Una desgracia que crece

Desgracia 2

La Desgracia nació en el ámbito estudiantil y, con mucho trabajo y talento atrás, se convirtió en un aspirante a clásico de la comedia musical argentina.

 Por: José Francisco Caballero

Dentro de la Fundación Julio Bocca, un proyecto se destacó al punto de salir del mundo académico para, apoyo de la Bienal de Arte Joven incluido, ir progresando en cada uno de sus componentes hasta llegar a lucirse en el ámbito teatral más profesional.

No se trata de una obra mainstream y no cuenta con un apoyo publicitario destacado, sin embargo evidentemente el boca a boca y las buenas críticas en los medios sirven para que actualmente La Desgracia, ese proyecto, convoque a un numeroso público que colma las gradas de El Galpón de Guevara, a pesar de presentarse únicamente los lunes a las 21 y en un lugar bastante a trasmano de los circuitos teatrales habituales de la ciudad de Buenos Aires (en el barrio de Chacarita, más precisamente en Guevara 326).

Podríamos alinearla en el estilo de otros musicales independientes divertidos e irreverentes, cuyo ejemplo más comparable sería La Parka. La base es una historia sólida (aunque a veces sature y confunda al querer abarcar demasiados temas) llevada adelante por un numeroso grupo de actores, cantantes y bailarines (todos hacen todo) de muy buen nivel con muy buenas canciones (tocadas por una banda en vivo) y coreografías vistosas y logradas.

Entre los intérpretes se destacan algunos nombres que poco a poco van ganando su merecido lugar en el género (especialmente el cuarteto protagónico: Andrea Lovera, Mariano Condoluci, Belén Ucar y Patricio Witis, todos ya experimentados con participaciones, por separado, en otros musicales como Forever Young, The Rocky Horror Show, Cita a Ciegas, El Violinista en el Tejado, Sweeney Todd, Bare...), pero todos se lucen y se brindan con entusiasmo.

Tal vez el único punto en contra sea justamente que a veces la pasión es tal que en algunos momentos corales se hace costoso entender exactamente las letras de las canciones. Pero no es nada grave, ya que la historia, la música y la puesta compensan cualquier punto débil. En síntesis: esta Desgracia no es ninguna desgracia.

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