Sinestesia

e8

Por Alejandra Mosquera
Arte por Mariana Cubillas

No sabía si era por haber sentido ese olor a pasto recién cortado, que me devolvía aquel recuerdo que tantas veces quise borrar, o si era porque justo pasó un auto -por donde yo hacía mi recorrido habitual, dos cuadras hasta la parada del bondi- que venía escuchando a todo volumen: vamos negrita bailá hasta el fin, vamos negrita hacelo por mí. Sí, seguro fue eso.

Porque las canciones (y los olores) son como anestesia que me transportan directamente a lugares y a momentos. Yo pensé que ese lugar - y ese momento - había dejado de existir.

En realidad, bien sé que se trata de uno de esos recuerdos que están como dormidos. Porque no puedo negar que cada vez que escucho el primer acorde de esa canción, sólo tardo un segundo en volver a sentir ese momento. Porque claro, como buena neurótica que soy, a la intensidad de mis pensamientos no le basta con sólo imaginarlo. Lo revivo. Mi cuerpo vuelve a sentir el insoportable frío de esa noche, mis pies se vuelven a congelar y no siento los dedos de mis manos. El viento frío roza mi cara, pero sus manos tibias abrazan mi cintura apretándome fuerte, como si no quisiera que me aleje nunca de él. Y escucho: vamos negrita bailá hasta el fin, vamos negrita hacelo por mí. Y es ahí, justo ahí, cuando vuelvo a sentir cerca su respiración, y sus labios que se arriman a los míos para darme un beso. Un beso de esos que se sienten en todo el cuerpo, que dicen más de lo que se puede decir con palabras. Un beso de esos que no se olvidan.

El estado hipnótico del recuerdo dura lo que dura la canción. Cuatro minutos y pico. Escucho el último acorde en mi cabeza y el recuerdo se esfuma. Sus manos me sueltan, dejándome ir. Mis manos transpiran, y el calor empieza a subir en mi cuerpo. Ese calor que sube poco a poco, que sabes que sentís cuando estas nervioso o, en su defecto, cuando te estás por ahogar en un mar de angustia y nostalgia. Porque la angustia y la nostalgia son como esas amigas que van juntas a todos lados. Casi siempre, cuando sentís una al toque se despierta la otra. Y ese sentimiento, tiene un NO SÉ QUÉ que encanta.

Yo no sé si es que quiero sentir (lo) una vez más, pero en el instante en que la canción termina, vuelvo a apretar play. Sus acordes vuelven a sonar, y sus manos tibias otra vez abrazan mi cintura llevándome de nuevo hacia él. Y yo lo vuelvo a besar (aunque sea en mis recuerdos).

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