Viendo como el fuego se alimenta

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Por Federico Durán

Un nuevo disco de estudio de Benigno Lunar ha sido editado, siendo éste el cuarto álbum de la banda en su poco más de década de existencia. De este modo, tras Benigno Lunar (2007), Astronauta (2009), y La religión de los árboles (2012), el grupo retorna al estudio para mostrarnos su bello cancionero en Viendo cómo el fuego se alimenta. Un disco que evidencia la madurez de Benigno.

Además, esta banda cordobesa integrada por Nicolás Rizzo en voz y guitarra, Guillermo Ochoa en guitarra, Robertino Metral en bajo, y Emanuel Bastos en batería, entró a grabar su placa junto a una interesante lista de invitados. A saber: Renata Bonamici en arreglos de cuerdas y cello, Cecilia Giménez en violín, Marta Rodríguez en trombones, y Andrés Asia en guitarras. Cada uno de ellos, sin lugar a dudas, le supo agregar matices a las diferentes canciones del grupo. Por su parte, la producción estuvo a cargo de Rodrigo Bacchini, Rodrigo Lanfri, y los propios Benigno Lunar.
"Los ojos llenos de sangre" es la que abre el LP, marcando el crepitar del fuego y la temática invernal (ya desde la tapa del álbum) que se avecina. Guitarra oscurita, voz tenebrosa y melodramática que produce escalofríos por su letra identificada con el terror. Indie dark.
Le sigue "Tormenta eléctrica". Musicalidad llena de vida, la performance se torna tan amable que se vuelven queribles. Pulso rítmico rodeado de optimismo y prolijidad.
Después, "Harry y Sally". Prosigue con las melodías armoniosas, más bien amenas. Casi como protegiendo la canción, y respetando y cuidando con dedicación cada espacio sonoro. Te llevan hacia un lugar infinito que remite al sur argentino.
Más luego, es el turno de "La posta". Melosidad sin llegar a ser Jorge Drexler. Piano desgarrador, viola que enarbola una balada de aquellas. Las secuencias inspiran a servirse un whisky, y acto seguido, sentarse al lado del hogar a leña para elevarse al compás del tema.
A continuación, "Un invierno crudo". Narra lo íntimo y cotidiano, con la imagen inconfundible de un oso perezoso que se resiste al comienzo de la fastidiosa rutina. Siempre con la suavidad que caracteriza al registro vocal de Nicolás Rizzo, y la precisión instrumental del combo.
Promediando el disco, "Por una montaña" y “Para toda la vida”. La primera, acaricia la dulce sutileza impregnada por una lírica naturalista. Amor y paz.
La segunda, es una para agitarla y poguear. Suena a himno, a romper con la delicadeza inicial, al noise juvenil de Él Mató.
Comenzando el segmento final, "Las fuerzas". Un instrumental que ingresa en un diluvio problemático, empantanado, con reminiscencias lejanas a Pixies. Casi como enfrentar lo que te derrumba, para luego salir a flote y que el mundo te vea fuerte.
"Donnie Darko" es la antepenúltima, basada en la película del mismo nombre. Registro disímil, furia contenida que eyecta sus propios demonios hacia la luz. Giro de 180º con respecto a todo lo anterior.
En el próximo track, "El fuego va por dentro", retorna la serenidad a fuerza de resaca tras percibir a un narrador convertido en otra persona o estado emocional.
Y para el cierre, "Santa". Irrumpe la psicodelia, como si la inocencia se desinstalara dentro del espíritu pacífico de la banda. Gritos, desbande, rocanrol. De lo simple a lo estrambótico. Voces de niños, violines, lúgubre historia contada de manera sádica y apta para todo público.
El nuevo LP de Benigno Lunar, en conclusión, resulta tan abrigador como un leño encendido en invierno. Desde la fotografía que ilustra la tapa del mismo, hasta el tono intimista y afable que predomina en la mayoría de las canciones, Viendo cómo el fuego se alimenta reúne los mejores condimentos para ser un peldaño más que importante en la trayectoria de la banda. 

 

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