¿Y VOS QUÉ VAS A HACER CON TODAS ESAS FOTOS VIEJAS?

larapostal

En medio del Año de la Rata, la alienación social y las estadísticas de contagio, Lara Flores Catino (Mar del Plata, 1996) logró dejar constancia de uno de los procesos creativos y de diseño más interesantes del año pasado. Entre todas las infinitas bitácoras personales de cuarentena y los streams autorreferenciales, decidió dirigir la escritura y todas las diversificaciones estéticas alternas a un conjunto de visuales fotográficas intervenidas que parecían establecer una épica personal.

Lara Flores es escritora, artista visual, editora, performer, ¿escultora?… Cuando es complicado etiquetar un proyecto o proceso creativo solamente bajo una disciplina o dos, es claro que lo que allí se cuenta (se lee, se ve, se oye o se queda en Guardado para verlo otra vez más tarde) desafía las limitaciones del soporte a la vez que marca una lectura más ardua que se potencia con cada formato: del fanzine publicado en papel a lo digital, de lo digital a lo plástico, de lo plástico a Instagram, de Instagram otra vez al texto que más tarde será libro. Además, forma parte del sello Fortuna Ediciones, a través del cual no solamente se editaron antologías digitales y contenidos audiovisuales, sino que también es la editorial en la cual su proyecto actual, Cuánto tarda un cuerpo en caerse, está alojado.

La reutilización de archivos análogos e impresos para la creación de nuevos contenidos, casi como una suerte de construcción de narrativa transmedia, configuró una colección de visuales donde la pieza original (la foto revelada, sacada de algún recóndito sitio memorial) hace al poema, donde los poemas tejen la ficción de la imagen, como escenas congeladas de un universo que vuelve a contarse. Son fotos en papel: reveladas durante el auge y decadencia del menemismo, donde la infancia se revela como una secuencia de estas visuales, un encadenamiento biográfico pero también paranormal: Lara pinta los rostros de las fotos por encima de tal modo que parezcan fantasmas, agujeros blancos.

En la cuenta de Instagram donde publica los diversos contenidos producidos y los momentos de su proceso creativo (@azuleja_), la presentación dice: exploración / intervención de archivos sensibles / fantasías únicas y artesanales. Resume a la perfección la clase de laboratorio que está llevando adelante: texto, fotografía, intervención, plástica y pintura, edición, encuadernación, social media, estampados en remeras, instalaciones al aire libre, deconstrucción de materiales. Todo ese intercambio de soportes, hace que la dinámica de lectura no sea una experiencia lineal: constantemente se suman nuevos elementos que comparten el universo de lo ya publicado (lo ya editado en modo fanzine) y lo redefinen, lo aumentan. En una era donde apabullan los discursos sobre distopías naif que ya no paranoiquean a nadie, Flores Catino elige revisar -cual conductora que se sumerge en el espejo retrovisor- un pasado lodoso y extraño del cual extrae materiales de construcción más fuertes y durables.


Por Mario Flores

¿Cómo surgió esta búsqueda de edición que integra elementos visuales y texto?

