intercambio. A su vez, mientras producen también se entretienen a través de los programas de televisión más banales, chabacanos y burdos que les son impuestos por una industria del entretenimiento que se alimenta del trabajo de cada uno y de vez en cuando convierte a alguno de ellos en “estrella” de esos programas.

Si bien el fragmento citado al comienzo de esta reflexión parecería un texto bastante actual, éste fue escrito por dos filósofos provenientes de la escuela de Frankfurt; Theodor Adorno y Max Horkheimmer, quienes entre 1944 y 1947 realizaban la “Dialéctica de la Ilustración” en el cual se encuentra el texto al cual pertenece la cita: la “Industria cultural o la Ilustración como engaño de masas”. ¿Por qué hacer referencia a estos autores? Porque a pesar de que Black Mirror es una serie entendida como “futurista” y en la cual la temática es nada más que la tecnología llevada a niveles extremos, no hace más que explorar tópicos que ya existen en nuestra sociedad a través de ese eje. En este caso, la industria cultural es abordada a la perfección por el capítulo en cuestión, y las tecnologías que se muestran allí no están tan alejadas de las que tenemos en la actualidad; en resumen, aunque parezca un mundo extraño, en el que todo parece ser negro y gris a excepción de lo que se muestra en las pantallas, es bastante análogo a la realidad social actual.

El protagonista de este episodio, Bing, es un hombre que como muchos vive encerrado en un ambiente en el que todos los días se levanta a andar en bicicleta fija para reunir los méritos que necesita para sobrevivir. Estos son la forma de capital monetario en la sociedad en la que vive, los cuales se intercambian para conseguir objetos. Los personajes que habitan esta diégesis están uniformados, todos de joggings grises, y en el único lugar donde se pueden distinguir es en el lugar virtual común que ocupan, donde cada uno es reconocido por un avatar al cual se personaliza. Los méritos se intercambian por varios artículos: por comida, por objetos para personalizar esos avatares, y por entretenimiento.

El entretenimiento es el motor de la comunidad que existe en el episodio, pues los personajes trabajan para producirlo y a su vez para consumirlo. Sin embargo, el ritmo es tan frenético que aquí se consume la televisión no sólo durante el tiempo de ocio, sino también mientras los trabajadores están cumpliendo su jornada.Y cuando terminan y van a descansar a sus cubículos, son bombardeados por las publicidades de los shows que ven todos los días, y son penalizados con una baja de méritos si desean salteárselas; la industria cultural a la que se ven sometidos no les deja un segundo de tranquilidad, un momento de reflexión con sus propias conciencias, es decir, no los deja pensar, ni siquiera los deja elegir el canal que quisieran ver, ya que hasta en ese sentido es restrictiva. Esto es descrito como una “necesidad intrínseca al sistema de no dejar en paz al consumidor, de no darle ni un solo instante la sensación de que es posible oponer resistencia”. Ésta no les deja oportunidad de poder imaginar algo distinto o nuevo o alternativo a lo que actualmente están expuestos.

Los programas son protagonizados por aquellos que alguna vez estuvieron trabajando, y en general, son todos de fácil digestión y apelan a los más bajos instintos de los que lo consumen: humillaciones a obesos (una especie de Cuestión de peso pero explícitamente gordofóbico), pornografía, y Hot Shot un show de cazatalentos al estilo “American Idol” al que se puede entrar con quince millones de méritos acumulados,  en el que se idolatra a los que tienen alguna gracia y también se defenestra  a los que no logran cumplir con los estándares impuestos por la industria. Se crean distintos tipos de programas para todos los públicos, lo cual les ahorra a los espectadores el trabajo de tener que elegir por su cuenta, de utilizar sus conocimientos y reflexión para poder decidir qué mirar. La industria clasifica y maneja a sus consumidores para que no tengan que hacer ningún trabajo e impedirles el pensamiento. Y además, sus contenidos son tan banales que los espectadores tampoco son apelados a utilizar su razonamiento y poder construir nuevos conocimientos; para entender los productos culturales sólo deben tener ciertas estructuras que ya interiorizan por la repetición extenuante de las mismas fórmulas usadas una y otra vez para producirlos.

Si todo esto les suena a la oferta televisiva que tenemos actualmente en el país, no es casualidad; y ya veremos por qué.

