VIAJES FANTÁSTICOS PARA LA HUMANIDAD TEENAGER

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Reseña a La Asombrosa Laguna del Cielo, de Fabio Martínez (Fondo Editorial de Salta, 2021: Premio Oscar Montenegro de Literatura Infantojuvenil).


Por Mario Flores
Ilustraciones por Micaela Müller

En una entrevista brindada a La Gaceta Salta (medio digital que en paz descanse), allá por el año 2014, Fabio Martínez ayudaba a ponerle título a la nota con una de sus respuestas: "Yo vuelvo a Tartagal a través de la literatura". Justamente, esa entrevista también se trataba sobre uno de sus libros premiados, Dioses del fuego, donde por primera vez echaba mano a elementos fantásticos. No sorprende, entonces, que cada nuevo proyecto de escritura de Fabio se mueva alrededor de ese universo que ha logrado construir a lo largo de una literatura minuciosamente planeada. Sin embargo, no sería del todo acertado decir que ese universo personal se trate de una zona de confort (escritores que escriben siempre de lo mismo, en el mismo contexto, con los mismos recursos y, cuándo no, precarizando a sus mismos personajes en sagas interminables).

 

El universo de Martínez es un universo mutante: el Tartagal del que escribe, el espacio visual, sonoro y cultural que escoge para narrar, va cambiando libro a libro y sufre ciertos cambios que encarnan, sobre todo, sus personajes. La Asombrosa Laguna del Cielo, con sus 72 páginas, es la última versión de ese universo y de los cambios que experimentan esos personajes. Por un lado, las narraciones atómicas y de corte social extremo que figuraban una “marca generacional”, están en los relatos realistas, nostálgicos y violentos de Despiértenme cuando sea de noche y la recontra necesaria Los pibes suicidas. Los cuentos del tercer libro, Dioses del fuego, funcionan como un quiebre entre dos etapas: la escenografía noventosa con olor a dólares quemados y el regreso a esa visual primigenia de la aventura teenager. Por el otro lado, El grupo antipop del norte argentino ya se animaba a reducir el impacto de las escenas para darle más fuerza a los personajes que, como héroes de una adolescencia más combustible que costumbrista, utilizaban al mismo Tartagal de fondo, pero iluminado de otra manera. Los registros de la juventud, las referencias musicales y hasta las peleas con cintos y puñales quedan en segundo plano. Esa energía es la que, más específicamente, termina vertebrando En el día de la primavera (publicado en 2020 por Kala Ediciones). Relatos de iniciación, que no por estar apuntados a un público juvenil dejan de ser perturbadores. En ese libro los registros son un poco más amplios: el Tartagal de Fabio Martínez no es el que cantan las zambas del Chaqueño Palavecino, sino uno mucho más oscuro y vibrante, al estilo de Hawkins de Stranger Things o “Das Bus” de Los Simpson (basado en gran parte en El señor de las moscas).

 

La Asombrosa Laguna del Cielo es una novela bastante breve, como los otros libros que Fabio Martínez viene publicando desde hace ya unos años. Breve, con elementos fantásticos y de alta resonancia juvenil. Tres cosas que por lo menos sus tres últimos libros tienen en común. Es decir, el corte y la factura de la novela no infantilizan ni subestiman a quien la lee (ningún libro está del todo “apuntado” a x público, como si se tratara de una restricción editorial comercial), pero es claro que el carácter de la historia se define por lo que proyecta de acuerdo a esa idea de juventud, a esa idea de adolescencia: fase, tan resplandeciente de tan terrible. Ya en los dos libros anteriores se presentaban grupos de personajes a lo cómic: la heroicidad se percibe no en las aventuras sino en la garra de sus personajes. En este caso, La Capitana y los desesperados del río son 4 chicxs que emprenden un recorrido salvaje, natural y mágico.

 

