Y sí

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Me duele la garganta y no puedo tragar, me duele mucho. Me duele mirarte en línea y luchar contra mí para no arruinar una situación. Me duele.

Me duele querer saber y no poder encarar este estado de alucinación heterogénea.
¿Volveremos a sentirnos? ¿Me dejará de doler? Odio calcular un resultado erróneo. Si es correcto, duele aún más.

Me cuesta pararme, me cuesta engendrar una suposición malhumorada de mi, aunque nadie lo crea, aunque nadie me crea capaz. Trato de formar una pelota con todos mis intestinos que exprese tanto odio, que pueda ser arrojada por un túnel hasta lo más profundo de tu cabeza, y que te mate. Que todo mi odio perfore tu cabecita idiota y que pidas piedad. Que me llores de rodillas. Me duele tanto.

Inspecciono el lugar, y en ecos me llegan burdas expresiones de ignorancia. Cierro los ojos y trato de hundirme en mí, en mi silencio, en mi Oz. Al no poder encontrarme con mi Dorothy lloro a escondidas en un rincón, ya que, suponiendo el futuro, seguiré escuchando los burdos ecos ignorantes en mi oreja y me molesta.

Algún Dios presente tendrá la hábil sutileza de llevarme algún día. Se le dice Dios porque el ser humano es pobre y siempre tiene que tener algo por encima  de sí mismo. Siempre.
 
Salgamos los dos juntos de la mano a recorrer la nueve de julio a las 2 de la mañana y tratá de observar la imagen de Evita en el edificio. Miope.

Andate, no te quiero ver más, dejame tranquilo. ¿Tranquilo? ¿Por cuantos segundos? La tranquilidad en este barrio no existe, en este suburbio de personas que tarde o temprano te consumen y no dejan nada de vos. Sin consecuencia piensan. Lastiman. Te absorben con un poder significativo y te descomponen en partículas homogéneas el corazón.

Afuera tampoco es tan distinto. Miles y miles de almas negras llamadas relaciones, afectos y amistades depositan en vos su fe, que no tienen idea de que uno se caga en ello sin siquiera darse cuenta. Viceversa también. Me duele.
 
Si no encuentro lugar ni en el barrio subalterno ni en plena calle corrientes cuando las luces de los colectivos golpean mi frente y la cultura popular Argentina se expresa en todo sentido, creo que no me queda otra que volver a mí, acostarme, cerrar los ojos y volver a Oz. O por lo menos intentarlo, para 20 minutos después abrir los ojos y empezar de nuevo.

Por Dalmiro Torres Carabajal
Arte por Nagolez

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