En este último programa es que se centra la trama (¡Atención! SPOILERS AL EXTREMO), el comienzo del conflicto y el desenlace de la historia que se cuenta en el capítulo. Bing conoce a una chica nueva en el trabajo, Abi, a la cual escucha cantar de casualidad y queda embelesado por su voz y su belleza. Por lo cual decide donarle sus méritos heredados por su hermano fallecido para que ella pueda participar de Hot Shot y salir de la vida monótona y aburrida que tiene. Finalmente, acepta ir al programa y es escuchada por el jurado, al cual parece gustarle la canción que interpreta, pero que decide que encajaría mejor en el programa de Tv pornográfico, ya que su talento como cantante es bueno, pero no suficiente como para deslumbrar, y debido a su apariencia física le ven potencial en el otro canal. Abi, decide entonces aceptar ese trabajo para no tener que volver a las bicicletas, y Bing se lamenta de haberle dado los créditos y se termina replanteando su lugar en la sociedad, su trabajo, el entretenimiento al que están sometidos y obligados a consumir, y hasta su propia vida. Esto lleva al protagonista a un punto límite; sin méritos, se ve forzado a mirar todas las publicidades y los programas que le son mostrados, y cuando ve a Abi allí, se vuelve loco y se golpea hasta romper una de las pantallas de su habitación. Entonces decide, al ver un pedazo de vidrio roto en el piso, volver a juntar quince millones de méritos y participar en el programa de talentos para amenazar con su suicidio en pleno show en vivo frente a los jueces, ante los cuales expresa todo lo que siente respecto a las vidas monótonas y sin sentido, demasiado virtuales y repetitivas, poco estimulantes y detestables de la clase trabajadora, y su sensación de estar viviendo en una burbuja y siendo controlado por el sistema en el que se ve inmerso.

La historia da un giro de 180 grados cuando los jueces, impresionados por el discurso violento y furioso, le proponen a Bing hacer un programa, dos veces a la semana, con ese momento de desquite improvisado ahora manejado por la industria. Él acepta, puesto que desde el principio sabe que no puede luchar contra ese sistema y prefiere escapar del trabajo de las bicicletas.

¿Qué se puede hacer salvo ver Black Mirror?

 “Sólo a una le puede tocar la suerte, solo uno es famoso, y aunque todos tienen matemáticamente la misma probabilidad, ésta es para cada uno tan mínima que hará bien en no contar con ella y alegrarse de la suerte del otro, que bien podría ser él mismo pero nunca lo es.”

Entonces (spoilers terminados) podemos observar varios elementos explicados por los filósofos mencionados al principio, plasmados (paradójicamente) en este episodio de Black Mirror.  Por un lado, esta idea de que cualquiera de nosotros puede ser la próxima estrella del programa de televisión es recalcada reiteradas veces por las publicidades de Hot Shot. Sin embargo, somos conscientes y algunos hasta nos conformamos con tan sólo tener esa oportunidad, pero en el fondo sabemos que nunca vamos a ser las estrellas que están en la televisión, ni que vamos a tener su fama y su dinero.“Las masas engañadas sucumben al mito del éxito”. Puesto que si bien, en el caso de este capítulo todos podían acceder con esfuerzo a los quince millones de méritos, Bing al comienzo no los trabaja, sino que los hereda, es decir, que es un número muy poco alcanzable para los trabajadores a menos que suceda algo excepcional como lo que le sucede al protagonista.

“Cualquier indicio de espontaneidad del público (…) es dirigido y absorbido a través de una selección especializada por cazadores de talento, concursos ante el micrófono y actuaciones protegidas de toda clase. Los talentos pertenecen a la empresa mucho antes de que ésta los presente: si así no fuera, no se adaptarían tan fervientemente.”

Por otra parte, ese no es el único filtro que atraviesan los concursantes; ellos no participan por orden de llegada, sino que el programa elige según la demanda que quiere satisfacer (y crear) al participante en el momento que le parezca adecuado. Así es como, cuando necesitan a una nueva chica bonita eligen a Abi, o cuando necesitan “inclusión” étnica eligen a Bing debido a sus rasgos africanos. De alguna manera, dotan de una unicidad y autenticidad a los ganadores que los programas no contienen debido a que se producen en masa y de manera industrial. Así mismo, también refuerzan la idea de que los que son elegidos en ese programa deben ser agradecidos con la industria ya que de alguna manera los rescata de su destino fatal e inevitable de seguir trabajando en las bicis, y así también, les recuerdan su condición de clase a los espectadores. Es así que como los concursantes ganadores representan esa mínima esperanza de poder dejar de pertenecer a esa clase y no hacer nada para revertir la situación más que esperar esa oportunidad.

La energía creada por ellos es la que mantiene la industria cultural, por lo tanto, todas las industrias del sistema de producción están conectados formando una totalidad de la cual los personajes no se percatan, quedándose con el particular que son los programas de entretenimiento que no les dejan ver esa relación; hablando mal y pronto, son “hipnotizados” por estos, y no les permiten la reflexión de sus condiciones de trabajo y cómo esas industrias dependen una de la otra.

“La barbarie estética”

Luego, como detalle, en el momento en que Bing y Abi llegan a hablar y conocerse mejor, se logra escuchar un acompañamiento musical digno del Hollywood de la época de oro; ese que nos indica que esos personajes van a tener una relación de carácter afectivo, como si con nuestros propios ojos o pensamiento no nos diéramos cuenta. Lo interesante es que es contrastante con la atmósfera depresiva y distópica, lo cual puede llegar a descolocarnos como espectadores. Aún no sé si interpretarlo como una irónica demostración de lo cliché que puede llegar a ser un producto televisivo  o si simplemente es parte del producto de la industria cultural que también es Black Mirror.