Desde muy chica me gustó pintar y la literatura. Soy estudiante de Letras pero siempre estuve ahí, a punto de iniciar otra carrera: en mi ciudad está la Escuela de Artes Visuales Martín Malharro, pero no me convencía ser profe de arte. Siempre pensé que mis gustos estéticos eran similares en la literatura y en el arte visual, en la plástica y en el cine, etcétera. Siempre me gustó el tipo de arte que podía llegar a inquietarme o que no entendía muy bien. De muy chica, mi viejo solía leerme aforismos de Prévert, y yo no entendía nada pero me parecía completamente mágico: hay una especie de magia que se despierta cuando alguien te lee algo que le gusta mucho. En ese sentido, siempre pensé en literatura e imagen: pero no es que fuera una búsqueda para este proyecto en particular. Yo venía escribiendo hace dos años, más o menos, después de una cuestión familiar que, para mí, significó un quiebre. Y se dio a principio de año (2020) un viaje que hice a Tucumán, donde me rodeé de gente que escribía mucho, que no tenía miedo en escribir, en el sentido de activar la palabra: me animó a escribir un poco más. También, viajar es siempre como ver las cosas por primera vez. Allí pasé una situación bajón, una situación de abuso en Amaicha del Valle: estando en estado de shock pude zafar de ahí. Nunca había pasado nada así, fue traumático: estaba sola, fuera de mi casa, sin saber qué hacer. Vuelvo a Mar del Plata y, pandemia de por medio, surgió la necesidad zarpada de escribir. En un momento, revisando las fotos familiares, le pregunté a mi viejo si me prestaba cuatro o cinco. Empecé a pintarlas por encima y me di cuenta de que algo había de unión en esa especie de espectros que aparecen en escenas familiares, escolares, religiosas, en relación a lo que venía escribiendo a partir de algunas situaciones no muy felices. Tal vez ahora no estoy tan fresca como para verlo desde afuera, pero seguro de acá a muchos años me dé cuenta de que todo estaba queriendo decir lo mismo: sobre todo hubo un gran dolor por el avasallamiento del cuerpo, la posibilidad de tomar conciencia sobre el papel o rol tan desfavorecido que tenemos las pibas, les pibes, que muchas veces pueden hacernos lo que quieran. Son cosas que te pasan por el cuerpo más que comprenderlas: todo eso hizo que el fanzine saliera a la luz. Pero no fue algo premeditado, sino siempre intuitivo, como lo es mi acercamiento a la escritura y a la pintura o al tipo de arte que sea lo que hago, que no sé bien qué es: me sale así.

¿Cómo se da la selección, curaduría e intervención de las fotografías de tu banco de imágenes personal?

La selección se dio primero con una caja de fotos que hay en casa de mi viejo: mirando cuál me gustaba, cuál estaba repetida o qué foto mis viejes no querrían, porque al principio también tenía ese resquemor de “¿estoy arruinando esto o lo estoy mejorando?”. Empezar a hacer algunas pruebas de pintura sobre las fotos requirió mirar todas las fotos que había, mirarlas con mi familia, con mis hermanos, y al mismo tiempo reactivó una cuestión de la memoria y la anécdota que me pareció zarpada: me di cuenta de que estaba removiendo o empezando a revolver algo importante de lo que no nos dábamos cuenta hasta que eso se perdía o se transformaba, como en el caso de las intervenciones sobre las analógicas. Obviamente es un proyecto limitado porque no voy a tener fotos para siempre y porque tampoco quiero intervenir todas lo que tienen mis viejes: habré intervenido 30 fotos, y ahora estoy pensando formas de cómo continuar esta intervención de archivo.

Tanto en el perfil de Instagram como en la edición limitada del fanzine en papel, el diseño plantea una épica personal, como una mini biopic ¿cuál es la historia que queres contar a través de esa reutilización visual y reciclaje?

Sí, se plantea una épica personal y está la cuestión biográfica a pleno. Pero al mismo tiempo hay una fachada. Mucha gente que ha leído el fanzine me preguntó “¿a vos te pasó algo feo, hubo alguna relación de abuso, qué pasa en el primer poema?”. Ese texto comienza diciendo La habitación de mis cinco años / es rosa y tiene estrellas / en la habitación de mis cinco años / solo hay dos camas / y un miembro erecto. La verdad es que yo tuve una infancia muy feliz y cero violenta; pero lo que me pasa en el viaje y algunas cosas más de grande, hacen que vuelva la mirada hacia atrás de una forma más desconfiada o menos ingenua, menos fantasiosa, si se quiere. Y también me gusta generar alguna especie de inquietud o problema, un pensamiento en torno a lo autobiográfico. No sé si tengo una historia que quiero contar en la reutilización del material: sí hubo como momentos de dolor, de revisar estructuras y dinámicas familiares, de toma de conciencia de la vulnerabilidad del propio cuerpo. Todo eso implica volver atrás, a una escena, a un diálogo, a una secuencia. Ese volver, para mí, es siempre volver a la infancia (donde se gestan todas esas dinámicas), y tal vez ese volver puede verse claramente en la reutilización del archivo: es un volver que se la juega, no tiene miedo de encontrarse con lo peor o arriesgar algo (como las fotos, por ejemplo) ya que no es perder, sino mostrarla como las veo ahora.