Lo salvaje. Como si ya se tratara de una herramienta divertida para dividir bloques de texto, la novela está compuesta por 17 capítulos breves. La diferencia es que aquí también se incluyen tres “notas del autor”. Por primera vez, Fabio Martínez hace de personaje lateral, derriba la cuarta pared y pone al lector enfrente de la evidencia (la historia). “No me importa si lo contás en primera, segunda o tercera -publicó en su cuenta de Facebook a mediados de abril, la recientemente fallecida Mariela Laudecina, amiga personal de Martínez, en una suerte de defensa de la autoficción-, quiero que me cuenten historias, nunca voy a saber qué es lo más o menos real o lo más o menos ficticio”. Fabio, en este libro, juega como nunca con esa estrategia: arranca contando el origen del libro, es decir, de la historia de la que se trata el libro que se titula La Asombrosa Laguna del Cielo. Se encuentra cara a cara con La Capitana y sus amigos, que le cuentan la historia y él promete que algún día va a hacer un libro sobre eso. “Prometí que lo iba a hacer pero que me tomaría mis licencias. Ellos se rieron y aceptaron el trato”, dice en la primera nota de autor. La Capitana y los suyos son cuatro púberes que andan en bicicleta a una velocidad terrible, solamente comparable con la ansiedad con la cual descubren los primeros besos y las primeras caricias. Pero también empiezan a descubrir el lado filoso del mundo y el peso de la realidad, sobre todo bajo la sombra de sus padres. Y es que en todo relato de iniciación algo debe efectuar un quiebre: una conciencia que explota y deja todo en evidencia, la posibilidad de una ¿anagnórisis?. La Capitana y sus amigos, en una de sus excursiones, ayudan a dos bikers que sufrieron un accidente en La Laguna del Cielo. Uno de los ciclistas es llevado en helicóptero y ellos ahora son parte del misterio: no se accidentaron así como así, “algo” les pasó en ese extraño y desconocido lugar río arriba. El misterio mantiene la tensión y de a poco se convierte en un cuento de terror: lo humano contra lo salvaje. La Capitana y los suyos se internan en la yunga del noroeste para alcanzar ese territorio vedado: en medio del peligro y las criaturas salvajes, ellos son cuatro bicis que levantan el polvo a los gritos. “De sus gargantas surgió un grito de guerra. Cruzaron miradas y sonrieron. Arriba, el cielo estaba despejado y el sol comenzaba a calentar con mayor intensidad y ellos, allí abajo, se sintieron superhéroes”.

 

Lo natural. En la segunda edición de Despiértenme cuando sea de noche (publicada por Editorial Nudista), hay un cuento bonus track que se titula “El río”. En ese cuento, Fabio Martínez menciona por primera vez la Laguna del Cielo, las criaturas del monte profundo rescatadas de las leyendas indígenas de la zona y el paisaje bucólico propio del chaco salteño. El Tartagal de ese cuento ya contrastaba con el Tartagal de los cuentos originales de ese libro, asediado con saqueos, madrugadas incendiadas y la visión aciaga del futuro. En La Asombrosa Laguna del Cielo, ese Tartagal está narrado de forma lineal: es ese el espacio donde la aventura puede tomar forma de viaje, de recorrido místico, de crecimiento. La Capitana y los amigos llegan a la laguna misteriosa y aquí se entrecruzan esos dos mundos: el mundo adolescente cuya energía no carece de inocencia pero tampoco de coraje (los personajes se dicen “¿y tu sentido de la aventura?” cada vez que emprenden una locura juntos) y el mundo místico y originario, el ancestral que matiza lo montaraz con lo fantástico regional. Aquí se retoman las leyendas del Ucumar y los pájaros del monte. En este caso, sí se trata de algo nuevo (lo que suena contradictorio), ya que Fabio nunca había incluido de manera literal una referencia a la cultura de los pueblos originarios del NOA (recurso gastado hasta el hartazgo en la literatura salteña: aunque nunca de este modo, ficcional, sino siempre desde lo historiográfico o antropológico). De hecho, en la página de agradecimientos, lo deja consignado: “A las comunidades originarias por su sabiduría y oralidad; por mucho tiempo no supe apreciarlos ni comprenderlos; ojalá el Dios Wichí sepa perdonarme y entenderme”. Cuando La Capitana y los amigos se encuentran con la Asombrosa Laguna del Cielo, un paréntesis mental gigante se abre en el relato: experimentan un cambio, ese quiebre que representa una herida sustancial, una mirada más profunda. Lo fantástico no es solamente incluir algún mito de los indios para darle color local a la historia: aquí verdaderamente las criaturas del monte, los animales mágicos y la naturaleza voraz se hacen presentes físicamente y los protagonistas se aventuran en una experiencia más lisérgica que cinematográfica. La Capitana y sus amigos se hunden en el agua cristalina de la laguna y ven animales sorprendentes, bestias originales: cuando salen, ya no son los mismos.

 

Lo mágico. Este es, sin duda alguna, el libro más improlijo de Fabio Martínez. La Asombrosa Laguna del Cielo falla (casi) en cada página con problemas de puntuación y diseño (saltos de página, interlineado y otras correcciones). El papel ilustración sirve a favor de las ilustraciones de Micaela Müller: los dibujos son paisajes simples pero coloridamente hermosos, ayudando a dividir los capítulos: maleza, árboles, bicicletas, tortugas, aves autóctonas. En esta otra faceta que Fabio Martínez presenta, el tiempo y el espacio parecen llevarse bien: no hay cómo rechazar tanta magia. Si bien en los primeros libros el aura de oscuridad y violencia parecía ordenar los hechos, ahora no hay menos acción: está planteada desde otro ángulo. Es lo que hace un buen camarógrafo: buscar nuevos modos de capturar los rostros y los paisajes, volviendo a través de la literatura a esos mismos espacios donde uno habitó algo igual de tremendo, igual de íntimo, igual de crucial.