Por otro lado, y más en el contexto actual, me parece importante destacar que en este mundo si bien todo está uniformado y es bastante homogéneo, las únicas que son cosificadas para el entretenimiento masculino son las mujeres, y es por eso que Abi termina en el lugar que termina; hay un sistema machista dentro de esa sociedad (como en la nuestra) legitimando la expresión extrema de la (mala) razón instrumental: la cosificación del cuerpo, y específicamente el femenino, en donde las mujeres pasan de ser productoras a productos.

“La industria cultural excluye lo nuevo; utiliza las sorpresas, novedades (aquello que es archiconocido y a la vez no ha existido nunca)”

Podemos observar también como Bing interrumpe por un momento la totalidad y la repetición eterna de los contenidos de la industria del entretenimiento, en cuanto pide ser escuchado por el jurado del programa. Sin embargo, esta interrupción de la normalidad, emerge dentro de la misma industria lo cual implica que ese pequeño momento de negatividad (de negación de lo regular) no es nada más que una novedad, una pequeña sorpresa que aún no siendo esperada es luego absorbida por el mismo sistema (a través de la mediación de los jueces) a tal punto de convertirla en una regularidad como es el espectáculo que ofrece en la televisión más tarde.

“Lo que se resiste puede sobrevivir solo en la medida en que se integra”

La energía creada por ellos es la que mantiene la industria cultural, por lo tanto, todas las industrias del sistema de producción están conectados formando una totalidad de la cual los personajes no se percatan, quedándose con el particular que son los programas de entretenimiento que no les dejan ver esa relación; hablando mal y pronto, son “hipnotizados” por estos, y no les permiten la reflexión de sus condiciones de trabajo y cómo esas industrias dependen una de la otra.

El discurso ahora periódico de Bing debería incitar a pensar a los “bicicleteros” a romper con su condición de clase, pero al contrario, los sigue sumiendo en esa totalidad en la que ellos siguen trabajando para poder observar su espectáculo. Y de la misma manera que Bing les explicita la situación en la que están, Black Mirror nos muestra nuestra realidad, y sólo la miramos sin accionar, siendo todavía pasivos.

“Quien ante el poder de la monotonía aun duda, es un loco. La industria cultural es capaz de rechazar tanto las objeciones contra ella misma como las dirigidas contra el mundo que ella duplica inintencionadamente. Solo se tiene la alternativa de colaborar o quedar apartado.”

Espero haber demostrado a este punto, que nuestra sociedad también trabaja para poder sustentar los productos que se consumen en el tiempo de ocio. Que nos imponen la oferta y también crean nuestra  demanda, que no somos tan dueños de elegir con qué queremos pasar ese tiempo. Nos conformamos sencillamente con lo que nos ofrece, porque nos es difícil conocer otras realidades, en  las que se irrumpe ese círculo vicioso que representan los productos en masa. La industria de Hollywood sigue siendo el monopolio del entretenimiento a nivel global, y si no lo creen, hagan la prueba: vayan a algún cine comercial y fíjense cuántas películas nos dan ganas de ver y luego pregúntense de qué origen son la mayoría. Cuántos tanques Hollywoodenses, secuelas, precuelas, cantidades de productos unos iguales al otro, con esas pequeñas diferencias que por lo menos nos hacen tener la ilusión de que no estamos viendo la misma fórmula una y otra vez. Que enganchamos una película en la tele empezada por la mitad y aún así podemos descubrir que pasó antes y qué va a pasar después, porque ya sabemos qué estructura poseen. Y si nos descoloca algo, la industria encontrará la manera de absorberlo e implementarlo, y regularizarlo, así como ocurre con el discurso de Bing en la serie.

Lo que es curioso y paradójico, es que la industria cultural ha llegado tan lejos como para poder ofrecer un producto como es “Quince millones de méritos” en la cual se hace una crítica fuerte a la misma industria que la produjo. Poder reflexionar acerca de la totalidad que conforma esta industria junto con las otras de una sociedad a través de un mismísimo producto de la misma es cuanto menos sorprendente. De todas maneras, consumimos este episodio como los productores de energía y consumidores de entretenimiento consumen el discurso de Bing. Por lo tanto, deberíamos repensar hasta qué punto este episodio de Black Mirror representa una sociedad a la cual nunca quisiéramos llegar, o si ya somos esa sociedad tan inserta en esta totalidad que es imposible de salir.

Es un programa de televisión el que está exponiendo el problema de los programas de televisión. Este producto nos muestra explícitamente su modo de producción pero parecería que no podemos hacer nada por cambiarlo.

En resumen ¿Qué se puede hacer salvo ver Black Mirror?

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