 ¿Cómo es ser parte de un proyecto editorial (en este caso, Fortuna) y luego encarar la edición de un volumen propio? ¿Cambian los códigos y mecanismos a la hora de corregir, trabajar en grupo, publicar?

Yo tenía ganas, en un momento, de mandar a imprimir unas postales con estas imágenes que yo iba subiendo a mi Instagram (@azuleja_) y que atrás tuvieran un fragmentito de poema. Mientras yo pienso todo esto, Lali Solari, mi compañera editorial, me escribe diciéndome que tenía un proyecto editorial en mente, que le gustaba lo que yo subía y que tenía ganas de editarme. En ese trayecto nos dimos cuenta de que teníamos un montón de cosas en común que se potenciaban, y a partir de ahí se me propuso sumarme a la editorial directamente. A partir de ahí empezamos a cranear todo lo que fue la colección En Conserva, los proyectos y la fundamentación que, aunque tal vez no se vea desde afuera, hay un gran trabajo teórico y de búsqueda de referencias. Entonces, no soy ‘la editora que se autoedita’ sino la poeta/artista que iba a ser editada y después me quedé. Una vez que ya estuve en la editorial, el proyecto fue cambiando a pensar un fanzine: nosotras queríamos publicar un poemario (mi poemario) e incorporar algunas postales. Pero en medio de la pandemia y recién nuevas como editorial, no teníamos el tiempo ni el dinero para encarar esa publicación, y decidimos hacer algo chiquito, como diciendo “¿por qué nos detiene el no tener dinero para hacer una tirada de 100 o 200 ejemplares? Hagamos con lo que tengamos a mano algo para mostrar de todo esto que venimos trabajando en silencio hace tanto tiempo”. Así que elegí unas fotos, las intervine de tal manera que quedaran como las demás (la primera serie de 30 fotos), las doblé a la mitad y quedaron tres poemas impresos en el interior. Digamos que fue más una necesidad de sacar algo de todo eso (de hecho, el poemario todavía no ha salido). Ser parte de Fortuna es genial, con Lali nos llevamos muy bien y coincidimos mucho: es una relación súper horizontal. Sí nos pasa que tenemos muchos proyectos en mente que nos cuesta concretar, pero es un trabajo hermoso que nos dio mucha fuerza a inicios del año.

¿Qué herramientas técnicas o recursos utilizaste para pasar de la escritura a la edición, de la edición a las artes visuales y de las visuales a escritura otra vez?

No creo que haya herramientas que elija para pasar de lo visual a la escritura o al revés, o por lo menos no son conscientes. Pero sí hay un mismo pensamiento casi obsesivo y recurrente en torno a eso: a la memoria, a lo familiar y lo vincular, la relación entre literatura y lo ritual religioso, la infancia. Como esa cosa que tiene la infancia que ve todo por primera vez, de aprender, de no juzgar lo que parece raro o incomprensible. Siendo niña no estaba todo el tiempo buscando un significado, y eso fue súper gozoso: y creo me acompaña, es parte de lo que soy y de cómo encaro las cosas en las que creo, lo que pienso y lo que hago. Sí creo que, muchas veces, mi motor para escribir es pensar en imágenes que me gusten por su potencia más que contar historias: soy de pensar la escritura en su dimensión de efecto a partir de las imágenes. Digamos que esas imágenes, que son disparadores por su potencia, en general el momento de la escritura parte de ahí y derivan en sensaciones cercanas al miedo, la incógnita, la incerteza, algo que sucede pero no se está diciendo del todo; y me sale la escritura así, tampoco es del todo consciente. Me sale como sale y después voy reescribiendo, pero el primer impulso es pensar en imágenes.

 ¿En qué consiste pensar el fanzine como muestra de un poemario futuro? ¿Cuál es la diferencia más allá de la extensión en páginas?

