Villains: de cómo construirse como los antihéroes del rock

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Por Melisa Olivera

Este presente artículo, reseña, intento de crítica, resumen, punto de vista o como lo quieran llamar, se demoró no sólo por cuestiones de responsabilidades, sino porque Villains, el más reciente disco de Queens of the Stone Age, fue un trabajo fácil de digerir en la escucha pero difícil de asimilar. O por lo menos, esta fue mi experiencia con el álbum. Con Mark Ronson tomando las riendas en la producción (sí, el mismo que laburó con Bruno Mars y bastantes estrellas del pop), Josh Homme y compañía han logrado crear 9 tracks extremadamente “bailables”, sin perder la esencia de las guitarras que tanto caracteriza a la banda. La calidad de las canciones a nivel sonido, y a nivel composición, me dejaron pasmada. Quizás estoy pecando en este sentido de no ser imparcial (en realidad nunca lo soy), y es por eso que estoy escribiendo en primera persona.

Villains se escucha como un disco de rock, pero lo suficientemente pop, como para sacudir un poco la cabeza y mover los pies a la vez. Y como suele pasar, es totalmente distinto al resto de sus álbumes; Homme ya superó su época de melancolía después de, prácticamente, haber vuelto de la muerte, para pasar a un estilo mucho más relajado y alegre, pasando por momentos de rockandroll al palo y ganas de mover el cuerpo. A la vez, el disco funciona a modo de recopilador de varias influencias de la música, que a la manera de Tarantino en sus películas, recoge, elabora y reformula ciertas texturas, instrumentaciones y formas de varias épocas y momentos: para empezar por lo más evidente, desde el video (y el sonido rock and roll de la canción) de The way you used to do en el que el cantante y guitarrista juega a ser el “Elvis colorado”, hasta las cuerdas y vientos que recuerdan a David Bowie (“Un-reborn again”), sintetizadores que remiten a la época de los ’80 en lo que respecta al pop (Feet don’t fail me),  el punk rock californiano a la Dead Kennedys (Head like a haunted house), y riffs de guitarras a lo Led Zeppelin (The evil has landed). Todo esto queda plasmado bajo el sello guitarrero propio de Qotsa (como en Domesticated Animals, una canción netamente “qotsiana”), las líneas de bajo profundas y poderosas, las baterías en constante acción, la voz dulce pero potente de  Homme, los sintetizadores bien electrónicos, aportando el toque necesario para crear de todas las influencias, explícitas e implícitas, un producto original y pegadizo, que se hace adictivo a la escucha. A pesar de ser un álbum en líneas generales movido y “feliz”, con letras irónicas como acostumbra la banda, las incertidumbres de la vida, el amor y el miedo, vuelven a aparecer (quizás no con la frecuencia con la que aparecen en …Like Clockwork) en temas como Fortress, Hideaway o Villains of circumstance, que me funcionan a modo de punto reflexivo en cuanto a esas temáticas, en que la fragilidad que nos carcome como seres humanos me apela personalmente (y seguramente a unos cuantos más). Lo que más me atrae de Qotsa es que, musicalmente y poéticamente, se fortalece y se crea una identidad en sus momentos más rockeros, pero deja ver sus inquietudes y sus vulnerabilidades de la manera más preciosa y melancólica posible. Y se logra una dicotomía constante en sus discos que hace que no te aburras jamás.

Decidí este modo de contar las cosas porque  con Qotsa no me puedo permitir la imparcialidad. Me identifico con el modo de ser de la banda, con como articula sus pensamientos, con su forma de demostrar. Con ser una banda fuerte que puede mostrar también sus momentos débiles. Cuando creemos que el rock se trata de ver quién es el que más hace quilombo, el que tiene más guitarra al palo, el que hace sonar los platillos con toda la intensidad, Qotsa nos hace entender que el rock va más allá de eso. Nos demuestra que se puede tener la potencia de todos los instrumentos, pero que también hace falta un lado más sensible para poder entender el mundo a nivel global. Es por eso que el título de Villains encaja tan bien con el disco; porque la banda con éste demuestra que no tiene nada que ver con la idea del rock que se maneja en el ámbito más “conservador” del género, que se reinventa como sucede en este álbum, y que no dejan de romperla aunque contraten a un productor que suela trabajar en el pop (y que por cierto, hizo un trabajo impecable). Que no tiene miedo de seguir experimentando con su sonido, y es por eso que se constituyen como antihéroes: rompen con lo establecido, sin transformar su identidad. O por lo menos, así lo veo yo.

 

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