Submarine: Tres aspectos de una obra sobre un adolescente particular

Por Melisa Olivera

¿Libro o película? ¿Película o libro? Responder a esta incógnita en el caso de Submarine es particularmente complicado. Es una obra en la que Oliver Tate, el protagonista, es víctima de su camino a la madurez, representado por sus peores miedos, y sus mejores vivencias.

En el libro es un personaje bastante peculiar, que a los 15 años es aficionado a buscar palabras raras en su diccionario y a cumplir ciertas metas que se propone en el día a día. Pero es atravesado por una serie de cambios importantes: conoce a la que sería su primera novia, Jordana Beaver, una chica con eccema y dejos de pirómana, y sus padres atraviesan una crisis que los llevaría casi al punto de divorcio.

Ante estas situaciones Oliver se ve abrumado e intenta darle una solución a todo, pero su exceso de planeamiento, su personalidad de “sabelotodo” y la inexperiencia lo llevan a hacer cosas totalmente burdas, como inmiscuirse en la casa del “supuesto” amante de su madre y cometer actos vandálicos, o no saber manejar un asunto delicado como la enfermedad de la madre de su novia, dejándola plantada en un momento decisivo en su vida.

Finalmente, sus padres terminan aceptando sus problemas de relación y se reconcilian, pero su relación con Jordana se quiebra con el desgaste del tiempo y los errores de parte de ambos.Él hace todo lo posible para recuperarla, pero se da cuenta de que es en vano. Todo lo que antes era simple y feliz se torna complicado y absurdo; Oliver es capaz de aceptar las consecuencias que tienen sus actos, y aprende que el proceso de crecer es un constante sufrimiento.

Sin embargo, en la película podemos encontrar el eje temático en una historia de amor entre dos personajes excéntricos; un Oliver que, como en el libro, también busca palabras en el diccionario, y es un tanto obsesivo compulsivo, y una Jordana un poco más cruel y menos sentimental que en el libro, con los mismos ligeros problemas con el fuego.

Las problemáticas que atraviesa Oliver son las mismas, pero el film está más enfocado en la relación entre él y su novia, y en segundo plano, la relación de sus padres. Además es muy cómica, pero quizás el libro sea mucho más dramático y con un humor bastante más explícito y ácido que el que tiene la película. Lo que nos ofrece esta última es la oportunidad de ver la misma historia que en el libro, con un giro inesperado en el final; un final abierto que la hace mucho más amena y menos melancólica que la obra original.

Un tercer aspecto de lo que es Submarine es el Soundtrack de la película, que merece mención especial, ya que está hecho por nada menos que Alex Turner, guitarrista y vocalista de la banda Arctic Monkeys. En un interín entre los discos Humbug y Suck It And See, Turner se hizo un tiempito para sacar la acústica y componer 5 pistas que acompañan esta historia con música y letras devastadoras, cada una de ellas encastrando con un momento crucial en la película y con planos realmente bellos, haciendo que el film sea una pieza de arte completa.

En este soundtrack, Alex se dio el gusto de volver a componer esas letras que relatan las vivencias y emociones de un adolescente, tal como hacía en sus primeros discos con su banda (sobre todo en Whatever People Say I am, That’s What I’m Not), con su particular léxico británico y sus metáforas un poco inusuales.

Retomando la cuestión inicial, es recomendable mirar la película y también leer el libro. Pero dependerá del estado de ánimo de cada ser que quiera decidirse por uno de ellos, porque elegir entre ambos es elegir entre una cómica historia de amor con un dejo dramático, o una angustiante historia de la transición a la adultez con un dejo cómico.

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