The Magic Whip: La magia de Blur

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Por Melisa Olivera

Blur es una banda que hace las cosas perfectamente bien. Salta un día y BOOM, nos dice que va a sacar un disco nuevo en Abril (lo tenía bien guardadito, qué picardía), que toca en Hyde Park en Junio, y que visitaría Latinoamérica en Octubre. ¿Cómo hacer para procesar todo junto? ni idea, pero lo preferimos así antes de tener que comernos la manijeada que producen otras bandas anunciando el disco 5 años antes. El disco que los lleva a la gira nuevamente por estos lares, se llama The Magic Whip y contiene 12 canciones que nos recuerdan nostálgicamente a los ’90, la época del furor del Britpop y con ello, el esplendor de la banda. Pero también nos trae nuevos sonidos, incorporados por el aprendizaje de cada uno de sus miembros en sus respectivos proyectos paralelos, a lo largo de 12 años en los que no grabaron ningún álbum bajo el nombre de Blur; sobre todo de Graham Coxon como solista y Damon Albarn también como tal, con Gorillaz y con la musicalización de varias obras teatrales.

The Magic Whip arranca con Lonesome Street, que tiene video oficial, y que nos recuerda a The Great Escape y toda la parafernalia noventera del Brit Pop con un dejo un tanto psicodélico pero siendo reconocible el sonido que caracteriza a la banda. Después nos encontramos con New World Towers, la primera balada, que desencadena un mecanismo de felicidad-depresión bastante común en los discos de Blur; sin embargo, este tema da paso a Go Out, el corte principal del disco, el “hit”, esa canción en la que el estribillo pegadizo y la distorsión de la guitarra son lo suficiente como para querer estrellarnos las cabezas unos contra otros en Octubre. Ice Cream Man es la canción en la que el disco empieza a bajar unos decibeles y la que da la razón de los helados en la escenografía de sus recitales actuales; sigue con I Though I Was A Spaceman, como el tema más experimental, si se quiere, del álbum. I Broadcast tiene sonidos extraños y un estribillo pegadizo, cortito y al pie, al cual le sigue My Terracota Heart, que está ligeramente (bastante) inspirada en la línea musical del proyecto solista de Damon Albarn, Everyday Robots. There Are Too Many Of Us, el siguiente track, también recuerda a la época de The Great Escape, pero específicamente a un lado B del single Charmless Man, The Horrors. La canción “linda” del disco es Ghost Ship, con arreglos de vientos, y una línea de bajo destacable.

Acercándonos al final de The Magic Whip, encontramos a la melancólica Pyongyang, una canción con una de esas melodías que te dejan con un nudo en la garganta y si te agarra un poco desprevenido se te puede llegar a escapar una lágrima. Pero como para levantar ánimos le sigue Ong Ong, con uno de esos coros a base de lalala’s que se te quedan pegados en la cabeza para siempre. Para terminar el disco está Mirrorball, una balada con un sonido de guitarra que remite un poco al Lejano Oeste; una despedida de esas que son difíciles pero necesarias.

El repaso de todos los temas nos indica un disco sólido, divertido, algo nostálgico y que da gusto escuchar después de tanto tiempo de poco material grabado en estudio. The Magic Whip está inspirado en la estadía de la banda en Hong Kong. De ahí es que podemos percibir ciertos toques orientales tanto en lo musical como en lo lírico, por los títulos de algunas canciones como Ong Ong y Pyongyang.

Es una grata sorpresa para los seguidores de Blur, es un disco que no está hecho ni por compromiso, ni con la sola intención de lucrar con él. Es el símbolo de la reunión de una banda que después de idas y vueltas, logró volver a las andadas, haciendo a través de este disco más fuerte el vínculo que los une como personas y como músicos. Volvieron a hacer lo mejor que supieron hacer durante toda su carrera como banda; esas canciones que producen cantidades de sentimientos encontrados, desde las melodías alegres a las depresivas, desde las letras irónicas a las historias de amor y amistad, todo lo que caracteriza la identidad de Blur como banda. Con un estilo único, que oscila entre el rock y el pop, y un toque de drama por la teatralidad que Damon Albarn aporta. Es un conjunto que pudo volver a sus raíces sin dejar de lado su porvenir. No queda más que esperar ansiosamente verlos de nuevo en el país, el 11 de Octubre en Tecnópolis, para la presentación de este disco que nadie veía venir, pero que sorprendió de la mejor manera; y también para aprovechar a ver una de las bandas más importantes de Inglaterra, una de las que mejor representa el rock y pop británico de los ’90, la embajadora del britpop: Blur.

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