El fanzine, como muestra de lo que vendrá, fue un poco lo que decía antes: la necesidad de sacar algo para mostrar lo que estábamos trabajando, las ganas de hacerlo y el impedimento económico. Al mismo tiempo, es la reivindicación de la autopublicación o la publicación como se pueda, con los materiales que hay a mano. En mi caso hubo a mano fotos, y vino perfecto para lo que quería contar, y me parecía que estaba buenísimo pensar un proyecto con una base, una idea motor, y que esa idea generadora de procesos creativos pudiera ramificarse a donde sea. Es decir que si tengo la cuestión de la infancia, la intervención de archivo, la memoria, lo anecdótico, eso puede estar en un texto, en una pintura, o en la forma en que el fanzine se genera. Es una foto de verdad, una foto mía única e irrepetible que la gente compró el fanzine la tiene en su casa: la idea de que alguien que no conozco tenga en su repisa una foto mía, personal, un pedacito de mi biografía, de nuestra historia, algo tan íntimo y darlo así, me parecía un gesto que da mucha energía. Una energía linda. Me parece que va más allá de que un poema te guste o no, sino que está planteando una cuestión más performática, si se quiere, porque ahí hay un cuerpo que tomó la foto, que la vio mil veces, la reveló, etcétera. Creo que eso es lo más poderoso del proyecto.

 ¿Te dijeron algo tus familiares con respecto a usar esos registros?

Una cosa que me pasó es que amigues o seguidores de Instagram, cuando veían el producto final, preguntaban cómo lo hice, si se lo había pedido a mis papás, si eran fotos originales. Se generó mucho revuelo e inquietud con respecto a eso: si eran fotos originales o copias, o si había resguardado los negativos. Eso me encantó porque me dije “algo está incomodando de este producto más allá de lo que se genera”. En un principio, agarré cinco fotos, mi viejo me dijo que de una, que no había ningún problema. Ellos, en general, siempre fueron muy segunderos de nuestros proyectos (mi hermana estudia cine y mi hermano dirección orquestal). Sí fue como un sacudón el decir “uy ¿te las presto o no?” ¿viste? Al final fue saliendo bien y ahora pienso en más formas de intervenir archivo que no implique tomar lo analógico porque, de hecho, no es mío. En realidad no hubo tanto tire y afloje porque desde el primer momento me dieron las fotos y cuando veían el producto les re gustaba.

 Tu poesía es muy visceral y comparte una mirada sobre el mundo insurrecta y sincera ¿cuáles son los aspectos de la realidad que consideras importante dejar asentados?

No sé si hay aspectos que necesito dejar asentadas. Sí me parece que tengo ganas de activar proyectos que sean interdisciplinarios, activar literatura que esté basada en alguna idea o pensamiento sincero y real. Digamos, no escribo sobre la infancia porque me pintó elegir ese tema para escribir o hacer una serie, sino que en ese momento realmente estaba pensando en eso y en la potencia del archivo familiar, en todo lo que significa constituir nuestra identidad y la identidad de la gente que nos rodea. Fueron reflexiones muy genuinas. Me parece que el proyecto general de escritura e intervención y lo que pude pensar sobre estos temas es como una invitación a que les demás piensen en su propia experiencia, que nos animemos a pensar proyectos artísticos más integrales. Sí lo sentí como algo sincero, por eso también me animé a mostrarlo y tuve confianza en eso. No tuve una expectativa pero sí me sentí orgullosa de haber destrabado un momento de no querer escribir y hacerlo así: como a mí me gustaría ver o leer. La idea era presentar el libro, que todavía no está listo, junto con una muestra, una instalación y contenidos audiovisuales. Todo eso se está por ver, es decir, es un proyecto grande que está tratando de mostrarse en toda su complejidad y que espero que pueda provocar algo. Más allá de gustar o no gustar, que pueda provocar algo corporal.

 

Para descargar GRATIS el contenido de Fortuna Ediciones y la versión digital del fanzine Cuánto tarda un cuerpo en caerse, aquí.

 

PREGUNTAS PORQUE SÍ
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¿Qué es lo que más te gusta fotografiar?

A mi abuela.

 

¿Un libro o autor súper consagrado que consideres necesario repensar?

Neruda.

 

¿Lo que menos te gusta de tu ciudad?

El desempleo.

 

Si hacen un documental sobre vos ¿quién lo dirigiría?

Mi hermana Cami.

 

¿Qué es lo más fácil de extrañar?

La infancia.